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Animales

Adiós al trono de la Antártida: la mayor colonia de pingüinos del mundo se desploma

Diego Tudares
14/10/2026 10:28:00

La Antártida está experimentando una transformación ecológica que puede medirse en uno de sus símbolos más reconocibles: los pingüinos. La isla volcánica de Zavodovski, considerada durante años el hogar de la mayor colonia de pingüinos del mundo, ha perdido ese estatus después de registrar un acusado descenso de sus parejas reproductoras. La investigación publicada en Current Biology documenta una de las mayores alteraciones poblacionales observadas en un único enclave antártico y señala el calentamiento regional del océano como el principal factor detrás del retroceso.

El dato más contundente corresponde a los pingüinos barbijo (Pygoscelis antarcticus). Según el estudio, su población reproductora en Zavodovski pasó de aproximadamente 542.000 parejas en 2011 a unas 201.000 en 2025. La reducción ronda el 63 %, lo que supone una pérdida de cerca de 341.000 parejas reproductoras. Aunque la magnitud exacta debe interpretarse dentro de los métodos y periodos de observación empleados, la tendencia es inequívoca: una colonia extraordinariamente numerosa ha experimentado un retroceso de grandes dimensiones en apenas catorce años.

El cambio también ha alterado el equilibrio entre las especies que comparten la isla. Los pingüinos macaroni o de penacho anaranjado (Eudyptes chrysolophus) aumentaron más de un 28 % entre 2011 y 2016 y pasaron a ser la especie más abundante de Zavodovski. La evolución de ambas poblaciones apunta a que el mismo entorno puede ofrecer oportunidades diferentes según la capacidad de cada especie para adaptarse a las transformaciones del océano.

La colonia de pingüinos de Adelia situada en cabo Adare, en el mar de Ross, ocupa ahora el primer puesto mundial según los datos recogidos por la investigación. La pérdida del título no es, por sí misma, el aspecto más importante del hallazgo. Lo relevante es que el descenso de los barbijo revela una alteración de las condiciones que permiten a cientos de miles de parejas alimentarse, reproducirse y mantener sus poblaciones.

Para reconstruir la evolución de la colonia, seis investigadores viajaron a la isla en 2023, durante el periodo de incubación. Allí emplearon un dron multirrotor para fotografiar prácticamente toda la superficie ocupada por los nidos. Las imágenes aéreas, tomadas con una elevada resolución y con un solapamiento aproximado del 70 %, permitieron registrar miles de sectores de la colonia con suficiente detalle para distinguir las aves y sus zonas de anidación.

El equipo combinó ese material con imágenes satelitales correspondientes a distintas fechas entre 2011 y 2025, disponibles aproximadamente en intervalos de cinco años. De esta manera pudo comparar las estimaciones de población a lo largo del tiempo, en lugar de depender de un único recuento.

La cantidad de animales hacía inviable un conteo manual completo. Por eso, los investigadores desarrollaron un algoritmo capaz de procesar las fotografías y diferenciar las dos especies. El sistema aprovechó características visuales de las colonias: los pingüinos barbijo aparecen asociados a patrones de coloración y anillos de guano alrededor de sus nidos, mientras que los macaroni presentan un dorso negro y suelen agruparse en formaciones más densas.

El método ilustra cómo la combinación de drones, satélites y análisis automatizado está transformando el seguimiento de la fauna antártica. Los científicos pueden medir cambios en lugares remotos y de difícil acceso, con menos dependencia de expediciones repetidas sobre el terreno. Sin embargo, las imágenes ofrecen estimaciones basadas en la superficie y los patrones observables; su interpretación requiere tener en cuenta las fechas, las condiciones de reproducción y las limitaciones de cada técnica.

El estudio también incorporó información sobre las zonas donde los pingüinos reproductores buscan alimento, las temperaturas oceánicas y las restricciones a la pesca. Esa combinación permitió investigar no solo cuántas aves había en la isla, sino qué estaba ocurriendo en el ecosistema marino del que dependen.

