menu
menu
Animales

Una obsesión compartida: los chimpancés también sienten fascinación por los cristales

Diego Tudares
05/03/2026 03:36:00

Durante décadas, los arqueólogos han encontrado cristales en yacimientos asociados a antiguos homínidos. En algunos casos, estas piedras aparecen junto a restos de especies humanas con una antigüedad de hasta 780.000 años. Sin embargo, esos hallazgos plantean un enigma persistente: los cristales no se utilizaban como herramientas, armas ni adornos. Aun así, nuestros antepasados los recogían y los transportaban.

Esa paradoja ha llevado a muchos investigadores a preguntarse si los cristales tenían un significado simbólico o si simplemente despertaban una curiosidad especial en los primeros humanos. Un estudio reciente publicado en Frontiers in Psychology propone una explicación inesperada: esa fascinación podría no ser exclusivamente humana. Los chimpancés —nuestros parientes evolutivos más cercanos— también muestran un interés espontáneo por estos objetos.

La investigación fue dirigida por el cristalógrafo Juan Manuel García-Ruiz y se desarrolló con chimpancés de la Fundación Rainfer, en España. El objetivo era sencillo pero ambicioso: comprobar si estos primates podían distinguir cristales de piedras comunes y si mostraban una preferencia por ellos.

Los científicos trabajaron con dos grupos de chimpancés habituados al contacto con humanos. En el primer experimento colocaron sobre una plataforma dos objetos de tamaño similar: un cristal grande y una roca normal. Al principio ambos llamaron la atención de los animales, pero pronto quedó clara la preferencia.

Los chimpancés comenzaron a examinar el cristal con detalle. Lo giraban, lo inclinaban y lo observaban desde diferentes ángulos, como si intentaran entender su estructura. Uno de ellos incluso lo tomó y lo trasladó a otra zona del recinto, donde lo mantuvo bajo su control. Cuando los cuidadores intentaron recuperarlo, tuvieron que intercambiarlo por comida para conseguirlo.

Transparencia, simetría y brillo: las claves de la atracción

El segundo experimento fue más exigente. Los investigadores mezclaron pequeños cristales de cuarzo con una veintena de guijarros redondeados. La reacción fue sorprendentemente rápida: los chimpancés identificaban los cristales en cuestión de segundos y los separaban del resto de piedras.

Incluso cuando se añadieron otros tipos de cristales, como pirita o calcita —con formas y colores distintos— los animales siguieron siendo capaces de detectarlos. Esto indica que no reaccionaban solo a un aspecto superficial, sino a características físicas más complejas.

Algunos chimpancés levantaban los cristales a la altura de los ojos y miraban a través de ellos, aparentemente intrigados por su transparencia. Otros los transportaban en la boca, algo poco habitual en su comportamiento cotidiano. En ciertos casos separaban cuidadosamente los distintos tipos de cristal, como si reconocieran diferencias entre ellos.

Los investigadores creen que varias propiedades físicas explican esta fascinación. La transparencia, la simetría y las superficies planas de los cristales parecen captar la atención de los chimpancés. Estas características son raras en la naturaleza cotidiana.

El entorno natural está dominado por formas orgánicas: curvas, ramificaciones y superficies irregulares. Los cristales, en cambio, poseen estructuras geométricas definidas con caras planas y ángulos precisos. Son, en cierto sentido, objetos “geométricos” en un mundo dominado por formas naturales.

Ese contraste podría explicar por qué resultan tan llamativos tanto para chimpancés como para humanos. La mente parece reaccionar con curiosidad ante patrones que se apartan de lo habitual en el entorno.

Un posible vínculo con la evolución humana

Los humanos y los chimpancés comparten un antepasado común que vivió hace entre seis y siete millones de años. Si ambas especies muestran una atracción espontánea por los cristales, es posible que esa sensibilidad tenga raíces evolutivas muy antiguas.

Esto podría ofrecer una explicación alternativa a los hallazgos arqueológicos. Los primeros homínidos quizá recogían cristales no por su utilidad práctica, sino porque su apariencia despertaba curiosidad, interés o incluso una forma temprana de apreciación estética. En otras palabras, la presencia de cristales en yacimientos antiguos podría reflejar una dimensión cognitiva de nuestros antepasados: la capacidad de sentirse atraídos por objetos singulares del entorno.

Los propios investigadores reconocen que el estudio tiene limitaciones. Los chimpancés utilizados estaban habituados al contacto humano y a objetos artificiales, lo que podría influir en su comportamiento. Por ello, futuros experimentos deberían realizarse también con poblaciones salvajes o con especies menos “culturizados”.

Además, queda por explorar si todos los individuos muestran el mismo nivel de interés o si existen diferencias de personalidad entre los animales, algo que también ocurre en los humanos. @mundiario

por KaiK.ai