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El continente invisible: así es la Antártida que duerme bajo dos kilómetros de hielo

María P. Martínez
15/01/2026 22:12:00

Durante décadas, la humanidad ha conocido mejor la superficie de Marte, Venus o Mercurio que la de uno de los grandes continentes de la Tierra. Resulta casi una paradoja científica: mientras sondas espaciales han cartografiado planetas lejanos con una precisión de decenas de metros, la Antártida —aquí mismo, en nuestro planeta— seguía siendo en gran parte un misterio. La razón es tan simple como abrumadora: casi toda su superficie está enterrada bajo una capa de hielo que supera, de media, los 2.000 metros de espesor.

Hoy, ese velo empieza a levantarse. Un nuevo trabajo científico, publicado en Science, ha logrado algo que parecía inalcanzable: reconstruir con mucho mayor detalle cómo es el paisaje rocoso de la Antártida utilizando las ondulaciones de la superficie helada como si fueran pistas, huellas, señales involuntarias del terreno que yace debajo. No se trata solo de un avance técnico. Es una nueva forma de mirar al continente más extremo del planeta.

La Antártida no es una planicie blanca y homogénea. Bajo sus 27 millones de kilómetros cúbicos de hielo hay cordilleras, mesetas, cuencas profundas y regiones enteras situadas por debajo del nivel del mar. Si ese hielo desapareciera —algo que no ocurrirá en escalas humanas, pero que sirve como ejercicio mental— el mapa político y físico del planeta cambiaría para siempre. El nivel del mar subiría unos 57 metros y emergería un mundo desconocido, tan complejo como cualquier otro continente.

Hasta ahora, ese mundo se intuía solo a fragmentos. Los primeros mapas se construyeron con explosiones, sismógrafos y vuelos de radar que dejaban franjas de información separadas por enormes vacíos. El resultado era una Antártida interpolada, suavizada, casi imaginada. El nuevo método rompe esa limitación.

Cuando el hielo habla del suelo que oculta

La clave del nuevo mapa está en entender el hielo no como un bloque estático, sino como un fluido extremadamente viscoso que responde a lo que hay debajo. Colinas, valles y montañas del lecho rocoso deforman el flujo glaciar y dejan marcas sutiles en la superficie: ondulaciones, depresiones, pequeñas variaciones de pendiente que los satélites modernos pueden medir con gran precisión.

Aplicando modelos físicos conocidos desde hace décadas y combinándolos con imágenes satelitales de alta resolución, los investigadores han logrado traducir esas señales superficiales en una imagen mucho más nítida del paisaje oculto. Es, en palabras de algunos científicos, como leer el relieve de un río observando solo sus remolinos.

Un continente más rugoso, más real

El nuevo mapa no descubre continentes perdidos ni montañas gigantes desconocidas, pero sí algo igual de importante: detalle. Mejora la resolución en la llamada mesoescala, entre los 2 y los 30 kilómetros, una franja crítica para entender cómo se mueve el hielo. Allí es donde se decide si un glaciar avanza lentamente o si acelera su marcha hacia el océano.

La topografía que decide el futuro del mar

La forma del suelo bajo el hielo controla la fricción, el deslizamiento y la estabilidad de los glaciares. Un valle profundo puede canalizar el hielo como una autopista hacia el mar; una elevación puede frenarlo durante siglos. Comprender esa arquitectura invisible es esencial para mejorar los modelos climáticos y las predicciones sobre el aumento del nivel del mar.

En un planeta que se calienta, la Antártida no es solo un símbolo lejano. Es un regulador clave del sistema climático global. Saber cómo es realmente por debajo del hielo permite anticipar cómo puede reaccionar ante el calentamiento y qué consecuencias tendrá para millones de personas que viven en zonas costeras.

Más que un mapa: una nueva mirada

Este avance no sustituye a los grandes proyectos cartográficos como Bedmap, sino que los complementa y los afina. Es un recordatorio de que incluso en el siglo XXI la Tierra sigue guardando secretos monumentales. Y de que la ciencia, cuando combina paciencia, imaginación y tecnología, puede iluminar lo que parecía condenado a permanecer oculto.

La Antártida sigue siendo blanca, remota y aparentemente inmóvil. Pero bajo esa superficie silenciosa hay un continente vivo en términos geológicos, complejo y decisivo. Ahora, por fin, empezamos a verlo. @mundiario

por KaiK.ai