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Josh D’Amaro, del arte a la cima: el ejecutivo que toma el relevo de Disney en plena revolución tecnológica

Valeria M. Rivera Rosas
04/02/2026 11:49:00

Josh D’Amaro no llegó a Disney siguiendo el camino tradicional del gran ejecutivo corporativo. Antes de convertirse en el hombre llamado a dirigir la Casa de los Sueños, pasó noches enteras soldando esculturas monumentales y soñando con una vida dedicada al arte. Aquella vocación inicial no desapareció; se transformó. Hoy, con 54 años, D’Amaro ha sido designado consejero delegado de The Walt Disney Company, culminando una carrera interna que combina sensibilidad creativa y disciplina empresarial en uno de los momentos más delicados de la historia del grupo.

Nacido en Medfield, una pequeña localidad de Massachusetts, D’Amaro se formó primero en Bellas Artes en el Skidmore College, una institución conocida por su apuesta por la creatividad. Sin embargo, una reflexión pragmática —cómo sostener una familia desde el arte— le llevó a reorientar su futuro. Se matriculó en la Universidad de Georgetown para estudiar marketing, una decisión que acabaría marcando el rumbo de su vida profesional.

Tras un breve paso por Gillette, donde el entorno corporativo le resultó demasiado aséptico, dio el salto a Disney en 1998. Entró en la división de parques y experiencias, el corazón económico del grupo, y desde ahí inició un ascenso constante. Su primer gran desafío internacional llegó en Hong Kong, donde tuvo que recomponer relaciones institucionales y comerciales en un proyecto estratégico para la compañía. Ese éxito lo situó definitivamente en el radar de la alta dirección.

La trayectoria de D’Amaro se consolidó en los parques temáticos. Dirigió Animal Kingdom en Florida y supervisó la creación de Pandora, el ambicioso mundo inspirado en Avatar; presidió Disneyland en California y más tarde el complejo de Florida, antes de asumir en 2020 la presidencia global de Disney Parks, Experiences and Products. Bajo su liderazgo, Disney ha gestionado 12 parques, decenas de hoteles y resorts y una plantilla de más de 185.000 empleados, al tiempo que aprobaba inversiones históricas: 60.000 millones de dólares para modernizar experiencias, la ampliación de la flota de cruceros y el anuncio del primer parque temático de la compañía en Oriente Medio, previsto en Abu Dabi.

Su ascenso no ha estado exento de tensiones internas. Disney es conocida por sus luchas de poder, y la sucesión de Bob Iger se convirtió en una cuestión estratégica tras el fallido relevo de 2020, cuando Robert Chapek —antiguo jefe de D’Amaro— no logró superar el impacto de la pandemia y acabó siendo sustituido por el propio Iger. Durante tres años, el veterano directivo buscó un heredero que garantizara estabilidad y visión de futuro. La respuesta estaba dentro de la casa.

D’Amaro asume ahora el timón con una agenda cargada de desafíos. La irrupción de la inteligencia artificial en los procesos creativos, la crisis del modelo de televisión tradicional —Disney es propietaria de la cadena ABC—, el enfriamiento del turismo en Estados Unidos y la pérdida de poder adquisitivo de las familias obligan a redefinir la estrategia del grupo. A ello se suma un entorno político complejo, con una relación delicada con Donald Trump y su influencia en el clima regulatorio y cultural del país.

En el plano tecnológico, D’Amaro ha demostrado una apuesta clara por la innovación. Fue uno de los impulsores de la inversión de 1.500 millones de dólares en Epic Games, con el objetivo de integrar los universos de Disney —Marvel, Star Wars, Pixar o Avatar— en el ecosistema digital de Fortnite, una señal de hacia dónde quiere llevar la compañía en la convergencia entre entretenimiento, videojuegos y experiencias inmersivas.

Su perfil también destaca por una conexión directa con los aficionados. Muy visible en redes sociales y habitual en los parques, D’Amaro se ha convertido en una figura reconocible y cercana para la comunidad Disney. Esa popularidad, sin embargo, convive con decisiones impopulares, como la subida de precios, la eliminación de servicios gratuitos y el endurecimiento del acceso para determinados colectivos, medidas que han generado críticas pero que forman parte del ajuste financiero del grupo.

La nueva etapa se completa con un movimiento histórico: Dana Walden, hasta ahora responsable del área de Entretenimiento y rival de D’Amaro en la carrera por la sucesión, será la primera presidenta creativa de Disney en más de un siglo. Bob Iger, por su parte, permanecerá hasta final de año para acompañar la transición.

Josh D’Amaro llega a la cúspide con una mezcla poco común de gestor, estratega y creador. Aquel joven que dudaba frente a una escultura inacabada es ahora el encargado de decidir cómo se contará la magia de Disney en la era de la inteligencia artificial y del entretenimiento global fragmentado. El reto no es menor: dibujar el futuro sin traicionar el sueño que hizo de Disney un icono universal. @mundiario

 

por KaiK.ai