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Automotriz

Opel Zafira: la furgoneta que quiere recuperar el lujo de viajar

Yoknell León
29/09/2026 00:17:00

El Opel Zafira ha cambiado de cuerpo, pero no de propósito. Nació en 1999 como un monovolumen derivado del Astra y se convirtió en una solución inteligente para familias que necesitaban siete plazas sin aceptar las incomodidades de los grandes vehículos de pasajeros. Hoy su silueta es completamente diferente: ya no pretende esconder que es una furgoneta. Y, sin embargo, esa transformación dice mucho sobre el automóvil actual. Mientras el mercado convirtió al SUV en símbolo de estatus y tendencia, el Zafira decidió jugar otra partida: ofrecer espacio, comodidad y capacidad de carga como argumentos principales. Según Marca, la versión GS 2.0 TD de 180 CV recupera incluso una cierta filosofía de “shuttle VIP” para viajes largos.

La historia del Zafira permite entender también cómo han cambiado las prioridades del consumidor. A finales de los noventa, el monovolumen representaba modernidad porque solucionaba un problema concreto: transportar a una familia numerosa con flexibilidad. Su sistema Flex7, capaz de ocultar la tercera fila bajo el piso, convirtió la modularidad en una de sus grandes señas de identidad. Después llegó la fiebre SUV y cambió el lenguaje de la industria. La altura, la imagen aventurera y una posición de conducción dominante pasaron a ocupar el centro de la conversación. El espacio seguía siendo importante, pero dejó de ser suficiente para vender un automóvil.

La respuesta de Opel fue convertir el Zafira en otra cosa sin renunciar a su nombre. El actual modelo pertenece a una categoría más cercana a las grandes furgonetas de pasajeros que a los antiguos monovolúmenes, una evolución que puede parecer menos emocional, pero que resulta mucho más lógica desde el punto de vista de la utilización. Aquí no hay que buscar una carrocería que disimule sus dimensiones. Al contrario: el volumen exterior se convierte en una herramienta. El resultado es un vehículo pensado para quienes necesitan transportar personas, equipaje y objetos voluminosos con una naturalidad que muchos SUV de gran tamaño no pueden igualar.

La versión GS con motor turbodiésel de 180 CV representa precisamente esa filosofía. La unidad probada puede configurarse con ocho ocupantes en disposición 2+3+3, aunque también puede transformarse en una especie de salón rodante de cinco plazas con un enorme espacio de carga. Esa posibilidad es quizá más importante que cualquier cifra de potencia. El Zafira no pretende impresionar en una carretera de curvas, sino hacer que una familia pueda salir de vacaciones sin convertir la carga del vehículo en un rompecabezas. Bicicletas, equipaje, cochecito infantil o material de acampada encuentran aquí un aliado difícil de superar.

Cuando el espacio vuelve a ser un argumento de lujo

Hay una paradoja interesante en esta clase de vehículos: cuanto más grande se vuelve el automóvil, más fácil es confundir tamaño con lujo. El Zafira demuestra que no necesariamente son la misma cosa. Su segunda fila ofrece espacio generoso para piernas, hombros y cabeza, mientras el doble techo solar panorámico aumenta todavía más la sensación de amplitud. No hay necesidad de recurrir a materiales especialmente sofisticados para generar una experiencia confortable. En determinados viajes, disponer de espacio para moverse puede resultar más valioso que tener una superficie acolchada en cada rincón.

El acabado GS intenta precisamente acercar esa experiencia a la de un turismo de categoría superior. Asientos delanteros de cuero con regulación eléctrica y masaje, faros Full LED, Head-Up Display y climatización bizona con salidas independientes para las plazas posteriores forman parte de una dotación que cambia la percepción del vehículo. Las puertas laterales correderas con apertura y cierre eléctricos añaden además una ventaja práctica que parece menor hasta que se utiliza a diario con niños o pasajeros mayores. Es una filosofía distinta al lujo tradicional: menos exhibición y más comodidad cotidiana.

