La Selección Española de Fútbol ya está en los octavos de final de la Copa del Mundo de 2026 tras firmar una solvente y contundente victoria ante la siempre rocosa Austria. El combinado dirigido por Luis de la Fuente espantó de un plumazo los fantasmas de las rondas del KO con un triunfo inapelable cimentado en la profundidad de sus bandas y una solidez defensiva que empieza a ser la envidia del planeta. Para entender los entresijos tácticos e individuales de este gran cruce, desgranamos la actuación de la Roja a través de lo bueno, lo feo y lo malo de la noche.
Lo Bueno: el recital de los puñales, el instinto killer y un Unai histórico
La mejor noticia del partido fue, sin lugar a dudas, la mutación de los laterales españoles en auténticos puñales ofensivos. Pedro Porro regresó al once tumbando la puerta de la titularidad con una actuación excelsa como MVP, firmando su primer gol con la absoluta y mostrando una sintonía letal con Lamine Yamal.
En el perfil izquierdo, Marc Cucurella firmó un auténtico recital participando de forma directa en los tres goles del choque; a pesar de que le anularon un tanto de forma injusta, el catalán regaló dos asistencias quirúrgicas a un Mikel Oyarzabal que no perdonó en el área y se alzó con un doblete definitivo para alcanzar las 29 dianas con España.
A este festival ofensivo se sumó el despliegue sobresaliente de Álex Baena en la izquierda y el paso al frente de Dani Olmo, cuya clarividencia entre líneas dotó a la Selección de una verticalidad demoledora. La guinda a la noche de gala en este mes de julio de 2026 la puso Unai Simón, quien vivió un primer tiempo plácido gracias al imperial nivel de Pau Cubarsí y Aymeric Laporte en el eje de la zaga. El de Vitoria apenas tuvo trabajo, pero su imbatibilidad le sirvió para dejar su registro en 519 minutos, superando la histórica marca mundial de Walter Zenga.
Lo Feo: la ansiedad de Lamine y un Rodri algo impreciso con el balón
En el apartado de notas grises, el partido dejó en evidencia que las inmensas ganas de agradar de Lamine Yamal se tradujeron, por momentos, en una evidente ansiedad por desequilibrar. El jovencísimo extremo azulgrana desbordó con peligro y trabajó en la presión, pero perdonó el gol de la tranquilidad antes del descanso al estrellar un mano a mano contra Schlager.
Asimismo, el timonel Rodri Hernández completó un clínic formidable en tareas de contención ganando siete duelos individuales y recuperando seis esféricos, pero estuvo un escalón por debajo de su finura habitual en la distribución de la posesión, cometiendo errores en la entrega inusuales en su juego.
Lo Malo: los goles anulados y las ocasiones perdonadas que pudieron costar caro
A pesar de la holgura del resultado final, el único punto negativo del duelo radicó en la falta de contundencia para cerrar el marcador de forma prematura, lo que mantuvo a Austria con hálito de vida durante fases del choque.
Los atacantes españoles perdonaron ocasiones manifiestas en el balcón del área chica e incluso el colegiado anuló hasta dos tantos de la tranquilidad de forma rigurosa, un contexto de incertidumbre que en torneos de máxima exigencia como este Mundial suele pagarse caro ante potencias de mayor enjundia.
Con todo, las notas positivas superan con creces a los lunares tácticos en un vestuario que además celebró el debut del joven Marc Pubill en el descuento. España camina con paso firme hacia los cuartos de final, sabiendo que su estructura es un búnker inexpugnable y que sus teóricos suplentes, como los revulsivos Ferran Torres o Mikel Merino, están perfectamente engrasados para cuando la pizarra lo requiera. El sueño de la segunda estrella sigue muy vivo. @mundiario