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Cultura

El eclipse solar total de agosto: las claves del minuto que oscurecerá España por un día

Andrés Tudares
10/08/2026 02:54:00

Hay acontecimientos astronómicos que se observan y que, durante unos instantes, parecen detener el mundo. España se prepara para asistir a uno de esos fenómenos que la memoria colectiva conserva durante décadas: el Sol desaparecerá parcialmente sobre buena parte del país y, en una franja que atravesará la Península de noroeste a sureste, la Luna llegará a cubrir completamente el disco solar. Será una noche en pleno atardecer. Y durará muy poco.

El eclipse solar total del 12 de agosto de 2026 podrá contemplarse como total en cerca de 4.000 municipios, aunque la duración dependerá enormemente de la ubicación. En Derio, en Vizcaya, la totalidad apenas alcanzará unos dos segundos. En algunos puntos de Asturias, en cambio, podrá superar el minuto y medio. Navia se encuentra entre los lugares privilegiados, con alrededor de 110 segundos de totalidad.

Es una diferencia pequeña sobre el mapa, pero enorme para quien mira al cielo. La sombra de la Luna atravesará la Península de oeste a este y alcanzará España cuando el Sol ya esté muy bajo sobre el horizonte. Esa circunstancia convierte el horizonte occidental en el factor decisivo. No bastará con estar dentro de la franja de totalidad. Habrá que tener un horizonte despejado.

La tentación será mirar exclusivamente hacia arriba. Sería un error. Uno de los aspectos más fascinantes del eclipse será observar cómo cambia la Tierra alrededor del observador. La luz se transformará rápidamente, el horizonte adquirirá una tonalidad crepuscular y la temperatura podrá descender. Será una especie de puesta de sol multiplicada en todas las direcciones.

El denominado “viento del eclipse” puede aparecer como consecuencia de las variaciones de temperatura y presión provocadas por la desaparición repentina de la radiación solar. No obstante, al producirse el fenómeno al final del día, los efectos atmosféricos estarán condicionados por la propia dinámica habitual del atardecer.

El instante más esperado: la corona solar

La totalidad tendrá un protagonista indiscutible: la corona solar. Cuando la Luna tape completamente el disco del Sol, desaparecerá la luz directa y quedará visible su atmósfera exterior, normalmente imposible de observar a simple vista. Es uno de los grandes motivos por los que un eclipse total continúa teniendo interés científico.

La superficie solar ronda los 5.500 grados, mientras que determinadas regiones de la corona alcanzan temperaturas de millones de grados. El Sol estará muy cerca del horizonte. La turbulencia atmosférica, la dispersión de la luz y la propia extinción pueden reducir la nitidez de la corona. Por eso la elección del lugar será mucho más importante que la comodidad.

Los segundos inmediatamente anteriores a la totalidad concentrarán algunos de los efectos visuales más espectaculares. Primero aparecerá el anillo de diamantes, un último fragmento de luz solar que emerge junto al borde de la Luna. Después llegarán las perlas de Baily, pequeños puntos luminosos producidos por los últimos rayos del Sol que atraviesan los valles y accidentes del relieve lunar. No son únicamente una curiosidad estética. Durante décadas han servido para estudiar con precisión la topografía de la Luna.

La oscuridad repentina permitirá además descubrir algunos objetos celestes que el brillo diurno mantiene ocultos. Durante la totalidad podrán observarse, si las condiciones y el horizonte lo permiten, Júpiter y Mercurio próximos a la zona del eclipse. Será una de esas pequeñas recompensas para quienes, en lugar de limitarse a fotografiar el Sol, se tomen unos segundos para mirar alrededor.

Después del eclipse llegará otro espectáculo

Hay una regla que no debería perderse entre el entusiasmo. Nunca hay que mirar directamente al Sol sin protección adecuada. Las gafas homologadas para eclipses son imprescindibles durante las fases parciales. La única excepción es el brevísimo periodo de totalidad, cuando el disco solar queda completamente cubierto por la Luna. En cuanto aparezca de nuevo cualquier parte del Sol, las gafas deben volver a colocarse. El espectáculo durará segundos. Una lesión ocular puede durar toda la vida.

La noche del 12 al 13 de agosto tendrá un segundo protagonista: las Perseidas, la conocida lluvia de estrellas de las Lágrimas de San Lorenzo. El máximo de actividad se producirá precisamente alrededor de esas fechas, con las mejores condiciones previstas durante la madrugada. La coincidencia es casi perfecta. Primero, el cielo se oscurecerá de manera artificial durante el atardecer. Horas después, volverá a convertirse en escenario de una lluvia de meteoros. Las Perseidas proceden de partículas liberadas por el cometa 109P/Swift-Tuttle que la Tierra atraviesa cada año. Al entrar en la atmósfera a gran velocidad, esas partículas se calientan y se desintegran, produciendo los destellos que conocemos como estrellas fugaces.

El eclipse de 2026 no es un acontecimiento aislado. Forma parte de una secuencia excepcional. El 2 de agosto de 2027, otro eclipse total será visible desde Ceuta y Melilla, buena parte de Cádiz y Málaga y zonas de Granada y Almería. El 26 de enero de 2028 llegará un eclipse anular, visible desde distintas zonas del sureste peninsular. Tres años. Tres fenómenos extraordinarios. Y después, un largo silencio.

España no volverá a contemplar un eclipse solar total hasta 2053. Esa perspectiva debería cambiar la manera de entender el acontecimiento. No estamos simplemente ante una buena oportunidad para hacer una fotografía espectacular. Estamos ante una experiencia astronómica que, para muchas generaciones, será irrepetible. @mundiario

por KaiK.ai