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Cultura

El reloj biológico de la mentira: cómo la hora del día afecta a tu honestidad

María P. Martínez
12/01/2026 07:00:00

El refrán dice que “a quien madruga, Dios le ayuda”, pero la ciencia sugiere que quizá también le pone más trampas morales en el camino. La pregunta no es menor: ¿la gente miente más por la mañana que por la noche? Lejos de ser un simple juego de intuiciones, esta cuestión conecta con la neurociencia, la psicología del autocontrol y nuestros ritmos biológicos. Y la respuesta, aunque incómoda, resulta profundamente reveladora sobre cómo funciona nuestra mente.

Durante años hemos asumido que la mañana es el momento de mayor claridad mental, cuando tomamos mejores decisiones y somos más productivos. Sin embargo, varios estudios en psicología conductual han puesto en duda esa visión idealizada. La honestidad, al parecer, no solo depende de valores o educación, sino también del estado cognitivo en el que se encuentra nuestro cerebro a lo largo del día.

Uno de los conceptos clave para entender este fenómeno es la fatiga del autocontrol. Decir la verdad, especialmente cuando resulta incómoda, requiere un esfuerzo mental. Mentir, paradójicamente, puede ser el atajo más fácil cuando nuestro cerebro busca ahorrar energía o proteger su imagen social. Y aquí entra en juego el reloj interno.

Investigaciones publicadas en revistas como Psychological Science han observado que las personas tienden a comportarse de forma menos ética en los momentos del día en los que su nivel de alerta no coincide con su cronotipo natural. Para muchos adultos, especialmente los que no son “aves nocturnas”, ese momento crítico suele ser por la mañana temprano.

Claridad mental con grietas

Aunque el cerebro está descansado tras dormir, el autocontrol moral no siempre arranca a pleno rendimiento. La corteza prefrontal, responsable de regular impulsos y evaluar consecuencias, puede necesitar tiempo para activarse del todo. Esto explicaría por qué las mentiras “blancas”, los atajos éticos o las justificaciones rápidas aparecen con más facilidad en las primeras horas del día.

La noche y la ilusión de la sinceridad

Por la noche ocurre algo interesante. Aunque estamos más cansados, también tendemos a ser más introspectivos. La presión social disminuye, las interacciones se relajan y, en muchos casos, baja la necesidad de “quedar bien”. Esa combinación puede favorecer una mayor honestidad emocional, aunque no necesariamente una ética impecable en todos los contextos.

Ritmos biológicos y cronotipos: no todos mentimos igual

No todos los cerebros funcionan igual. Las personas nocturnas (“búhos”) muestran patrones distintos: su pico de claridad y autocontrol puede darse precisamente cuando otros ya están exhaustos. Esto significa que no existe una hora universal para la mentira, sino una interacción entre biología, hábitos y contexto social.

Entonces, ¿mentimos más por la mañana?

La respuesta corta es: muchas personas sí, pero no por maldad, sino por funcionamiento cerebral. La respuesta larga es más provocadora: la honestidad no es una virtud fija, sino un estado frágil que depende del descanso, el estrés, la hora del día y hasta del nivel de cafeína en sangre.

Quizá la pregunta incómoda no sea cuándo mentimos más, sino cuánto confiamos en nuestra propia percepción moral. Tal vez la verdad no madruga… y tampoco se acuesta temprano. Se adapta, silenciosa, a los ritmos imperfectos de nuestra mente. @mundiario

por KaiK.ai