La Unión Europea enfrenta un momento decisivo. Entre la incertidumbre global y la competencia financiera de Estados Unidos, el BCE ha vuelto a insistir en la necesidad de crear un activo europeo seguro y líquido que sirva de referencia en los mercados: los eurobonos. Esta medida no es un simple tecnicismo financiero; implica que los Estados compartan riesgos y responsabilidades de manera efectiva. La ausencia de este instrumento hasta ahora ha limitado la capacidad de Europa de competir con el dólar y, en última instancia, de garantizar que la inversión y la financiación fluyan donde más se necesitan.
Los eurobonos permitirían que la deuda europea deje de depender casi exclusivamente del bono alemán como activo seguro. Esto no solo diversificaría los riesgos, sino que podría dar un impulso estratégico a la moneda única y mejorar la autonomía financiera de los países miembros. La propuesta de Carlos Cuerpo, ministro de Economía español, de aumentar significativamente el mercado de bonos de la UE para 2028, refuerza la idea de que Europa necesita una columna vertebral económica sólida para enfrentar crisis futuras.
Unión bancaria y seguridad de los ciudadanos
Si los eurobonos constituyen la base de una mayor integración financiera, el fondo de garantía de depósitos común es la pieza que protege a los ciudadanos. La unión bancaria se pensó como un trípode: supervisión común, sistema de liquidación y protección de los depósitos. Dos de sus patas ya están en marcha, pero la tercera sigue bloqueada por la falta de consenso, especialmente de Alemania. Sin este fondo, cualquier crisis bancaria podría volver a impactar de manera desigual a los ahorradores en distintos países, perpetuando la fragmentación económica.
Una Europa que comparte riesgos financieros es también una Europa más justa. Garantizar los depósitos de todos los ciudadanos por igual no es solo prudencia económica; es coherencia con la idea de ciudadanía europea. Además, un fondo de este tipo daría estabilidad al sistema bancario y reduciría la dependencia de medidas de rescate de emergencia que suelen recaer en los contribuyentes.
Innovación, regulación y el euro digital
El BCE no se limita a la deuda y los bancos. La propuesta de un euro digital busca modernizar los pagos y reducir la dependencia de empresas extranjeras como Visa o Mastercard. Al mismo tiempo, la armonización de normas y la creación del “régimen 28” para empresas innovadoras apuntan a reducir burocracias, mejorar la competitividad y fortalecer la autonomía estratégica de Europa.
Estas medidas muestran que la integración económica no es solo financiera: es un proyecto político y tecnológico. Europa necesita reglas comunes que permitan a las empresas escalar y competir globalmente, al tiempo que protegen a los ciudadanos y refuerzan la soberanía del continente.
Europa se enfrenta a un dilema: mantener estructuras fragmentadas que limitan su potencial o apostar por la unidad y la cooperación para fortalecer su economía, proteger a sus ciudadanos y asegurar su relevancia global. Los eurobonos y un fondo de garantía de depósitos son pasos concretos hacia un proyecto europeo más sólido y resiliente, donde la cooperación deje de ser una opción y se convierta en la base de la prosperidad. @mundiario