La política española ha entrado en una nueva fase de definición estratégica. Alberto Núñez Feijóo ha dado un paso que durante meses evitó verbalizar con claridad: reconocer públicamente que, si la aritmética parlamentaria lo exige, podría liderar una coalición de Gobierno con Vox. La declaración supone un cambio relevante respecto al discurso que el Partido Popular había mantenido desde las elecciones generales de 2023, cuando la aspiración oficial seguía siendo gobernar en solitario mediante acuerdos puntuales.
La novedad no reside únicamente en la aceptación de esa posibilidad, sino en las condiciones que Feijóo ha querido fijar antes incluso de que se produzca una eventual negociación. El líder popular ha definido una serie de “líneas rojas” que, según afirmó, no está dispuesto a cruzar en ningún pacto de Gobierno. Entre ellas figuran el respeto a la Constitución, el mantenimiento del Estado autonómico, las políticas de igualdad de género, los derechos LGTBI, la estabilidad presupuestaria y una política migratoria que definió como “ordenada y racional”.
Estas declaraciones tienen una importancia política considerable porque afectan directamente a algunos de los principales puntos de discrepancia entre PP y Vox. Durante los últimos años, la formación de Santiago Abascal ha defendido en numerosas ocasiones una profunda reforma del modelo territorial, cuestionando el actual sistema autonómico. También ha criticado la legislación vinculada a la igualdad de género y las políticas específicas dirigidas al colectivo LGTBI.
Por ello, la intervención de Feijóo puede interpretarse como un intento de tranquilizar a sectores moderados del electorado popular que observan con preocupación la posibilidad de una alianza estable con Vox. El mensaje busca transmitir que un eventual acuerdo no supondría una alteración radical de determinados consensos institucionales construidos durante las últimas décadas.
Uno de los asuntos más sensibles fue el aborto. Feijóo descartó expresamente impulsar una derogación de la actual ley de plazos. Aunque insistió en reforzar las ayudas a la maternidad y ofrecer más información a las mujeres que afronten esa decisión, dejó claro que quienes opten por interrumpir su embarazo seguirán estando amparadas por la legislación vigente. Se trata de una posición que marca distancia respecto a sectores de la derecha más conservadora que aspiran a modificar sustancialmente el marco legal actual.
La cuestión de los derechos LGTBI también adquirió protagonismo. El presidente del PP aseguró que estas políticas forman parte de las líneas que no está dispuesto a sacrificar en una negociación. Con ello intenta evitar que una hipotética coalición sea percibida como una renuncia a determinadas posiciones que el propio Partido Popular ha asumido progresivamente durante los últimos años.
Sin embargo, la reacción más llamativa no fue la de Feijóo, sino la ausencia de una respuesta directa de Santiago Abascal. El líder de Vox optó por guardar silencio público respecto a las condiciones planteadas por el dirigente popular. Mientras se desarrollaba el debate político en España, Abascal participaba en Bruselas en una reunión de Patriots, la alianza de partidos soberanistas europeos que preside.
Ese silencio no significa que Vox haya permanecido completamente al margen. La respuesta oficial llegó a través de José María Figaredo, secretario general del grupo parlamentario de Vox en el Congreso. Su intervención reflejó un evidente malestar con el planteamiento del PP. Figaredo rechazó el debate sobre las “líneas rojas” y sostuvo que “hablar de líneas rojas, verdes o azules no tiene ningún sentido” en estos momentos.
El dirigente de Vox acusó además al Partido Popular de repetir errores que, a su juicio, ya cometió antes de las elecciones de 2023. Según su análisis, los populares estarían actuando con exceso de confianza al plantear repartos de poder y posibles estructuras de gobierno cuando todavía no se han celebrado los comicios.
La crítica encierra una advertencia política relevante. Vox intenta evitar que el Partido Popular monopolice el liderazgo del bloque de centroderecha y da por hecho que cualquier mayoría alternativa a la izquierda necesitaría necesariamente el respaldo de la formación de Abascal. Desde esa perspectiva, las condiciones previas planteadas por Feijóo son vistas como una forma de limitar el margen negociador antes incluso de sentarse a discutir un eventual acuerdo.
La situación resulta especialmente interesante porque contrasta con la práctica política desarrollada por ambos partidos en distintas comunidades autónomas. Allí, PP y Vox han demostrado capacidad para alcanzar acuerdos de gobierno o pactos de estabilidad institucional pese a sus diferencias ideológicas. La experiencia territorial demuestra que existe un precedente de entendimiento, aunque trasladar esa fórmula al Gobierno de España implicaría afrontar cuestiones mucho más sensibles y de mayor impacto político.
La estrategia de Feijóo parece orientada a construir una doble narrativa. Por un lado, acepta la realidad demoscópica y reconoce que podría necesitar a Vox para alcanzar La Moncloa. Por otro, intenta preservar una imagen de moderación institucional fijando límites claros en cuestiones especialmente sensibles para el electorado centrista.
Vox, mientras tanto, mantiene una posición de espera. El silencio de Abascal evita un choque frontal prematuro con el PP y permite a su partido conservar capacidad de maniobra. Las declaraciones de Figaredo muestran desacuerdo con las condiciones planteadas, pero no cierran la puerta a futuras negociaciones.
En realidad, el debate abierto por Feijóo no gira únicamente en torno a una posible coalición. También anticipa la discusión sobre qué modelo de derecha podría gobernar España en el futuro y hasta dónde estaría dispuesto cada partido a ceder para alcanzar una mayoría parlamentaria. La respuesta definitiva dependerá de los resultados electorales, pero las posiciones iniciales ya han comenzado a dibujar el terreno sobre el que se desarrollará esa eventual negociación. @mundiario