Juanma Moreno ha inaugurado su tercera investidura con un mensaje de urgencia institucional y una advertencia política de fondo, que Andalucía se encamina hacia un acuerdo con Vox o hacia una repetición electoral. Sin embargo, el presidente andaluz en funciones no ha conseguido todavía despejar la principal incógnita de la legislatura, pues todavía le falta asegurar el respaldo de la formación de Santiago Abascal para seguir al frente de la Junta.
El líder del PP compareció este lunes en el Parlamento andaluz con el objetivo de persuadir a la Cámara de que facilite su reelección. Necesita dos votos más para alcanzar la mayoría absoluta en la primera votación o, en su defecto, al menos cuatro abstenciones en la segunda. Pero el discurso no alteró el guion previsto. Mientras Moreno intervenía desde la tribuna, la ultraderecha reiteraba públicamente que votará en contra. La distancia entre ambas formaciones continúa siendo significativa y amenaza con prolongar unas negociaciones que, pese a mantenerse abiertas, siguen sin traducirse en un acuerdo concreto.
El candidato popular quiso desplazar el foco hacia los grupos de izquierdas. Acusó directamente al PSOE, Por Andalucía y Adelante Andalucía de haber renunciado a cualquier negociación y los responsabilizó de la situación actual. “Han apostado unilateralmente por el bloqueo”, sostuvo Moreno, que presentó el escenario político andaluz como una disyuntiva entre dos únicas opciones: un pacto de legislatura o la repetición de las elecciones.
La estrategia del presidente andaluz intenta mantener un difícil equilibrio, toda vez que necesita presionar lo suficiente a Vox para cerrar un acuerdo en el que, el presidente moderado del PP y pionero de la “vía andaluza”, no asuma por completo el marco ideológico de la extrema derecha al cual puso tierra de por medio durante la campaña. En Andalucía se miran en el espejo de Extremadura, Aragón y Castilla y León, donde todos los presidentes populares incluyeron a los ultras en sus gobiernos y abrazaron varios puntos como la “prioridad nacional”.
Sin embargo, la maniobra apenas ha tenido recorrido entre sus potenciales socios. Desde Vox consideran que Moreno sigue intentando mantener una imagen de líder moderado y critican que el presidente popular continúe evitando asumir públicamente que su “socio preferente” debe ser la formación de Abascal. El portavoz parlamentario de Vox en Andalucía, Manuel Gavira, fue tajante al recalcar que “solo tiene una opción, que es pactar con Vox”.
Un discurso calculado para no incomodar
Uno de los aspectos más significativos de la intervención de Moreno fue, precisamente, aquello de lo que decidió no hablar. El presidente andaluz evitó cualquier referencia explícita a la inmigración, principal bandera ideológica de Vox y eje central de su exigencia de aplicar el principio de “prioridad nacional”, ya incorporado en acuerdos de gobierno de la extremeña María Guardiola, el aragonés Jorge Azcón y el castellanoleonés Alfonso Fernández Mañueco. La ausencia no pasó desapercibida.
Ni una mención a la inmigración, ni al endurecimiento de las políticas sociales en favor de nacionales, ni a otras cuestiones identitarias que forman parte del núcleo discursivo de Vox. Moreno optó por reivindicar “la moderación, el diálogo y la cercanía”, consciente de que cualquier concesión pública en esta materia podría erosionar su perfil centrista.
“El pueblo andaluz puede tener la seguridad de que mi carácter y mis valores son sólidos y que no cambiarán por coyunturas políticas”, aseguró Moreno ante la Cámara. La estrategia, no obstante, no convenció a los ultras. Gavira reprochó al presidente popular haber ignorado deliberadamente hablar de uno de los cinco grandes problemas de los andaluces. “Y eso es no reconocer que en Andalucía hay un problema con la inmigración”, zanjó.
Pese a la dureza del rifirrafe entre los potenciales socios, ambas formaciones mantienen contactos discretos y ninguna da todavía por roto el diálogo. El PP confía en que la investidura pueda salir adelante en la segunda votación prevista para el jueves. Sin embargo, el tono de Vox en las últimas horas refleja que el acuerdo sigue lejos de cerrarse.
La formación de Abascal ya no se conforma con un catálogo programático como el suscrito en Andalucía en 2019. Las experiencias posteriores en Castilla y León, Extremadura o Aragón han elevado sus exigencias. Ahora reclama garantías de ejecución, control presupuestario y presencia en el futuro Ejecutivo de coalición. Es decir, aspira a participar en el Gobierno o, al menos, influir decisivamente en la composición y orientación política del mismo. En el PP admiten que la cuestión de los “sillones” se ha convertido en uno de los principales escollos de la negociación.
El reloj de la repetición electoral ya está en marcha
La primera votación de investidura activa automáticamente la cuenta atrás de dos meses prevista en el Estatuto de Autonomía andaluz. Si transcurrido ese plazo ningún candidato obtiene la confianza del Parlamento, la Cámara quedará disuelta y Andalucía volverá a las urnas.
Moreno insistió en que su decisión de acelerar la investidura responde a la necesidad de disponer de tiempo suficiente para elaborar los presupuestos autonómicos de 2027 y evitar un vacío institucional. “No hay tiempo que perder”, afirmó. Sin embargo, la oposición y el propio Vox cuestionan esas prisas. Los ultras recuerdan que el PP tardó casi dos semanas en iniciar formalmente los contactos tras las elecciones del pasado 17 de mayo.
Mientras tanto, el escenario continúa abierto. Moreno sigue defendiendo un Gobierno sustentado en la moderación y alejado de fórmulas de coalición explícitas. Vox, por el contrario, reclama un acuerdo político mucho más profundo y no parece dispuesto a facilitar gratuitamente la continuidad del líder popular.
La legislatura andaluza acaba de comenzar, pero su estabilidad depende ya de una negociación que todavía navega entre la desconfianza mutua, las presiones cruzadas y la amenaza latente de una nueva cita electoral. @mundiario