La laguna de Santa Olalla, el mayor espejo de agua permanente del corazón de Doñana National Park, ha vuelto a respirar tras dos años críticos de sequía extrema. El agua ha regresado, la salinidad se ha normalizado y el sistema hidrológico muestra signos claros de recuperación. Pero bajo esa apariencia de normalidad se esconde una herida más profunda: el ecosistema ya no es el mismo. La vida que desapareció durante los años más duros no está volviendo al mismo ritmo que el agua.
El nuevo análisis científico, elaborado por la Universidad Pablo de Olavide, confirma un patrón que se repite en muchos humedales sometidos a estrés climático: la naturaleza puede recomponer su forma, pero no siempre su contenido biológico. Santa Olalla ha recuperado niveles habituales de conductividad tras alcanzar picos extremos durante la sequía, pero la estructura ecológica del sistema se ha visto alterada de manera severa y, en algunos casos, irreversible a escala humana.
Las mediciones muestran que el humedal ha pasado de situaciones casi marinas —con salinidades superiores a 35 mS/cm— a valores cercanos a los históricos, en torno a 7 mS/cm. Sin embargo, este retorno físico no ha venido acompañado de la recuperación de especies clave. La desaparición de anguilas, en estado crítico de conservación, y el colapso de las poblaciones de galápagos evidencian un punto de ruptura ecológico que va más allá del agua.
Un equilibrio que depende de la lluvia y del subsuelo
El sistema ha demostrado una notable capacidad de respuesta tras los inviernos húmedos recientes, que han elevado el nivel del agua y reducido la concentración de sales. El acuífero, responsable de la mayor parte de las aportaciones hídricas, ha actuado como amortiguador natural. Sin embargo, investigadores de la Universidad Pablo de Olavide advierten de que esta resiliencia tiene límites claros cuando los episodios de sequía se prolongan en el tiempo.
El retorno del agua no implica automáticamente la reconstrucción del ecosistema. Según la Estación Biológica de Doñana, la desaparición de especies durante los picos de salinidad puede generar vacíos ecológicos difíciles de revertir. La anguila, por ejemplo, solo podría regresar en episodios excepcionales de conexión hidrológica con otros sistemas. En el caso de los galápagos, su recuperación será lenta y depende de la estabilidad prolongada del hábitat.
Presión humana y un sistema en tensión constante
Organizaciones como WWF alertan de que la situación de Santa Olalla no puede entenderse sin la presión acumulada sobre el acuífero, derivada tanto del regadío intensivo como del abastecimiento turístico en zonas como Matalascañas. La sobreexplotación histórica ha reducido la capacidad de respuesta del sistema, haciendo que cada episodio de sequía tenga efectos más profundos.
En paralelo, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico estudia medidas para reducir la presión sobre el acuífero, incluyendo la reorganización de los sondeos de abastecimiento. Pero los expertos advierten de que las soluciones llegan tarde para algunos componentes del ecosistema, que ya han cruzado umbrales críticos.
Santa Olalla se ha recuperado en apariencia. Pero su historia reciente deja una advertencia incómoda: en los humedales, el agua puede volver antes que la vida, y no siempre al mismo ritmo ni con el mismo futuro. @mundiario