Los delfines mulares del mar Adriático siempre han sido considerados depredadores altamente adaptables, capaces de modificar sus estrategias de caza según la disponibilidad de alimento. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Frontiers in Mammal Science sugiere que esa capacidad de adaptación está alcanzando un nivel pocas veces documentado. La investigación concluye que una gran parte de esta población parece depender de los barcos de pesca de arrastre para obtener alimento, una situación que los científicos interpretan como el reflejo de un ecosistema profundamente transformado por décadas de sobrepesca.
Lejos de tratarse de un comportamiento ocasional, los investigadores sostienen que la asociación entre los delfines y los pesqueros es constante, deliberada y cada vez más intensa. Según los autores, esta relación podría estar indicando que los cetáceos encuentran cada vez mayores dificultades para capturar presas de forma natural en un mar donde muchas poblaciones de peces llevan décadas sometidas a una fuerte presión pesquera.
Para llegar a esta conclusión, un equipo de científicos de la organización Dolphin Biology and Conservation monitorizó durante varios años la actividad de barcos de arrastre frente a las costas italianas de Véneto y Las Marcas (Marche). Entre 2018 y 2024 realizaron observaciones en la zona de Véneto y ampliaron el trabajo en 2025 a Las Marcas, acumulando un total de 859 inspecciones de embarcaciones repartidas en 148 jornadas de trabajo.
Durante cada salida fotografiaron a los delfines para identificar individualmente a los animales y analizaron con qué frecuencia seguían a los distintos tipos de barcos. Los resultados fueron especialmente llamativos.
En la región de Las Marcas, el 76 % de los barcos de arrastre de puertas (otter trawlers) observados eran seguidos por delfines. En Véneto esa cifra descendía al 26 %, una diferencia que los investigadores no logran explicar completamente, aunque consideran poco probable que responda a un sesgo del muestreo debido al elevado número de embarcaciones analizadas.
En conjunto, los delfines siguieron al 41 % de los arrastreros de puertas y al 35 % de los barcos de arrastre pelágico (midwater trawlers), mientras que apenas mostraron interés por el 1,5 % de los arrastreros de vara (beam trawlers). Los científicos creen que este último tipo de embarcación utiliza redes menos accesibles para los cetáceos y captura especies que no forman parte habitual de su dieta.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que este comportamiento no parece limitarse a unos pocos individuos especialmente acostumbrados a interactuar con barcos pesqueros.
Según explicó Silvia Bonizzoni, coautora del trabajo, las poblaciones de delfines mulares estudiadas superan conjuntamente los mil ejemplares. “Entre el 86 y el 90 % de los delfines, según la región, fueron fotografiados una o más veces mientras seguían a los arrastreros. Los indicios sugieren que la mayoría de una comunidad relativamente grande de delfines busca alimento habitualmente detrás de estos barcos de arrastre”.
Este dato lleva a los investigadores a pensar que la dependencia de los barcos podría extenderse a buena parte de la población del Adriático.
El trabajo recuerda que los delfines han aprovechado históricamente las oportunidades que ofrecen las actividades pesqueras humanas. Es habitual que consuman peces descartados por los barcos o incluso que intenten capturar presas directamente de las redes mientras estas permanecen en movimiento. Sin embargo, los autores consideran que la intensidad observada actualmente supera con creces lo documentado décadas atrás.
Un estudio realizado en la década de 1990 en la misma región encontró que únicamente alrededor del 10 % de los arrastreros eran acompañados por delfines. Comparado con las cifras actuales, el incremento resulta notable y apunta a un cambio progresivo en la forma en que estos mamíferos obtienen alimento.
Para el investigador principal del estudio, Giovanni Bearzi, esta evolución refleja una dependencia creciente de la actividad pesquera. “La asociación deliberada, constante y a largo plazo con los arrastreros sugiere un alto grado de dependencia de esa pesquería”. El científico añade que, aunque los animales siguen buscando alimento por sí mismos cuando los barcos no faenan, durante las jornadas de pesca concentran buena parte de su actividad alimentaria alrededor de las redes.
Los investigadores sitúan el origen de este fenómeno en el deterioro acumulado del ecosistema del Adriático. Durante décadas, la pesca de arrastre de fondo ha removido continuamente los fondos marinos, alterando hábitats esenciales para numerosas especies. Paralelamente, muchas poblaciones de peces han sufrido una intensa sobreexplotación, reduciendo la disponibilidad de presas para grandes depredadores marinos.
En este contexto, los barcos pesqueros se convierten en una fuente relativamente fácil y predecible de alimento. El estudio compara esta situación con la de otros animales salvajes que modifican sus hábitos cuando escasean los recursos naturales, como ocurre con algunos osos polares que buscan comida en vertederos cercanos a asentamientos humanos.
No obstante, esa estrategia también implica riesgos. Los delfines pueden sufrir heridas al aproximarse demasiado a las redes de arrastre o quedar atrapados accidentalmente. Además, la exposición continua al intenso ruido generado por los motores y la maquinaria de los pesqueros podría afectar a su sensible capacidad auditiva y modificar aspectos fundamentales de su comportamiento.
El doctor Randall Reeves, autor principal del estudio, resume ese dilema con una conclusión significativa: “Los delfines también pueden sufrir daños auditivos provocados por la exposición crónica al ruido de los arrastreros. Es un comportamiento arriesgado. Sin embargo, encontrar suficientes presas lejos de los arrastreros en un mar sobreexplotado puede ser demasiado difícil. Parece que, para estos animales, asumir los riesgos es mejor que pasar hambre”.
A pesar de estas conclusiones, los investigadores no consideran que la situación sea irreversible. Destacan que el delfín mular es una especie especialmente resiliente y sostienen que, si los ecosistemas del Adriático logran recuperarse mediante una reducción o incluso una prohibición de la pesca de arrastre, estos cetáceos podrían volver progresivamente a patrones de alimentación más naturales. Esa recuperación también favorecería el regreso de otras especies que históricamente desaparecieron o redujeron drásticamente sus poblaciones en una de las cuencas marinas más explotadas del Mediterráneo.
Más que describir un simple cambio de comportamiento, el estudio ofrece una fotografía del impacto que décadas de transformación ambiental pueden ejercer sobre uno de los principales depredadores marinos. La creciente dependencia de los barcos de arrastre no solo revela la extraordinaria capacidad de adaptación de los delfines, sino también hasta qué punto el equilibrio ecológico de este mar ha cambiado, obligando incluso a especies altamente especializadas a modificar profundamente su forma de sobrevivir. @mundiario