Si hace 20 años acudías a una feria agrícola, lo habitual era encontrar la misma oferta de siempre, la última generación de tractores, cosechadoras y arados. Hoy estas ferias se parecen cada vez más a eventos tecnológicos, con desarrolladores de software y hardware de última generación que exhiben soluciones basadas en inteligencia artificial para llevar el control de existencias o vigilar la salud del ganado. Y drones, muchos, muchísimos drones.
Japón y China son los principales fabricantes de equipos de drones agrícolas, pero incluso las empresas europeas tienen una cuota de mercado significativa. Esto puede sorprender, si se tiene en cuenta que Europa sigue aplicando a los drones un enfoque de "no, pero quizá" en lugar de uno de "sí, y además".
El uso de drones en la UE está regulado por la Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (EASA), y la mayoría de los casos de uso se encuadran en las categorías de normas "abierta" o "específica". Un ejemplo de categoría "abierta" sería utilizar un dron para rodar una escena de película en el campo. Sin embargo, como el uso de drones en la agricultura puede implicar la pulverización de pesticidas, no solo pasa a ser un caso de uso "específico" fuertemente regulado, sino que además queda sujeto a la Directiva 2009/128/CE, que establece un marco de actuación comunitaria para lograr un uso sostenible de los pesticidas y que, en este punto, lo prohíbe.
En la práctica, esto significa que obtener permiso para aplicar productos fitosanitarios con drones es un proceso tedioso, además de ser diferente en cada Estado miembro. Se exige a los operadores contar con autorizaciones y licencias específicas, pero incluso cuando las tienen, la mayoría de los pesticidas necesarios no están autorizados para su uso aéreo en Europa.
El sistema estadounidense permite el uso de drones con las certificaciones federales y estatales correspondientes, mientras que Europa lo prohíbe por defecto y solo lo autoriza cuando "no existen alternativas viables". En la práctica, esto significa que solo aquellos agricultores que afrontan serias dificultades -como viñedos muy escarpados- pueden obtener una exención.
Esta presunta dejación y falta de innovación no es solo una crítica de observadores externos. En la controvertida Directiva sobre el uso sostenible de los pesticidas, presentada durante el último mandato de la Comisión Europea, ésta había incluido una profunda revisión de la normativa sobre el uso de drones en la agricultura.
Sin embargo, como esta propuesta legislativa fue rechazada por el Parlamento Europeo y posteriormente retirada por la Comisión Europea ante la fuerte oposición política y de los propios agricultores, nunca llegó a ver la luz. En una carta impulsada por Portugal y respaldada por otros 14 Estados miembros a finales de 2024 se puede leer lo siguiente:
"Dado el avance tecnológico de los últimos años en el ámbito de las herramientas de agricultura de precisión, es importante reconocer el papel que deben desempeñar los drones, lo que permitirá combinar la monitorización, la gestión y el análisis de datos y la toma de decisiones, contribuyendo así a la sostenibilidad del sector en términos medioambientales, económicos y sociales y al uso sostenible de los pesticidas", reza la misiva.
El uso de drones para la pulverización ofrece beneficios enormes. No solo mejora la eficacia en la aplicación de estos productos químicos, también reduce la exposición de los profesionales sobre el terreno. Como vía para impulsar la adopción tecnológica en la agricultura y, simplemente, para poder compararnos con nuestros socios comerciales, resulta imprescindible.
Esta historia se publicó originalmente en EU Tech Loop y se reproduce en Euronews en el marco de un acuerdo.