La gestión de la crisis sanitaria del MV Hondius ha terminado convirtiéndose en mucho más que una operación de evacuación internacional. Para Pedro Sánchez, el rescate coordinado de los pasajeros afectados por el brote de hantavirus representa una oportunidad política e ideológica enorme. No solo porque el operativo haya permitido proyectar una imagen de eficacia institucional, sino porque el presidente del Gobierno español lo ha utilizado para reforzar uno de los grandes ejes discursivos de su mandato, la defensa del multilateralismo frente al auge de los nacionalismos y del modelo político representado por Donald Trump y sus aliados internacionales.
La comparecencia conjunta de Sánchez con el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus en La Moncloa estuvo cuidadosamente diseñada para transmitir ese mensaje. La escenografía no dejó espacio para la improvisación con los logotipos del Gobierno de España y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) compartían protagonismo bajo el lema “España cumple”, una fórmula que el Ejecutivo ha repetido insistentemente en los últimos años para asociar su gestión con responsabilidad internacional, cooperación y solvencia institucional.
Sánchez quiso presentar la actuación española no únicamente como una respuesta sanitaria eficaz, sino como la demostración práctica de que las organizaciones internacionales siguen siendo útiles en un mundo crecientemente polarizado. “Este mundo no necesita más egoísmo ni más miedo, necesita países solidarios. Por eso, en cuanto recibimos la solicitud, comunicamos a la OMS que España cumpliría”, afirmó el presidente, situando la operación del MV Hondius dentro de una batalla ideológica mucho más amplia.
La crisis del crucero ha servido así como escaparate perfecto para una narrativa que el Gobierno español intenta consolidar desde hace años, la de una España como potencia media comprometida con la gobernanza global, el derecho internacional y la cooperación entre países. En un contexto internacional marcado por el debilitamiento de organismos multilaterales, Sánchez busca diferenciarse tanto de los movimientos ultranacionalistas europeos como de líderes como Trump o ultraliberales como el argentino Javier Milei, que han cuestionado abiertamente el papel de la OMS y de la ONU.
Sánchez ensalza el operativo en Canarias
No resulta casual que el presidente español subrayara durante su intervención que España respondió inmediatamente a la petición de ayuda formulada por la OMS, la Unión Europea y más de veinte gobiernos extranjeros. La intención política era presentar a España como el contrapunto a quienes defienden el repliegue nacional, el cierre de fronteras o la desconfianza hacia las instituciones internacionales.
La operación humanitaria permitió además al Gobierno reivindicar la experiencia acumulada en la gestión de crisis desde la pandemia de la covid-19. El Ejecutivo presume de haber aplicado nuevamente un modelo basado en asesoramiento científico, coordinación internacional y capacidad logística. Desde La Moncloa consideran que el despliegue en Tenerife ha reforzado la imagen de un Estado preparado para responder rápidamente a emergencias complejas.
En ese sentido, Sánchez insistió en que España es “uno de los pocos países del mundo” capaces de organizar en cuestión de horas un dispositivo sanitario y diplomático de semejante magnitud. El mensaje no solo buscaba reconocimiento exterior, sino también combatir el discurso interno de deterioro institucional que la oposición proyecta habitualmente sobre el Gobierno.
La crisis también permitió al presidente introducir un elemento emocional y patriótico cuidadosamente medido. Frente a las críticas iniciales sobre la conveniencia de aceptar el desembarco del crucero, Sánchez apeló a los millones de españoles que viajan cada año al extranjero y esperan recibir asistencia si se encuentran en una situación similar. “España ayuda cuando se lo piden porque también espera ayuda cuando la necesita”, vino a resumir el presidente.
La OMS alaba el “liderazgo ejemplar” de España
El respaldo público de Tedros Adhanom reforzó todavía más esa narrativa. El director general de la OMS elogió reiteradamente el “liderazgo ejemplar” de España y definió la actuación del país como un modelo internacional de solidaridad. “Los virus no conocen fronteras. Nuestra mayor inmunidad es la solidaridad”, afirmó el dirigente etíope, en una frase que encajaba perfectamente en el marco discursivo construido por el Ejecutivo español.
La Moncloa interpreta que la batalla política sobre el hantavirus está prácticamente ganada. Incluso las críticas iniciales del Partido Popular y del presidente canario, el nacionalista Fernando Clavijo, se han ido diluyendo conforme avanzaba la operación y se constataba la ausencia de contagios comunitarios en Canarias.
Sánchez, consciente de ello, evitó entrar en confrontación directa con Clavijo durante la comparecencia. Ni siquiera aprovechó las polémicas declaraciones sobre los “ratones nadadores” que marcaron algunos momentos de tensión con Tenerife durante la crisis. El presidente prefirió mantener un tono institucional y centrarse en el éxito del operativo.
La estrategia responde también a un cálculo electoral. En plena campaña andaluza y en un momento complicado para el PSOE en las encuestas, Sánchez intenta movilizar al electorado progresista alrededor de conceptos como cooperación internacional, ciencia, gestión técnica y solidaridad global. El Gobierno considera que estas cuestiones pueden servir como línea divisoria frente a los discursos de Vox y del resto de la derecha cada vez más influenciados por el trumpismo. @mundiario