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Deportes

El Deportivo se aferra al vértigo: la mística de Riazor reclama el ascenso directo

Xoán Dou
20/04/2026 21:11:00

La Segunda División es, por definición, un ejercicio de equilibrismo emocional. En Riazor, ese funambulismo se vive con una intensidad que a menudo roza lo insoportable. El Deportivo de La Coruña, en su empeño por regresar a la élite, firmó ante el Mirandés una victoria de las que forjan ascensos (3-1): sufriendo cuando el plan se desmoronaba y castigando cuando el talento individual decidió que ya era hora de poner orden al caos.

La primera parte fue un compendio de las virtudes y los fantasmas que persiguen al equipo de Antonio Hidalgo. Durante media hora, el Dépor fue un vendaval. Con transiciones eléctricas y una presión asfixiante, generó ocasiones suficientes para haber cerrado el debate antes del café. Alti perdonó un mano a mano, Luismi erró una vaselina ante la salida de Juanpa y la grada ya masticaba el gol cuando a Bil le anularon un tanto por fuera de juego previo de Yeremay.

Sin embargo, el fútbol tiene una memoria muy corta para el mérito y muy larga para el error. En una desconexión defensiva, Ferllo cometió un penalti sobre Unax que bien pudo costarle la expulsión. Se quedó en amarilla, pero el exdeportivista Carlos Fernández no perdonó desde los once metros. De repente, el estadio se sumió en ese silencio gélido que suele preceder a las tragedias en A Coruña. El Mirandés, valiente y ordenado, pudo incluso doblar la ventaja antes del descanso si la madera no hubiera repelido un cabezazo del propio Fernández.

La metamorfosis tras el paso por vestuarios fue inmediata. Hay jugadores que no necesitan sistemas, sino momentos, y Mario Soriano es uno de ellos. El Joker se inventó el empate con una jugada personal que terminó en un latigazo seco al fondo de la red. Fue el despertador que Riazor necesitaba. Apenas unos minutos después, Yeremay —capaz de jugar a otra velocidad mental— transformó un penalti muy revisado por cierto.

Veinte minutos de lucidez de Soriano y Yeremay bastaron para recuperar el billete del ascenso directo

Con el 2-1, el partido entró en una fase de madurez que a este Deportivo a veces se le reclama. El tercer gol, obra de Bil Nsongo tras una asistencia generosa de Yeremay, parecía sentenciar el choque, pero el Mirandés no había viajado para ser un mero figurante. El tramo final fue un homenaje a la figura del portero. Álvaro Ferllo, que había coqueteado con la tragedia en la primera mitad, se redimió con una actuación colosal, culminada al detener un penalti a Javi Hernández en el descuento que evitó cualquier conato de épica visitante.

Esta victoria devuelve al Deportivo a la segunda plaza, el territorio del ascenso directo, justo antes de una cita que se antoja determinante: la visita al Plantío para medirse al Burgos. Quedan seis finales y el margen de error es inexistente. El Dépor ha demostrado que tiene el fútbol y la pegada; ahora le toca demostrar que tiene el cuajo necesario para no bajarse de esa privilegiada posición hasta que el calendario diga basta. Riazor, por ahora, vuelve a sonreír mientras cuenta los días para el regreso. @mundiario

por KaiK.ai