menu
menu
Salud

Del ardor a la lesión: la línea entre dolor bueno y dolor malo en el entrenamiento

María P. Martínez
07/03/2026 20:32:00

Sentir que los músculos arden, que la respiración se acelera y que cada paso o repetición cuesta un mundo es parte del ritual del ejercicio. Para algunos, es la señal de que se está “trabajando duro”. Para otros, es la advertencia silenciosa de que algo no va bien. La línea que separa el dolor que fortalece del dolor que daña no siempre es evidente, pero aprender a leerla puede marcar la diferencia entre progresar y lesionarse.

De acuerdo con EL PAÍS, el corredor de fondo Eliud Kipchoge lo ha descrito de manera sencilla y poética: “Cuando siento ese dolor, sé que he alcanzado el punto exacto. Ese es el ritmo que debo mantener”. Una frase que resume la paradoja del deporte: sin esfuerzo no hay avance, pero no todo dolor es progreso. Desde los aeróbics de Jane Fonda hasta los gymbros que repiten No pain, no gain, la cultura deportiva ha glorificado la incomodidad, muchas veces sin diferenciarla de la lesión real.

La ciencia del ejercicio distingue entre dos tipos de sensaciones: incomodidad y dolor. La primera es transitoria, difusa, soportable y suele acompañar al entrenamiento submáximo o aeróbico. “Es el cuerpo adaptándose, fortaleciendo fibras musculares y mejorando la eficiencia cardiovascular”, explica la literatura sobre fisiología del ejercicio. El dolor, en cambio, es agudo, localizado y persistente; una señal de alarma que no debe ignorarse. Ignorar estas señales puede tener consecuencias a largo plazo, desde tendinitis hasta lesiones lumbares crónicas.

Dolor bueno: la incomodidad que impulsa

Cuando alguien pedalea o corre al 70-80% de su capacidad máxima y siente ardor muscular o respiración entrecortada, el organismo no está sufriendo daño, sino adaptándose. Estas microlesiones musculares, que se reparan con descanso y nutrición, son las que permiten crecer y mejorar. Además, el entrenamiento aeróbico también modula la percepción del dolor, haciendo que los deportistas activos vean estas sensaciones como un reto, no como amenaza. Es lo que algunos expertos llaman good pain: dolor que enseña, incomodidad que estimula.

Dolor malo: la alerta que no puedes pasar por alto

El problema surge cuando la sensación se convierte en punzante, persistente o localizada en articulaciones y músculos concretos. El dolor lumbar crónico, las lesiones de rodilla o la inflamación de tendones son ejemplos de que el organismo está enviando una señal clara: reducir la intensidad, corregir la técnica o descansar. En estos casos, más esfuerzo no equivale a más ganancia. Por el contrario, puede agravar la lesión y prolongar la recuperación.

La trampa de la cultura del sufrimiento

El gimnasio y el deporte de alto rendimiento han creado un imaginario donde “si duele, es que estás entrenando bien”. Esa mentalidad convierte la incomodidad en medalla invisible y a veces silencia al dolor real. Artistas, bailarines y corredores aficionados a menudo ignoran señales de alarma por compromiso o perfeccionismo. Interpretar el dolor de manera correcta requiere un enfoque más amplio, donde cuerpo, mente y contexto se consideren juntos.

No todo dolor es enemigo, ni toda incomodidad es señal de éxito. La clave está en aprender a escuchar: el ardor que desaparece con estiramientos o descanso forma parte del progreso; el dolor que interrumpe el movimiento merece atención inmediata. @mundiario

por KaiK.ai