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Animales

Lecciones de supervivencia: las grajillas escuchan a los adultos para aprender de depredadores

Diego Tudares
05/03/2026 04:17:00

En la naturaleza, reconocer a un depredador puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Muchas especies animales desarrollan esta capacidad mediante la experiencia directa, pero ese aprendizaje tiene un coste evidente: equivocarse puede ser fatal.

Un estudio reciente sugiere que las grajillas —una especie de córvido altamente social— han desarrollado una estrategia más segura. Sus polluelos pueden aprender a identificar peligros escuchando a los adultos.

La investigación, publicada en la revista Biology Letters, muestra que los polluelos de grajilla pueden asociar ciertos sonidos con amenazas potenciales cuando estos aparecen acompañados de las llamadas de alarma de los adultos. El hallazgo ofrece una nueva perspectiva sobre cómo el aprendizaje social permite a los animales adquirir información vital incluso antes de enfrentarse directamente al entorno.

Las grajillas suelen criar en cavidades —huecos en árboles o edificios— que ofrecen protección frente a muchos depredadores. Sin embargo, esa seguridad es temporal. Una vez que los polluelos abandonan el nido, se enfrentan a un entorno mucho más peligroso. Aprender por ensayo y error en ese momento puede ser arriesgado.

Según los investigadores del Centro de Ecología y Conservación de la Universidad de Exeter, este contexto favorece el desarrollo de mecanismos de aprendizaje anticipado. Escuchar a los adultos y entender el significado de sus vocalizaciones puede proporcionar información clave sobre amenazas que los polluelos aún no han experimentado.

La hipótesis del estudio era que los polluelos podrían usar las llamadas de alarma de los adultos como señales que les permitan identificar sonidos asociados a depredadores.

Una estrategia adaptativa frente a nuevos riesgos

Para poner a prueba esta idea, los científicos realizaron un experimento en Cornualles, Reino Unido, con polluelos de entre 20 y 30 días de edad. En total se estudiaron 39 nidos.

Los investigadores reprodujeron grabaciones de diferentes tipos de sonidos cerca de los nidos. Por un lado, utilizaron el canto de un posible depredador de las grajillas: el azor euroasiático. Por otro, emplearon el canto de un ave que no representa amenaza para ellas: el chorlito dorado americano.

A estos sonidos se les añadieron dos tipos de vocalizaciones de grajillas adultas. En algunos casos, los cantos se acompañaban de llamadas de alarma, utilizadas por las aves para advertir de un peligro. En otros, se combinaban con llamadas de contacto, que indican una situación normal sin amenaza.

Este diseño permitía comprobar si los polluelos aprendían a asociar determinados sonidos con peligro dependiendo del contexto social en el que los escuchaban.

Los resultados mostraron un patrón claro. Los polluelos que escucharon el canto del azor acompañado por llamadas de alarma desarrollaron una reacción de vigilancia cuando el sonido se repetía más tarde. En concreto, levantaban la cabeza por encima de los hombros con mayor frecuencia, un comportamiento interpretado como señal de alerta.

En cambio, los polluelos que escucharon ese mismo canto combinado con llamadas de contacto no mostraron esa reacción de vigilancia. Tampoco aprendieron a temer el canto del chorlito dorado, incluso cuando se reprodujo junto con llamadas de alarma.

Este detalle resultó especialmente relevante para los investigadores. Sugiere que los polluelos no aprenden cualquier asociación de forma automática. Su sistema de aprendizaje parece estar orientado hacia estímulos que tienen sentido biológico, como las señales relacionadas con aves rapaces.

Evolución y aprendizaje selectivo

El estudio plantea que la evolución podría haber moldeado la forma en que las grajillas jóvenes interpretan la información social. Si los animales reaccionaran con miedo a cualquier sonido que coincidiera con una llamada de alarma, podrían desarrollar respuestas erróneas que consumirían energía y atención innecesariamente.

En cambio, el hecho de que los polluelos solo aprendan a temer ciertos estímulos sugiere que su sistema cognitivo filtra la información. De este modo, las asociaciones aprendidas tienden a concentrarse en amenazas plausibles.

Los investigadores consideran que este mecanismo puede ser especialmente útil en entornos cambiantes. Por ejemplo, el azor euroasiático está ampliando su distribución en el Reino Unido, lo que podría aumentar la probabilidad de encuentros con grajillas en algunas regiones.

La capacidad de aprender sobre depredadores antes de enfrentarse a ellos podría proporcionar una ventaja adaptativa significativa. En lugar de depender exclusivamente de la experiencia directa, los polluelos pueden adquirir información sobre el entorno a través de la observación y la escucha.

Este tipo de aprendizaje social ya se había documentado en otros animales, incluidos primates y mamíferos sociales. Sin embargo, el estudio sobre grajillas aporta evidencia clara de que este proceso también puede ocurrir en etapas muy tempranas del desarrollo. @mundiario

por KaiK.ai