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Cultura

Super Bowl: Jake Paul se pasa de frenada con Bad Bunny… y Puerto Rico le responde

Taheni Barreto Zambrano
10/02/2026 06:49:00

Donald Trump fingió indignación, pero en el fondo la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl era el tipo de regalo que su política siempre espera: un foco gigante, un símbolo fácil, un debate explosivo. Porque cuando un país se parte en dos, el que vive de la polarización no pierde… cobra. Y esta vez el Halftime Show fue el caramelo perfecto: español, bandera, mensaje, orgullo latino y un estadio entero convertido en trinchera cultural.

En esa misma ola se subió Jake Paul, que lleva años jugando a ser altavoz de un trumpismo moderno: más redes que ideología, más ruido que argumento. El problema es que esta vez no fue solo provocación. Fue desprecio. Su mensaje llamando a Bad Bunny “falso ciudadano estadounidense” y sugiriendo un boicot de audiencia sonó a lo que era: un ataque directo a la identidad puertorriqueña disfrazado de patriotismo.

Y lo más grotesco es que Jake Paul no es precisamente un ejemplo de “pureza americana”. Vive en Dorado, Puerto Rico, beneficiándose de las ventajas fiscales de la isla gracias a la ley 60, esa misma realidad que ha convertido el territorio en refugio de millonarios. Es decir: se aprovecha del sistema, pero se permite dar lecciones de pertenencia. Un tiro al pie con silenciador.

Además, el golpe era doblemente absurdo desde el ángulo comercial. Su promotora, Most Valuable Promotions, tiene como cara principal a Amanda Serrano, campeona puertorriqueña y orgullo nacional. Y la NFL, lejos de arrepentirse, trató a Bad Bunny como lo que era: la gran elección de la noche. Roger Goodell, comisionado de la liga, lo abrazó con fuerza. Traducido: la Super Bowl no vio un problema… vio un éxito.

Lo que Jake Paul no esperaba es que el primer gancho no viniera de fuera, sino de casa. Logan Paul se desmarcó con una frase sencilla y devastadora: Puerto Rico es Estados Unidos. Y que, aunque amara a su hermano, no podía respaldar esa barbaridad. Ese tipo de respuesta duele más porque no busca likes: busca poner un límite.

Pero quien realmente lo dejó en evidencia fue Amanda Serrano. Con una elegancia quirúrgica, pidió respeto, recordó que los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses y enumeró su contribución al país: ejército, ciencia, negocios, artes, deporte. Y lo hizo sin dinamitar el puente con su mecenas. Fue un “te debo mucho, pero esto no”. Una lección de dignidad sin necesidad de gritar.

¿Falso estadounidense?

Jake Paul, ya metido hasta el cuello, intentó salir del charco con una explicación larguísima: que no atacaba a Puerto Rico, que atacaba a quien “odia a Estados Unidos” y critica al ICE. Pero el daño ya estaba hecho. Porque cuando llamas “falso ciudadano” a un icono puertorriqueño en el mayor escenario del país, el mensaje se entiende solo, por mucho que luego lo maquilles.

Y el final fue todavía más revelador: horas después, Jake Paul publicó el clásico “me encanta Bad Bunny, no sé qué pasó en mi Twitter anoche”. El equivalente digital a romper un jarrón y decir que se cayó solo. Un cierre perfecto para una historia que empezó con odio performativo y terminó con arrepentimiento de plástico.

La moraleja es brutal: el Halftime Show no solo fue música. Fue un espejo. Un test cultural. Y también una prueba de poder. Bad Bunny cantó en español en el altar deportivo de Estados Unidos… y obligó a mucha gente a mostrar quién es de verdad cuando le quitan la comodidad del inglés. @mundiario

por KaiK.ai