El madridismo sonríe tras conquistar un triunfo que vale su precio en oro. Se trata de una victoria de prestigio y de un mensaje alto y claro para todo el planeta fútbol, que daba por muertos a los merengues antes de que comenzara a rodar el balón sobre el césped. José Mourinho tenía un plan trazado al milímetro y su equipo lo ejecutó al pie de la letra: salvo por el despiste puntual en el tanto de Raphinha, sus pupilos se salieron con la suya en el momento más oportuno.
Este botín de tres puntos revive de golpe la carrera por el título liguero, enviando además un aviso directo al Atlético de Madrid. La victoria blanca inyecta máxima emoción a un campeonato que muchos predecían como un paseo militar o un simple saludo a la bandera por parte del conjunto azulgrana.
Y volviendo a esa palabra clave del día —oportuno—, resulta inevitable detenerse en los guarismos de Kylian Mbappé con la elástica madridista. El astro francés se vistió de héroe en el coliseo azulgrana y, gracias a su decisivo doblete, alcanzó la cifra redonda de 100 tantos defendiendo el escudo del Real Madrid, además de recortar distancias con Raphinha en la encarnizada pelea por el Pichichi de LaLiga.
Se trata, sin lugar a dudas, de un centenar de dianas con sabor dulce para un futbolista que ha encajado severas críticas en los últimos meses, pero que ha vuelto a demostrar que es capaz de marcar las diferencias en las noches de máxima exigencia. Su exhibición reafirma su condición de referente absoluto del ataque merengue en los escenarios donde se deciden los títulos.
Gracias al sacrificio colectivo, al orden táctico sobre el verde y a la eficacia letal de Kylian, el Real Madrid sale enormemente fortalecido de la capital catalana. Se confirma así una jornada inolvidable para la hinchada blanca en todo el mundo: a este equipo muchos lo daban por desahuciado, pero en la lucha por LaLiga todavía queda muchísima tela que cortar.
Matrícula de honor para Bellingham, Diomande y Cucurella
La victoria en el Camp Nou también tiene otros héroes en el bando blanco. Mención especial merece Andriy Lunin, quien sostuvo al equipo en varios tramos del encuentro cuando el Barça apretaba con mayor fiereza tras la reanudación.
Sin embargo, para repartir las medallas de honor de la velada hay que detenerse en tres nombres propios: Jude Bellingham, Yan Diomandé y Marc Cucurella.
Bellingham dirigió con maestría la medular madridista, respaldado por el despliegue de Arda Güler y la contención de Aurélien Tchouaméni. Salvo por algunas imprecisiones puntuales —donde demoró el pase y privó al equipo de un premio mayor—, el inglés firmó una exhibición pletórica en el apartado físico: generó fútbol entre líneas y destruyó el circuito creativo rival para desespero culé.
Por su parte, la dupla formada por Diomandé y Cucurella figuró entre lo más destacado del choque. Su implicación en tareas de repliegue a la hora de tapar a Lamine Yamal resultó fundamental para apagar casi por completo el peligro del joven crack azulgrana.
Además de su firmeza atrás, ambos supieron proyectarse en ataque con enorme criterio, provocando constantes dolores de cabeza a la retaguardia culé, especialmente en las salidas al contraataque que terminaron por decantar la balanza. @mundiario