Paula Badosa vuelve a empezar. Otra vez. La española ha salido del top-100 del ranking WTA por segunda vez desde que en 2023 comenzó su calvario físico, una fractura por estrés en la vértebra L4 que cambió su carrera. Ahora, situada en el puesto 106, reaparece esta semana en el WTA 1.000 de Indian Wells con la esperanza de encontrar estabilidad.
El desierto californiano no es un escenario cualquiera para ella. Allí conquistó en 2021 el título más importante de su trayectoria y comenzó la escalada que la llevó a ser número dos del mundo. Hoy regresa en circunstancias opuestas, condicionada por una lesión crónica que ha provocado retiradas, renuncias y meses enteros fuera del circuito.
Desde Roma 2023, Badosa ha tenido que convivir con el dolor, adaptar su juego y modificar su preparación. Ha reforzado su servicio hasta convertirlo en una de sus principales armas, elevando porcentajes y eficacia, pero las recaídas han sido constantes: problemas en la espalda, el psoas y el muslo izquierdo han limitado su continuidad.
En 2024 y 2025 llegó a recuperar sensaciones —incluso rozó de nuevo el top-10—, pero el cuerpo volvió a frenar su impulso. El tenis femenino español, que vio en ella el relevo generacional tras la retirada de Garbiñe Muguruza, ha vivido con incertidumbre cada recaída.
Indian Wells será más que un torneo. Será otro intento de romper el “día de la marmota” en el que parece atrapada desde hace casi tres años. La prioridad ya no es el ranking, sino la salud. Si su cuerpo le concede tregua, el talento sigue ahí. Y Badosa ha demostrado que, pese a todo, nunca deja de intentarlo. @mundiario