La Unión Europea quiere cambiar las reglas del mercado energético para que consumir electricidad resulte más atractivo que utilizar gas y otros combustibles fósiles. Bruselas ha vuelto a poner el foco en los impuestos que gravan la energía y reclama a los Estados miembros que reduzcan la presión fiscal sobre la electricidad, uno de los obstáculos que frenan la electrificación de la economía.
El objetivo va más allá de acelerar la transición ecológica. La Comisión Europea considera que la electricidad debe ser más competitiva para abaratar los costes de los hogares, mejorar la posición de las empresas y reducir la dependencia europea de las importaciones de combustibles fósiles. La iniciativa se enmarca en la estrategia comunitaria para impulsar una economía menos dependiente del petróleo y del gas.
La propuesta parte de una contradicción: aunque la electricidad procedente de fuentes limpias puede ofrecer ventajas económicas y ambientales, su precio final sigue soportando una carga fiscal y unos costes de red que dificultan su adopción frente a otras fuentes de energía.
Por qué Bruselas quiere reducir los impuestos a la luz
La Comisión Europea considera que el sistema fiscal energético actual no favorece suficientemente las tecnologías más limpias. En numerosos países de la UE, la electricidad soporta una tributación superior a la del gas, lo que puede desincentivar que los consumidores cambien sus sistemas de calefacción o que las industrias sustituyan los combustibles fósiles por electricidad.
Por eso, Bruselas plantea revisar las normas europeas de fiscalidad energética y permitir que los países reduzcan determinados impuestos sobre la electricidad, incluso hasta cero en algunos supuestos, siempre dentro de las condiciones previstas en la propuesta.
La reforma también pretende eliminar incentivos fiscales obsoletos que favorecen el consumo de combustibles fósiles. No se trata únicamente de rebajar recibos, sino de modificar las señales económicas que influyen en las decisiones de consumo e inversión.
El planteamiento europeo parte de un dato significativo: aproximadamente la mitad de la factura eléctrica doméstica corresponde al coste de la propia electricidad, mientras que los peajes de red y los impuestos y gravámenes representan alrededor de una cuarta parte cada uno. Esto explica por qué una reducción fiscal puede contribuir a abaratar el recibo, aunque su efecto final dependerá de las decisiones de cada Estado miembro.
Coches eléctricos y calefacción: los grandes beneficiados
La rebaja fiscal pretende favorecer tecnologías que necesitan electricidad para funcionar, pero cuya implantación todavía se enfrenta a barreras económicas.
Entre ellas destacan los vehículos eléctricos y las bombas de calor, una alternativa a las calderas convencionales de gas. Según la Comisión Europea, utilizar un coche eléctrico puede reducir hasta un 78% el coste de conducción frente a un vehículo equivalente de combustión, mientras que sustituir una caldera de gas por una bomba de calor puede recortar hasta un 60% la factura media de calefacción de un hogar europeo.
Estas ventajas dependen de los precios de la energía, del coste de adquisición de los equipos y de las condiciones de cada vivienda. Sin embargo, Bruselas considera que una electricidad más barata ayudaría a que más familias y empresas diesen el paso hacia estas tecnologías.
La iniciativa también tiene una dimensión industrial. Las compañías que utilizan grandes cantidades de energía necesitan precios competitivos para invertir en procesos electrificados y mantener su capacidad de competir con empresas de otras regiones del mundo.
Una apuesta por reducir la dependencia energética europea
La reforma fiscal forma parte de una estrategia más amplia para duplicar la electrificación de la economía europea y disminuir la exposición a las oscilaciones internacionales de los precios del petróleo y del gas.
Bruselas también defiende modernizar las redes eléctricas, mejorar su utilización y extender los contadores inteligentes para que los consumidores puedan adaptar su consumo a los momentos en los que la electricidad resulte más barata.
El desafío consiste en conseguir que la transición energética sea económicamente atractiva, tanto para las familias como para las empresas. Si la electricidad sigue siendo relativamente cara frente a los combustibles fósiles, muchas inversiones en tecnologías limpias pueden aplazarse, incluso cuando ofrecen ventajas a largo plazo.
La apuesta de la UE es clara: reducir la penalización fiscal de la electricidad para que cambiar de tecnología no sea solo una decisión medioambiental, sino también una opción económicamente ventajosa. El alcance real de la medida dependerá de las reformas que adopten los Estados miembros y de su capacidad para trasladar los beneficios a los consumidores. @mundiario