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Un seísmo en Japón de magnitud 7.5 activa un tsunami, pero a Tokio le preocupa un megaterremoto

Diego Tudares
20/04/2026 17:25:00

El reciente terremoto de magnitud 7,5 que sacudió el noreste de Japón ha vuelto a poner a prueba uno de los sistemas de respuesta a desastres más sofisticados del mundo. El seísmo, registrado frente a la costa de la prefectura de Iwate y sentido incluso en Tokio, activó de inmediato alertas de tsunami y órdenes de evacuación para más de 170.000 personas.

Sin embargo, más allá de la emergencia inmediata, el foco de preocupación se desplaza hacia un riesgo mayor: la posibilidad de un “megaterremoto”.

El movimiento telúrico se produjo en el océano Pacífico a poca profundidad, lo que explica su intensidad en superficie. Alcanzó niveles de sacudida suficientemente fuertes como para dificultar la movilidad de las personas y provocar caídas de objetos, además de daños puntuales como el derrumbe de muros sin refuerzo.

Las primeras olas de tsunami, de hasta 80 centímetros, impactaron en puertos como Kuji, mientras que las autoridades advirtieron de posibles crecidas de hasta tres metros. Ciudades costeras como Otsuchi y Kamaishi —marcadas por el recuerdo del desastre de 2011— activaron evacuaciones preventivas.

En términos de infraestructuras, se registraron interrupciones temporales en líneas de tren de alta velocidad y cortes puntuales en servicios, aunque no se reportaron daños estructurales graves ni anomalías en centrales nucleares, incluidas las de Fukushima. La respuesta institucional fue inmediata: el Gobierno activó un comité de crisis y la Agencia Meteorológica de Japón emitió avisos continuos a la población.

Japón está acostumbrado a convivir con la actividad sísmica. Situado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, el país experimenta miles de temblores cada año. La diferencia en este caso radica en el contexto: la Agencia Meteorológica elevó el nivel de alerta al advertir que “la probabilidad de que se produzca un nuevo terremoto de gran magnitud es relativamente mayor que en tiempos normales”.

Este tipo de advertencias no son rutinarias. Su activación implica que las condiciones geológicas podrían favorecer un evento mayor, lo que introduce un elemento de incertidumbre que va más allá del seísmo inicial.

El verdadero temor: el megaterremoto

El concepto de “megaterremoto” en Japón está estrechamente ligado a zonas de subducción como la Fosa de Nankai, donde las placas tectónicas se acumulan durante décadas hasta liberar enormes cantidades de energía.

Los escenarios que manejan las autoridades son claros: un terremoto de magnitud superior a 8 podría desencadenar tsunamis masivos, causar cientos de miles de víctimas y generar pérdidas económicas de escala global. No se trata de una hipótesis abstracta. El antecedente más cercano es el Terremoto y tsunami de Japón de 2011, que dejó cerca de 18.500 muertos y provocó el accidente nuclear de Fukushima.

El reciente seísmo, aunque mucho menor en comparación, actúa como recordatorio de que esas dinámicas geológicas siguen activas.

Aunque el epicentro se situó a cientos de kilómetros, el temblor se sintió en Tokio, donde los edificios altos experimentaron lo que se conoce como “movimiento sísmico de periodo largo”. Este fenómeno, que afecta especialmente a rascacielos, puede amplificar la percepción del temblor y aumentar el riesgo en entornos urbanos densos.

La capital japonesa no ha sufrido daños significativos en este episodio, pero su vulnerabilidad ante un megaterremoto sigue siendo una de las principales preocupaciones estratégicas del país. La planificación urbana, los simulacros y las normativas de construcción están diseñados precisamente para ese escenario.

El balance del terremoto es, en términos relativos, contenido: sin víctimas confirmadas y con daños limitados. Sin embargo, el episodio deja dos conclusiones claras. La primera, que Japón mantiene una capacidad de respuesta altamente eficaz ante emergencias sísmicas. La segunda, que incluso con esa preparación, el riesgo estructural no desaparece.

Las réplicas previstas en los próximos días y la alerta sobre posibles eventos mayores mantienen en tensión a las autoridades y a la población. En un país donde la actividad sísmica es constante, cada terremoto relevante no solo se mide por sus daños inmediatos, sino por lo que anticipa. @mundiario

por KaiK.ai