Resulta revelador que, ante un fenómeno que Galicia no ve desde hace 121 años, el discurso institucional se construya alrededor de la seguridad y no del asombro. Eso es justo lo que ocurrió en la presentación del programa de experiencias en torno al eclipse total del 12 de agosto, organizada por la Reserva de Biosfera Mariñas Coruñesas en el Pazo de Illobre de Betanzos. Debía ser una jornada de entusiasmo puro: una comarca certificada como Destino Starlight en 2023 mostrando, por fin, su gran oportunidad. Sin embargo, el mensaje que se llevó el protagonismo no fue el de la ciencia, sino el de la prudencia.
El vicepresidente de la Diputación de A Coruña, Xosé Regueira, lo resumió con una frase que conviene releer: "estamos ás portas dun eclipse total de Sol e temos que ser profesionais e intelixentes para aproveitalo". No habló de cifras de visitantes ni de retorno económico; habló de gafas homologadas, de hidratación y de protección solar. Esa insistencia, más que protocolaria, resulta reveladora de lo que realmente preocupa a la administración provincial.
Por qué la seguridad pesa más que el propio fenómeno
La cautela no es casual. Los oftalmólogos llevan semanas advirtiendo de que observar el sol sin la protección adecuada puede causar retinopatía solar, una lesión irreversible que no duele mientras se produce. La única garantía real son las gafas con certificación ISO 12312-2, capaces de filtrar el 99,99 % de la radiación visible; ni unas gafas de sol convencionales ni una radiografía sirven como sustituto, por mucho que la tradición popular insista en lo contrario.
A eso se suma un factor que pocos mencionan: en Galicia, el eclipse ocurrirá al atardecer, con el sol muy bajo sobre el horizonte occidental. Miles de personas mirando hacia el oeste, muchas de ellas desde carreteras rurales o miradores improvisados, es una ecuación que combina afluencia masiva con un terreno poco preparado para ella. Regueira lo sabe, y por eso su discurso en Betanzos se pareció más al de un gestor de emergencias que al de un divulgador entusiasmado.
Miño, laboratorio de un turismo que Galicia no había ensayado
El acto central se celebrará en el parque das Idades de Miño, un municipio de apenas 6.000 habitantes que se convertirá, durante unas horas, en punto de referencia internacional. Pantallas gigantes para seguir las fases del eclipse, telescopios solares, puntos de observación supervisados y monitores Starlight explicando cada momento clave son la respuesta de la Reserva a un reto que ninguna localidad gallega de ese tamaño ha afrontado antes.
La elección no es solo logística. Es también una apuesta de marca: capitalizar la certificación Starlight, obtenida en 2023 por la Fundación Starlight, para consolidar un modelo de astroturismo que hasta ahora era un nicho minoritario y que este verano puede convertirse en fenómeno de masas.
Una oportunidad que ya se mide en cifras
Los datos respaldan la magnitud del reto. Las búsquedas de alojamiento en los destinos situados dentro de la franja de totalidad han crecido un 830 %, y se calcula que hasta el 58 % de los viajeros interesados en el eclipse muestra también interés por actividades de astroturismo. Como precedente, el eclipse total que Chile vivió en Coquimbo en 2019 atrajo a cerca de medio millón de visitantes a una región mucho menos poblada que las Mariñas.
Para una reserva de biosfera que solo lleva tres años ostentando su certificación Starlight, este verano puede ser la prueba que decida si el proyecto se queda en anécdota institucional o se transforma en motor turístico real. De ahí que Regueira agradeciera expresamente el trabajo de las técnicas y técnicos municipales, "que están asumindo moito traballo arredor deste tema": son ellos quienes sostienen, sobre el terreno, una expectativa que se ha disparado en pocas semanas.
La sombra de 1905, o por qué nadie quiere prometer demasiado
Hay un antecedente que conviene no olvidar. El último eclipse total que Galicia pudo ver fue en 1905, y las nubes arruinaron el espectáculo en buena parte del territorio. Las estadísticas de las últimas dos décadas dan hasta un 70 % de probabilidad de cielo despejado a la hora del eclipse, un dato razonablemente favorable, pero no una garantía.
Esa incertidumbre climática explica, en parte, por qué la Diputación ha preferido construir su discurso alrededor de la seguridad y no de la promesa de un espectáculo perfecto: es la única variable que puede controlar. Si el cielo colabora, Miño y toda la Reserva de Biosfera vivirán un fenómeno que no volverá a repetirse en Galicia hasta dentro de más de un siglo. Si no colabora, al menos nadie podrá decir que faltó previsión.
El verdadero examen no es astronómico
Lo que se presentó en Betanzos no fue, en el fondo, un programa de ocio, sino un ensayo de gestión de masas bajo el paraguas de la ciencia y el paisaje. El éxito de la jornada del 12 de agosto no se medirá solo en fotografías virales ni en ocupación hotelera, sino en si, como pidió Regueira, se recuerda "con alegría" y no como el día en que la falta de previsión empañó un fenómeno que Galicia llevaba 121 años esperando.
Quienes quieran planificar su observación pueden consultar la herramienta oficial del Instituto Geográfico Nacional, que permite comprobar la hora exacta de la totalidad en cualquier punto del mapa. La cuenta atrás, a partir de ahora, ya no va sobre astronomía: va sobre cómo se organiza un país para no perderse, con garantías, algo que no volverá a ver hasta 2180. @mundiario