La ciencia suele avanzar en silencio. Pero cada tanto, aparece un descubrimiento que no solo suma conocimiento: cambia la forma de entender una enfermedad. Eso es lo que empieza a ocurrir con el Alzheimer a partir de un desarrollo liderado por científicos argentinos, que hoy permite observar —por primera vez— cómo se deteriora el cerebro humano desde su origen.
En una entrevista con Infobae, el neurólogo Luis Ignacio Brusco, decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA, explicó el alcance de este hito: la posibilidad de crear neuronas humanas en laboratorio a partir de células de la piel de los propios pacientes.
De la piel al cerebro: el cambio de paradigma
Hasta hace poco, estudiar el Alzheimer implicaba analizar cerebros ya dañados o trabajar con modelos animales que no siempre reflejan con precisión lo que ocurre en humanos.
Hoy, ese límite empieza a romperse.
A partir de una célula de la piel, los científicos pueden reprogramarla en una célula madre y luego convertirla en neurona. Es decir: recrear en laboratorio el cerebro del paciente, pero en una etapa previa al desarrollo de la enfermedad.
Este avance no es menor. Permite observar el momento exacto en el que comienzan las fallas biológicas que luego derivan en el deterioro cognitivo.
El Alzheimer ya no empieza cuando aparecen los síntomas
Uno de los puntos más disruptivos del hallazgo es conceptual: el Alzheimer deja de ser una enfermedad que “aparece” en la vejez para convertirse en un proceso que comienza décadas antes.
Según explicó Brusco, los estudios identificaron alteraciones en dos áreas clave:
- La mitocondria, responsable de generar energía en las células
- El metabolismo del calcio, fundamental para el funcionamiento neuronal
- Esto abre una hipótesis potente: el Alzheimer podría ser, en gran parte, una enfermedad metabólica silenciosa que se gesta mucho antes de cualquier pérdida de memoria.
Prevención: el nuevo campo de batalla
Si el origen del problema es previo, la estrategia también cambia.
La prevención deja de ser un discurso abstracto para transformarse en una intervención concreta. Existen al menos 14 factores de riesgo modificables —como la hipertensión, la obesidad, la hipoacusia o el sedentarismo— que pueden retrasar el desarrollo de la enfermedad.
La medicina, en este contexto, se mueve hacia un modelo más personalizado:
- Estudios genéticos (como el gen APOE)
- Seguimiento temprano en personas con antecedentes familiares
- Intervenciones sobre hábitos desde edades más jóvenes
- No se trata solo de vivir más, sino de llegar mejor.
- El impacto social: una bomba silenciosa
El Alzheimer no es solo un desafío médico. Es, sobre todo, un problema social y económico de enorme escala.
En Argentina se estima que entre 500.000 y 600.000 personas tienen factores de riesgo. Y a nivel global, el envejecimiento poblacional anticipa un crecimiento sostenido de los casos.
Esto implica:
- Sistemas de salud bajo presión
- Familias que se convierten en cuidadores informales
- Costos crecientes en tratamientos y asistencia
En ese contexto, cualquier avance en detección temprana no solo mejora la vida de los pacientes: alivia una futura crisis sanitaria.
Ciencia argentina en un escenario global
El dato no es menor: este desarrollo es fruto de la articulación entre instituciones públicas y privadas argentinas, como el Hospital de Clínicas, la Fundación Leloir y centros de investigación en Córdoba.
En un país donde muchas veces la ciencia pelea por recursos, este tipo de logros plantea una paradoja: Argentina puede estar en la frontera del conocimiento incluso en condiciones adversas.
El futuro: ¿curar o anticiparse?
Brusco lo plantea con claridad: la medicina del futuro no solo buscará tratar enfermedades, sino anticiparlas e incluso revertir daños.
Aunque la regeneración neuronal aún no es una realidad, el camino ya está trazado:
- Diagnóstico antes de los síntomas
- Tratamientos personalizados
- Intervención sobre factores de riesgo
La pregunta ya no es si podremos vivir más años.
La verdadera pregunta es cómo vamos a llegar a ellos. @mundiario