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Salud

Acné, grasa y granos: cómo cuidar la piel durante la adolescencia

María P. Martínez
13/10/2026 06:00:00

La adolescencia puede convertir el espejo en un territorio incómodo. Un día aparece un granito antes de una fotografía importante; al siguiente, la frente brilla más de lo habitual o las mejillas se llenan de pequeñas imperfecciones. En una etapa en la que la imagen personal puede pesar tanto, cuidar la piel no debería convertirse en una lucha contra el propio cuerpo, sino en una forma de aprender a escucharlo.

Durante la pubertad, las variaciones hormonales estimulan las glándulas sebáceas, que producen más grasa. Cuando el sebo se acumula junto con células muertas, los poros pueden obstruirse y favorecer la aparición de puntos negros, puntos blancos y granos. Aunque estos cambios son frecuentes, no todos los adolescentes tienen las mismas necesidades cutáneas ni necesitan una colección de cosméticos para mantener el rostro saludable.

La clave está en construir una rutina sencilla, constante y adaptada a cada tipo de piel. Más productos no significan mejores resultados: en ocasiones, el exceso de exfoliantes, limpiadores agresivos o tratamientos mal combinados termina provocando irritación y empeorando las imperfecciones.

1. Limpiar el rostro sin eliminar su protección natural

La limpieza es el primer paso para retirar el sudor, la suciedad, el exceso de grasa y los restos de protector solar. Lo recomendable es utilizar un limpiador suave, adecuado al tipo de piel, por la mañana y antes de dormir, así como después de practicar deporte cuando sea necesario.

Frotar con fuerza, utilizar agua demasiado caliente o lavarse la cara repetidamente no ayuda a eliminar el acné. Al contrario, estas prácticas pueden alterar la barrera cutánea y causar sequedad, enrojecimiento y molestias. La piel necesita estar limpia, pero también conservar su capacidad natural para protegerse.

2. Usar protector solar incluso cuando no hay playa

La protección solar no es exclusiva del verano. La exposición a la radiación ultravioleta contribuye al daño cutáneo y puede favorecer la aparición de manchas, además de agravar algunas marcas que deja el acné.

Por eso, conviene aplicar cada mañana un protector solar de amplio espectro con FPS 30 o superior, preferiblemente uno que resulte cómodo y adecuado para la piel. Si se pasa tiempo al aire libre, hay que reaplicarlo aproximadamente cada dos horas y después de nadar o sudar intensamente.

Un detalle importante: si se utilizan tratamientos contra el acné que aumentan la sensibilidad al sol, seguir las indicaciones del profesional sanitario resulta especialmente relevante.

3. Hidratar también la piel grasa

Uno de los errores más extendidos entre los adolescentes es pensar que una piel brillante no necesita hidratación. Sin embargo, la producción de sebo y la hidratación son procesos diferentes. Una piel puede producir mucha grasa y, al mismo tiempo, presentar sequedad o deshidratación.

Elegir una crema ligera, no comedogénica y adecuada al tipo de piel puede ayudar a mantener la barrera cutánea en buenas condiciones. Esta medida resulta especialmente útil cuando se emplean tratamientos que resecan el rostro.

La sensación de tirantez no es una señal de que el producto esté funcionando mejor. Si la piel arde, se descama de forma intensa o permanece irritada, conviene revisar la rutina y consultar con un profesional si las molestias continúan.

4. Resistir la tentación de explotar los granos

Apretar un granito puede parecer una solución rápida, sobre todo cuando aparece en un lugar visible. Sin embargo, manipular las lesiones aumenta la inflamación y puede incrementar el riesgo de infección, manchas persistentes y cicatrices.

El acné no aparece por falta de higiene ni desaparece necesariamente con fuerza de voluntad. Intervienen factores hormonales, genéticos e inflamatorios, entre otros. Por eso, culpar al adolescente por sus imperfecciones solo añade presión a un problema que ya puede afectar a su autoestima.

En lugar de tocar las lesiones, es preferible mantener una rutina constante y buscar asesoramiento dermatológico si el acné es doloroso, deja marcas o afecta al bienestar emocional.

5. Elegir pocos productos y evitar las modas virales

Las redes sociales están llenas de rutinas de diez pasos, mascarillas caseras y recomendaciones que prometen una piel perfecta en pocos días. El problema es que un producto popular no necesariamente es adecuado para una piel adolescente.

Los exfoliantes intensos, los remedios caseros irritantes y la combinación indiscriminada de ácidos pueden perjudicar la barrera cutánea. Tampoco conviene empezar a utilizar retinoides u otros tratamientos potentes sin conocer sus indicaciones y precauciones.

Una rutina básica suele ser suficiente para comenzar: limpiador suave, hidratante y protector solar. Si hace falta tratar el acné, un farmacéutico, médico o dermatólogo puede orientar sobre los productos más apropiados según la edad, el tipo de lesiones y la sensibilidad cutánea.

6. Dormir bien y mantener hábitos saludables

El cuidado de la piel no termina en el lavabo. Dormir lo suficiente, mantener una alimentación variada, beber agua según las necesidades del organismo y realizar actividad física contribuyen al bienestar general, aunque ninguno de estos hábitos garantiza por sí solo la desaparición del acné.

También conviene retirar el maquillaje antes de acostarse, limpiar con regularidad los objetos que entran en contacto con el rostro y evitar compartir productos cosméticos. Las fundas de almohada y las toallas deben mantenerse limpias, sin convertir su lavado en una obsesión ni atribuirles toda la responsabilidad de las imperfecciones.

Una piel saludable no tiene que ser perfecta

Aprender a cuidar la piel durante la adolescencia significa adquirir hábitos útiles sin convertir cada poro en un problema. Las imperfecciones son frecuentes y no definen la higiene, el atractivo ni el valor personal de nadie.

Si el acné provoca dolor, nódulos profundos, cicatrices o un malestar emocional importante, pedir ayuda médica es una decisión sensata. Existen tratamientos eficaces y no es necesario esperar a que el problema desaparezca por sí solo.

La mejor rutina no es la que promete borrar todas las imperfecciones, sino la que protege la piel, respeta sus necesidades y puede mantenerse sin ansiedad. Porque el objetivo no es conseguir un rostro irreal, sino aprender a cuidarlo mientras el cuerpo cambia. @mundiario

por Mundiario