En los institutos de Madrid, la falta de docentes no es solo una cifra alarmante, sino una realidad palpable en las aulas. Profesores sin el máster obligatorio están impartiendo matemáticas, física, química, informática o incluso latín y griego. Este fenómeno, que antes era excepcional, se ha normalizado debido a la escasez estructural de profesionales. Jesús Ruiz, graduado en Filología Clásica, relata cómo fue llamado a dar clase de manera improvisada en un instituto de Aranjuez. “Al principio fue un poco caótico”, comenta, reflejando la urgencia y falta de preparación que enfrentan muchos docentes en esta situación.
El problema no es solo administrativo, sino pedagógico. La presidenta de la Asociación de Directores de Institutos Públicos, Rosa Rocha, advierte que se reduce la calidad de la enseñanza y se traslada a los alumnos la improvisación del sistema. Las aulas no son laboratorios donde experimentar sin consecuencias; son espacios de formación que moldean el futuro de la sociedad.
Formación y experiencia no siempre coinciden
Hay quienes defienden la medida y señalan que un profesional competente puede enseñar sin máster. Elio Soria, docente de latín y griego, asegura que sus clases fueron bien recibidas pese a no tener la formación habilitante. Sin embargo, el debate no se limita a la buena voluntad de los individuos. La Sociedad Madrileña de Profesores de Matemáticas advierte que transmitir conocimientos requiere dominio profundo de la materia y técnicas pedagógicas específicas. Un ingeniero que llega a un instituto a dar Física y Química sin preparación adecuada no solo arriesga su credibilidad, sino el aprendizaje de cientos de estudiantes.
La cuestión central es que el máster de formación del profesorado no es un capricho burocrático. Garantiza competencias pedagógicas, manejo de la diversidad en el aula y comprensión de la legislación educativa. No es garantía de excelencia, pero sí un mínimo necesario para no dejar a los alumnos a la deriva.
Más allá de los parches: soluciones estructurales
La contratación de interinos sin máster es un parche temporal que refleja un problema estructural: malas condiciones laborales, escasez de incentivos y un sistema que no atrae nuevos profesionales. Mientras algunos docentes elogian la experiencia, no puede convertirse en norma. La solución requiere políticas que ofrezcan estabilidad, salarios competitivos y apoyo real a quienes eligen la docencia. También es urgente flexibilizar la formación, incorporando prácticas reales más extensas y métodos pedagógicos adaptados a la diversidad de las aulas, sin sacrificar la calidad mínima exigida.
Si queremos una educación pública fuerte, debemos invertir en ella como invertimos en un edificio: no basta con levantar paredes improvisadas, hace falta cimentar con profesionalidad y recursos. Solo así se evita que el aula se convierta en un espacio de improvisación donde el futuro de los jóvenes quede en manos del azar. @mundiario