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Negocios

España pisa el freno: el empleo tecnológico se desacelera tras años de expansión

María P. Martínez
15/01/2026 12:33:00

El empleo tecnológico se había convertido en uno de los grandes relatos optimistas de la economía española. Mientras el país seguía arrastrando problemas estructurales como el paro crónico, la baja productividad o los salarios modestos, el avance de las actividades de alto valor añadido ofrecía una promesa: esta vez sí, el modelo productivo podía transformarse. Sin embargo, los últimos datos apuntan a que ese motor empieza a perder fuerza.

Durante el último lustro, entre 2020 y 2025, el empleo tecnológico vivió un crecimiento notable. España pasó de tener menos de 800.000 trabajadores en actividades vinculadas a la tecnología a superar ampliamente el millón, con un aumento acumulado superior al 33%. En ese mismo periodo, el conjunto del mercado laboral creció un 17%, lo que elevó el peso del empleo tecnológico en la economía hasta el 4,7%. Las cifras parecían confirmar que el país avanzaba, lentamente pero en la dirección correcta, hacia un tejido productivo más sofisticado.

Ese impulso, sin embargo, se ha frenado en seco en el último año. El informe Empleo tecnológico en el mercado laboral español 2026, elaborado por UGT, advierte de una “preocupante desaceleración” en la contratación de perfiles tecnológicos. Entre el tercer trimestre de 2024 y el mismo periodo de 2025 se perdieron cerca de 50.000 ocupados en estas actividades, una caída que rompe la tendencia ascendente y deja una sensación incómoda: el cambio de modelo no está garantizado.

La preocupación no es solo estadística. El empleo tecnológico no es un sector más, sino uno de los pilares sobre los que se apoya la idea de una economía más resiliente, mejor pagada y menos vulnerable a crisis cíclicas. Que este ámbito se estanque —o incluso retroceda— plantea preguntas incómodas sobre la solidez del proceso de transformación.

Un frenazo con nombres propios

El retroceso del empleo tecnológico no es homogéneo. Los mayores descensos se concentran en áreas clave como la arquitectura e ingeniería, con 26.000 empleos menos, y las telecomunicaciones, que pierden alrededor de 20.000. No se trata de sectores marginales, sino de actividades centrales para la digitalización del conjunto de la economía.

UGT vincula esta caída a los procesos de reestructuración y despidos colectivos que han sacudido a grandes empresas del sector. Expedientes como el de Telefónica, que afecta a 5.500 trabajadores, o el de Amazon, con casi 800 empleos, funcionan como símbolos de una tendencia más amplia. La paradoja es evidente: mientras la digitalización se proclama como prioridad estratégica, el empleo que la hace posible se resiente.

Tecnología sí, pero concentrada en pocos

Otra de las señales de alarma tiene que ver con la estructura empresarial. Cada vez menos empresas cuentan con especialistas en tecnologías de la información y la comunicación. Desde 2018, el porcentaje de compañías de diez o más trabajadores que emplean perfiles TIC ha caído un 16%. El crecimiento del empleo tecnológico, cuando existe, se concentra en un número reducido de grandes firmas, muchas de ellas del propio sector.

Esto sugiere que la tecnificación de la economía española no es capilar ni transversal. No impregna al conjunto del tejido productivo, sino que se queda encerrada en islas de alta especialización. El resultado es un modelo frágil, poco capaz de generar efectos de arrastre sobre el resto de sectores.

España, rezagada en la carrera europea

El parón del empleo tecnológico se entiende aún peor en comparación con Europa. Aunque España ha duplicado el número de especialistas TIC en la última década, su posición relativa apenas ha mejorado. Sigue en torno al puesto veinte en el ranking europeo, una ubicación poco acorde con las aspiraciones de una economía avanzada.

Además, España lidera un ranking mucho menos deseable: es el país de la Unión Europea con más parados con formación tecnológica. Uno de cada cuatro desempleados digitales vive en España y la tasa de paro en este colectivo casi dobla la media europea. La tecnología, aquí, no es una garantía de empleo estable.

Salarios bajos y oportunidades limitadas

A este escenario se suma la brecha salarial. Los trabajadores TIC en Europa ganan de media un 38% más que en España, una diferencia que se dispara frente a países como Francia o Alemania. La revalorización salarial también es más débil, lo que alimenta la frustración y favorece la fuga de talento.

El mensaje de fondo es incómodo pero claro: el empleo tecnológico en España ha dejado de ser una historia de crecimiento lineal. Tras varios años al alza, el frenazo actual pone en duda la profundidad del cambio de modelo productivo. Si la tecnología no se traduce en empleo estable, salarios competitivos y oportunidades reales, la promesa de una economía más avanzada corre el riesgo de quedarse en un eslogan. @mundiario

por KaiK.ai