Marc Casadó no está en crisis, pero sí en ese punto incómodo donde el Barça te quiere… sin poder prometerte lo que tú necesitas. Con 22 años y muchos menos minutos que el curso pasado, el centrocampista vive una temporada que no es mala, pero sí distinta: más intermitente, más dependiente del contexto y, sobre todo, más condicionada por la acumulación de nombres en la misma zona.
Flick le valora, el vestuario le respeta y su perfil encaja en lo que el alemán pide: intensidad, orden y fútbol sin adornos. Pero el Barça 2026-27 se ha convertido en un atasco de talento. De Jong y Pedri son intocables, Bernal viene creciendo, Gavi vuelve, aparecen jóvenes como Tommy Marqués… y hasta Eric García ha llegado a jugar por delante. Y en el Barça, cuando el “te necesito” se convierte en “ya veremos”, el futbolista empieza a mirar el mapa.
Ahí entra Arabia. No como destino definitivo, sino como atajo estratégico. Casadó no se plantea irse a perderse, sino a ganar algo que en Barcelona no se compra: minutos, protagonismo y una posición central en un proyecto. La Saudi Pro League, además, tiene una cosa que seduce incluso a los que no sueñan con ella: dinero inalcanzable y contratos que te cambian la vida en un verano.
Según Marca, el detalle clave es Jorge Mendes. Desde noviembre, el portugués es su representante, y si Mendes llama, Arabia siempre contesta. La idea sería una experiencia “de ida y vuelta”, como hicieron Veiga o Laporte: ir, cobrar, crecer en peso competitivo y regresar a Europa con otro estatus. No es romanticismo, es supervivencia moderna.
Lo que está en juego, en realidad, no es solo Casadó. Es el mensaje del Barça a su cantera. Porque Casadó no es un actor secundario cualquiera: es vestuario, es conexión con Lamine, es parte de esa generación que ha sostenido al club cuando el mercado no podía hacerlo. Si el Barça no encuentra una manera de cuidarlo con minutos reales, la vía Arabia no será un capricho: será la consecuencia lógica de un proyecto que acumula talento… pero no siempre sabe retenerlo. @mundiario