Los resultados del PSOE en Aragón han actuado como catalizador de una discusión latente dentro del partido: hasta qué punto los retrocesos electorales responden a factores locales o a la percepción de la política nacional. Las declaraciones del ministro de Transformación Digital Óscar López, que apuntó a la etapa del expresidente aragonés Javier Lambán como uno de los elementos que explican el resultado, desencadenaron un choque inmediato con la candidata socialista Pilar Alegría, quien rechazó públicamente buscar responsables internos.
Alegría defendió el legado del dirigente fallecido y subrayó que señalar culpables dentro del partido “no conduce en la buena dirección”, apostando por centrar el debate en la recuperación de la confianza electoral. Su respuesta evidenció un intento de contener la escalada interna en un momento especialmente delicado para la organización. López, con quien Alegría compartió sillón en el Consejo de Ministros hasta finales del año pasado, llegó a declarar a los micrófonos de RNE que el exmandatario aragonés “desde mi punto de vista, en lugar de hacer oposición a (Jorge) Azcón se dedicó a hacer otra cosa”, en alusión a su marcado antisanchismo y a que su sector confrontaba al popular Azcón “muchas veces con argumentos que eran de la derecha”.
El conflicto refleja una tensión estructural del socialismo español, después de que se impusiera la estrategia diseñada desde la dirección federal, encabezada por Pedro Sánchez, de desplegar a sus ministros como cabezas de cartel en detrimento de la autonomía de los liderazgos territoriales. Parte de los dirigentes regionales consideran que la dinámica nacional condiciona de forma creciente los resultados autonómicos y municipales, mientras que sectores del aparato central insisten en la necesidad de reforzar la coherencia estratégica del partido.
En Aragón, este debate se ha intensificado tras la pérdida de representación institucional y el avance del PP liderado por el presidente Jorge Azcón, lo que ha aumentado la presión interna para revisar tanto la estrategia de campaña como la estructura orgánica regional.
Feijóo entra al trapo
El enfrentamiento interno ha sido aprovechado por la oposición para cuestionar la gestión del Gobierno. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, criticó las declaraciones de López y acusó al Ejecutivo de trasladar responsabilidades a dirigentes territoriales, contribuyendo a amplificar el impacto político de la controversia. “Culpan al expresidente socialista Lambán, fallecido, de sus derrotas electorales”, criticó el líder de la oposición, para remachar que “el nivel de decencia de este ministro solo es comparable con el de la persona que le nombró. De las cosas más lamentables que he visto en política”.
Dentro del propio PSOE, figuras como Juan Antonio Sánchez Quero también reclamaron respeto al legado de Lambán y pidieron rebajar el tono del debate interno, reflejando la incomodidad de parte de la organización ante la exposición pública de las discrepancias.
Más allá del episodio concreto, el choque entre Alegría y López apunta a una cuestión estratégica de fondo, cómo afrontar la acumulación de resultados electorales adversos sin fracturar la cohesión interna. La discusión sobre si las derrotas responden a errores territoriales, a la política nacional o a una combinación de ambos factores será clave en la preparación de los próximos ciclos electorales.
En este contexto, el PSOE se enfrenta al desafío de equilibrar disciplina interna y autocrítica estratégica. Si la dirección logra convertir el debate en una revisión constructiva de su estrategia electoral, la tensión actual podría quedar como un episodio puntual. Pero si las discrepancias continúan trasladándose al espacio público, el conflicto interno corre el riesgo de consolidarse como un nuevo factor de desgaste político para el partido en los próximos meses. @mundiario