El mercado inmobiliario español atraviesa una de sus paradojas más evidentes: se venden menos viviendas, pero las casas siguen siendo más caras que nunca. Durante el primer semestre del año, las operaciones de compraventa descendieron respecto al ejercicio anterior, pero esta menor actividad no ha frenado la escalada de precios. En junio, el coste medio de la vivienda alcanzó por primera vez los 2.100 euros por metro cuadrado, un máximo histórico que refleja la profunda tensión entre una demanda resistente y una oferta que no logra crecer al mismo ritmo.
Los datos del Consejo General del Notariado muestran que entre enero y junio se formalizaron un 7,7% menos de compraventas que en el mismo periodo de 2025, cerca de 30.000 operaciones menos. Sin embargo, el descenso de las transacciones no ha servido para aliviar los precios. Al contrario: el metro cuadrado se situó en 2.114 euros en junio, frente a los 1.943 euros registrados un año antes, lo que supone un incremento interanual del 8,8%.
Esta evolución confirma una realidad que preocupa a quienes buscan acceder a una vivienda: el mercado no está reaccionando con una bajada de precios ante la pérdida de compradores, sino que continúa encareciéndose por la falta de inmuebles disponibles. La escasez de oferta, especialmente en las zonas con mayor atractivo laboral, turístico y demográfico, mantiene una presión constante sobre los valores residenciales.
La consecuencia más visible es que comprar una casa exige cada vez un mayor esfuerzo económico. Para muchos hogares, especialmente jóvenes y familias con ingresos medios, el acceso a la propiedad se aleja mientras aumenta la necesidad de recurrir al alquiler o prolongar la búsqueda durante más tiempo. El problema ya no se concentra únicamente en las grandes capitales: la subida empieza a extenderse hacia territorios que tradicionalmente habían tenido precios más moderados.
El encarecimiento ya no es exclusivo de Madrid o Baleares
Aunque Madrid continúa siendo el mercado más caro de España, con un precio medio de 4.104 euros por metro cuadrado, seguida de Baleares (4.056 euros) y País Vasco (3.217 euros), el fenómeno empieza a mostrar un alcance más amplio. Las zonas donde antes existía mayor margen para encontrar viviendas asequibles también están experimentando fuertes incrementos.
Cantabria fue la comunidad donde más aumentaron los precios en términos interanuales, con una subida del 41,6% en junio respecto al mismo mes del año anterior. Murcia registró un avance del 22,1% y la Comunidad Valenciana del 21%. Estos datos muestran cómo la presión inmobiliaria se está desplazando hacia nuevos territorios, impulsada por la movilidad de compradores, el atractivo turístico y la búsqueda de alternativas a los mercados más saturados.
Un mercado dividido entre quienes venden y quienes buscan comprar
La situación actual beneficia a los propietarios que deciden vender, ya que encuentran un escenario de precios elevados y una demanda todavía activa. Sin embargo, para quienes intentan adquirir una vivienda, el contexto resulta cada vez más complejo: los salarios no han acompañado el mismo ritmo que el coste de los inmuebles y la capacidad de endeudamiento se convierte en un factor decisivo.
En el extremo contrario se encuentran regiones como Extremadura, con una media de 768 euros por metro cuadrado; Castilla y León, con 899 euros, y Castilla-La Mancha, con 1.046 euros. Son territorios donde el acceso sigue siendo más económico, aunque tampoco están completamente al margen de las tensiones que afectan al conjunto del país.
La fotografía que deja el mercado inmobiliario es, por tanto, la de un país donde la vivienda se ha convertido en uno de los grandes desafíos económicos y sociales. El récord de los 2.100 euros por metro cuadrado no es solo una cifra histórica: representa la dificultad creciente para que una parte importante de la población pueda convertir el derecho a tener una casa en una realidad.
Mientras no aumente de forma significativa la oferta residencial y no se equilibre la relación entre viviendas disponibles y compradores, los precios seguirán sometidos a una presión que amenaza con transformar la forma en la que los españoles viven, compran y planifican su futuro. @mundiario