La etapa de Allan Saint-Maximin en el Club América terminó de la peor manera posible y ya es catalogada como uno de los fichajes más fallidos en la historia de la institución. El francés llegó rodeado de expectativas, cartel internacional y una inversión sin precedentes, pero su impacto deportivo jamás estuvo a la altura del esfuerzo económico realizado.
América desembolsó más de 12 millones de dólares para concretar la llegada del extremo, convirtiéndolo en el fichaje más costoso en la historia del club. La operación fue vista como una apuesta agresiva para marcar diferencia inmediata, sin embargo, desde sus primeras apariciones quedó claro que la adaptación no sería sencilla ni rápida.
En apenas seis meses dentro de la institución, Saint-Maximin disputó únicamente 15 partidos oficiales con la camiseta azulcrema. Su aporte se limitó a tres goles, cifras muy por debajo de lo esperado para un futbolista que llegó con estatus de estrella y con la responsabilidad implícita de cargar con el peso ofensivo del equipo.
El contraste entre inversión y rendimiento fue demoledor. Cada gol del francés terminó costándole al América una cifra desproporcionada si se consideran tanto el monto del traspaso como el salario percibido. Durante su breve estancia, Saint-Maximin cobró entre 1.75 y 2 millones de dólares en sueldo, sin justificarlo en el campo.
Más allá de los números, el paso del atacante europeo estuvo marcado por constantes señalamientos sobre su escasa adaptación al futbol mexicano. Fuentes cercanas al club apuntan a dificultades culturales, deportivas y de integración al grupo, factores que terminaron afectando su rendimiento y su relación con el entorno del vestidor.
A esto se sumaron reportes sobre condiciones contractuales especiales que generaron incomodidad interna. Viajes en primera clase junto a directivos, hospedaje en suites de lujo y un salario muy por encima del promedio del plantel provocaron una percepción de trato preferencial que nunca fue respaldada con liderazgo ni compromiso en la cancha.
En lo deportivo, el balance es todavía más negativo. Saint-Maximin no logró ganar ningún título colectivo con el América, ni fue determinante en instancias decisivas. Su presencia pasó sin pena ni gloria en los momentos donde el equipo necesitaba jerarquía, carácter y desequilibrio real en el último tercio del campo.
El desenlace terminó de agravar el panorama. El francés dejó Coapa como agente libre, sin dejar beneficio económico alguno para el club. América absorbió una de las inversiones más altas de su historia sin retorno deportivo ni financiero, cerrando un capítulo que hoy es visto como un error estratégico mayúsculo.
Así, Allan Saint-Maximin se marcha del América no solo como un fichaje fallido, sino como un símbolo de una apuesta desmedida que salió mal en todos los frentes posibles. Un episodio que quedará como advertencia permanente en la memoria institucional azulcrema.
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