menu
menu
Animales

Cuando el miedo se suda: cómo los caballos perciben el temor en los humanos

Diego Tudares
20/01/2026 04:46:00

La idea de que “los animales huelen el miedo” ha circulado durante décadas entre jinetes, cuidadores y aficionados al mundo ecuestre. Sin embargo, hasta ahora había más intuición que evidencia sólida.

Un estudio reciente publicado en la revista PLOS One aporta datos experimentales que respaldan esa percepción popular: los caballos son capaces de detectar el miedo humano a través del sudor, y esa información química influye de manera directa en su comportamiento y en sus respuestas fisiológicas.

La investigación fue desarrollada por un equipo del Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente (INRAE) de Francia, que partía de un precedente claro: está demostrado que los perros pueden oler el estrés humano.

La pregunta era si algo similar ocurría con los caballos, una especie domesticada desde hace miles de años y con una larga historia de cooperación con las personas, especialmente en contextos donde la lectura emocional resulta clave para la seguridad y el trabajo conjunto.

El estudio se centró en el sudor como vehículo de información emocional. Para ello, los investigadores recopilaron muestras de sudor de 30 voluntarios humanos en dos situaciones emocionales claramente diferenciadas. En la primera, los participantes veían una película de terror (Siniestro), diseñada para provocar miedo y tensión.

En la segunda, los mismos voluntarios observaban vídeos alegres o cómicos, asociados a un estado emocional positivo y relajado. Esta metodología permitió comparar cómo reaccionaban los caballos ante olores vinculados a emociones opuestas, sin introducir variables adicionales.

Las muestras de sudor se colocaron en almohadillas de algodón, que luego se introdujeron en bozales especiales de lycra usados por 43 yeguas de raza Welsh.

Los animales se dividieron aleatoriamente en tres grupos: uno expuesto únicamente al sudor asociado al miedo, otro al sudor relacionado con emociones positivas y un grupo de control que no recibió ningún olor humano. A partir de ahí, los caballos participaron en cuatro pruebas conductuales habituales en estudios etológicos: el cepillado, la reacción ante la apertura repentina de un paraguas, la aproximación de una persona y la exploración de un objeto nuevo.

Los resultados mostraron patrones claros. Las yeguas expuestas al sudor del miedo se mostraron más nerviosas, reaccionaron con sobresaltos más intensos, fijaron la mirada durante más tiempo en estímulos desconocidos y presentaron picos más altos de frecuencia cardíaca. Además, tendían a evitar el contacto humano, acercándose menos o mostrando reticencias.

Todo ello ocurrió sin que los caballos pudieran ver a las personas que habían generado ese sudor, descartando así la influencia de gestos, posturas o expresiones faciales. La respuesta parecía estar asociada exclusivamente a señales químicas.

Aunque los investigadores no analizaron la composición exacta del sudor, la hipótesis central es que determinadas sustancias liberadas por el cuerpo humano en estados de miedo actúan como quimioseñales, es decir, mensajes químicos capaces de ser interpretados por otras especies.

Desde un punto de vista evolutivo, esta capacidad tendría sentido en animales altamente sensibles al entorno y especializados en detectar posibles amenazas, como es el caso del caballo, una presa por naturaleza.

El estudio también aporta elementos de reflexión sobre el impacto de la domesticación. Lejos de anular la sensibilidad emocional del caballo, la convivencia prolongada con los humanos podría haber reforzado su capacidad para interpretar señales procedentes de nuestra especie, incluso cuando estas no son conscientes.

Según los propios autores, los resultados subrayan la importancia de los olores en la comunicación emocional entre especies y ofrecen nuevas pistas sobre cómo se construyen esas interacciones en animales domesticados.

Si el estado emocional humano se transmite a través del sudor, incluso cuando se intenta disimular, la relación entre jinete y caballo no depende solo de la técnica o la experiencia, sino también de variables emocionales difíciles de ocultar. Esto puede influir en ámbitos como el entrenamiento, la equitación terapéutica o el manejo cotidiano, donde la seguridad y el bienestar animal están estrechamente ligados a la confianza mutua. @mundiario

por KaiK.ai