El calentamiento del océano y la escasez de kril, claves de la caída

Los investigadores identifican el calentamiento regional del océano y la disminución del kril antártico como los principales factores que explicarían el declive de los pingüinos barbijo. El kril es un pequeño crustáceo que ocupa una posición esencial en la cadena alimentaria del océano Austral. Se alimenta principalmente de algas microscópicas y, a su vez, constituye una fuente de alimento para numerosas especies, entre ellas pingüinos, focas y ballenas.

Los pingüinos barbijo dependen en gran medida de este recurso. Cuando disminuye su disponibilidad o las zonas de alimentación quedan más lejos de las colonias, los adultos deben invertir más tiempo y energía en conseguir comida. Esa presión puede afectar a su estado físico, a la cantidad de alimento que llevan a sus polluelos y al éxito reproductivo. Si estas condiciones se mantienen durante varias temporadas, sus consecuencias pueden acumularse y traducirse en una reducción de la población.

El calentamiento del océano puede modificar la distribución y la abundancia del kril, así como las condiciones ambientales de las que depende. El efecto no tiene por qué ser uniforme en toda la Antártida: las corrientes, la temperatura, la disponibilidad de hielo y la productividad biológica varían de una región a otra. En Zavodovski, el equipo considera que el cambio en las condiciones de alimentación ofrece la explicación más consistente para el retroceso observado.

Los investigadores no encontraron pruebas de que la erupción volcánica de 2016 fuera la causa principal del descenso. Tampoco identificaron la competencia con las flotas pesqueras, los pingüinos macaroni o las ballenas jorobadas como la explicación dominante. Esto no significa que esas presiones sean irrelevantes en cualquier circunstancia, sino que los datos analizados no las respaldan como el factor central de esta caída concreta.

En este contexto, el comportamiento de los pingüinos macaroni ayuda a entender por qué el cambio ambiental no afecta de la misma forma a todas las especies. A diferencia de los barbijo, cuentan con una dieta más variada, lo que les ofrece cierta flexibilidad cuando escasea un recurso específico. También pueden alimentarse en áreas vinculadas a corrientes más cálidas, una capacidad que puede resultar ventajosa bajo determinadas condiciones oceanográficas.

Esa flexibilidad no los hace inmunes al cambio climático ni garantiza que sus poblaciones sigan creciendo. El aumento superior al 28 % registrado entre 2011 y 2016 describe un periodo concreto, no una tendencia necesariamente sostenida hasta 2025. Aun así, la diferencia entre ambas especies muestra que la especialización alimentaria puede convertirse en una vulnerabilidad cuando el ecosistema cambia con rapidez.

La evolución de Zavodovski plantea, además, una cuestión más amplia: la posibilidad de que algunas zonas antárticas adquieran características ecológicas más propias de regiones subantárticas. Los investigadores apuntan a esa transición como una posibilidad derivada de los cambios observados. No significa que la isla haya cambiado formalmente de clasificación climática o geográfica, sino que las condiciones marinas y las comunidades de animales podrían estar alejándose de las que históricamente definieron su ecosistema.

El estudio advierte que el declive observado podría justificar una revisión de la categoría global de conservación de los pingüinos barbijo, desde "Preocupación menor" hasta "En peligro". Esa posibilidad no equivale a una reclasificación ya aprobada. Para modificar su estatus es necesario evaluar la evolución de la especie en toda su distribución, las tendencias de otras colonias, las amenazas existentes y los criterios establecidos por los organismos internacionales de conservación.

Una caída tan pronunciada en Zavodovski constituye una señal importante, pero no permite por sí sola describir la situación de todos los pingüinos barbijo del planeta. Las poblaciones pueden evolucionar de forma diferente según la región, y para determinar el riesgo global es necesario reunir información comparable de múltiples colonias. @mundiario

por Mundiario