El interior, sin embargo, también recuerda que estamos ante un vehículo concebido para durar y ser utilizado intensamente. Los materiales rígidos predominan en buena parte del habitáculo, aunque esa elección tiene una lectura funcional: facilidad de limpieza y una mayor tolerancia frente al desgaste cotidiano. En una familia, especialmente con niños, esa característica puede ser más útil que una colección de superficies delicadas. La tecnología tampoco pretende reinventar el automóvil. El sistema multimedia comparte la lógica utilizada en otros modelos del Grupo Stellantis y cumple con una función cada vez más importante: ser sencillo, reconocible y suficientemente rápido.

La mecánica es otro elemento que ayuda a entender el carácter del Zafira. El motor diésel de 180 CV, asociado a una transmisión automática de ocho velocidades, está pensado para mover con soltura un vehículo grande y cargado. No busca transmitir sensaciones deportivas, sino entregar fuerza desde abajo y mantener un ritmo confortable durante trayectos prolongados. En ese contexto, el diésel todavía encuentra una justificación clara: los grandes kilometrajes. La propia prueba refleja esa orientación, con más de 800 kilómetros recorridos y un consumo registrado de 5,1 litros cada 100 kilómetros bajo una conducción tranquila.

El precio introduce, finalmente, la pregunta que acompaña a cualquier vehículo de estas dimensiones. El Opel Zafira GS 2.0 TD de 180 CV parte de 47.338 euros, antes de determinados extras como la pintura metalizada. No es una cantidad menor, especialmente cuando el mercado ofrece SUV de tamaños y configuraciones muy diversas. Pero la comparación no debería hacerse únicamente por imagen o precio de acceso. El Zafira vende una capacidad concreta: transportar hasta ocho personas, ofrecer un volumen de carga extraordinario y convertir los desplazamientos largos en una experiencia mucho más relajada. Su valor depende, por tanto, de cuánto necesita realmente el comprador esas cualidades.

El detalle del pedal de freno, descrito como demasiado sensible en el primer tramo, recuerda además que ninguna filosofía de producto está libre de compromisos. También se echa en falta un apoyabrazos izquierdo para el conductor, especialmente pensando en jornadas largas al volante. Son aspectos menores frente al conjunto, pero importantes porque este tipo de vehículo se compra precisamente para pasar muchas horas viajando. Cuando el concepto central es el confort, cualquier pequeño inconveniente ergonómico adquiere más relevancia que en un automóvil destinado principalmente a trayectos urbanos.

El Zafira representa, en definitiva, una forma diferente de entender la movilidad familiar en una época dominada por los SUV. No pretende recuperar literalmente el monovolumen que triunfó hace dos décadas, porque el mercado ya no es el mismo. Su apuesta consiste en conservar aquello que hacía útil a aquella fórmula y combinarlo con la tecnología, el equipamiento y la calidad de marcha actuales. Es una evolución menos sentimental que estratégica: aceptar que las familias siguen necesitando espacio aunque hayan cambiado sus preferencias estéticas.

La pregunta que deja este Zafira va más allá de Opel. ¿Estamos ante el final de la batalla por parecer un turismo o ante una nueva valoración de la utilidad? Durante años, las furgonetas de pasajeros quedaron asociadas casi exclusivamente al trabajo, mientras los monovolúmenes intentaban ofrecer una imagen más cercana al automóvil convencional. Hoy algunas de esas fronteras empiezan a desaparecer. Cuando el consumidor necesita espacio, confort y autonomía para recorrer cientos de kilómetros, la forma de la carrocería puede importar menos que la experiencia que ofrece.

El Opel Zafira GS 2.0 TD de 180 CV no pretende ganar la guerra de las apariencias. Su argumento es más sencillo y, quizá por eso, más honesto: viajar bien, llevar mucho y hacer que las largas distancias pesen menos. En un mercado que durante años convirtió al SUV en respuesta casi universal, este tipo de vehículo recuerda que el automóvil también puede ser una herramienta antes que un símbolo. El Zafira dejó atrás el monovolumen de 1999, pero mantiene intacta una idea que sigue vigente: cuando una familia viaja de verdad, el espacio deja de ser una cifra y se convierte en calidad de vida. @mundiario

por Mundiario