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Animales

En Kenia se hace la maleta y se evita al ganado: los leones se ven forzados a abandonar sus hábitats

Diego Tudares
22/01/2026 05:30:00

La imagen clásica de la sabana africana como un espacio donde la fauna salvaje y el pastoreo tradicional conviven en equilibrio está siendo revisada a la luz de nuevas evidencias científicas. Un estudio publicado en la revista Biological Conservation plantea que la creciente presencia de ganado en el suroeste de Kenia está empujando a los leones fuera de partes esenciales de su hábitat.

El fenómeno no se produce mediante enfrentamientos directos, sino a través de cambios sutiles en el uso del espacio, con implicaciones ecológicas y económicas de gran alcance.

La investigación, liderada por Niels Mogensen, doctorando del Departamento de Biología de la Universidad de Aarhus, se centra en las conservancies del Maasai Mara, una extensa región comunitaria de conservación conocida por su alta densidad de leones y por albergar uno de los destinos turísticos más emblemáticos de África. En estas áreas, la mayor parte de la fauna salvaje convive con grandes rebaños de ganado pertenecientes a comunidades masái.

El trabajo aborda una pregunta clave: ¿puede el simple uso humano del paisaje, sin violencia directa contra los depredadores, alterar de forma significativa el comportamiento de los leones? La respuesta que propone el estudio es afirmativa y se apoya en una base de datos inusualmente amplia.

El estudio se apoya en datos recogidos durante nueve años, lo que le otorga una solidez poco habitual en investigaciones de campo de este tipo. El equipo dividió el área de estudio en cuadrículas de un kilómetro cuadrado y, cada vez que recorría una de ellas, registraba la presencia de leones, otros depredadores y ganado, así como la distancia recorrida.

Este enfoque permitió aplicar modelos espaciales avanzados, capaces de analizar cómo la distribución geográfica del ganado influye en el uso del territorio por parte de los leones. No se trató solo de contar animales, sino de entender patrones: dónde están, cuándo están y, sobre todo, qué zonas evitan.

El hallazgo central: convivencia aparente, exclusión real

En el Maasai Mara, leones y ganado “viven por turnos”. El ganado pasta durante el día bajo la supervisión de pastores y se encierra por la noche, cuando los leones son más activos. Aun así, los datos muestran que los grandes felinos evitan sistemáticamente las zonas donde el ganado pasta con frecuencia.

Según Mogensen, los leones tienen un miedo natural tanto al ganado como a los humanos que lo acompañan. A medida que aumenta el número de reses, esa sensación de riesgo se expande por el paisaje. El resultado no es un conflicto abierto, sino un repliegue silencioso de los leones hacia áreas cada vez más limitadas.

La reducción efectiva del espacio disponible para los leones tiene varias consecuencias potenciales. Al verse forzados a abandonar zonas óptimas —como áreas cercanas a ríos o con vegetación densa—, los leones pueden acabar en hábitats menos adecuados, lo que afecta a su capacidad de caza, reproducción y descanso.

Además, el desplazamiento incrementa la probabilidad de conflictos indirectos: los leones pueden invadir territorios de otras manadas o acercarse más a asentamientos humanos, aumentando la sensación de inseguridad. Desde una perspectiva ecológica, la presión sobre un depredador ápice como el león puede alterar el equilibrio de todo el ecosistema.

El estudio se enmarca en una realidad clave de Kenia: cerca del 70 % de su vida salvaje vive fuera de los parques nacionales, en tierras compartidas con comunidades humanas. Las conservancies del Maasai Mara nacieron precisamente para compatibilizar conservación, turismo y ganadería, un modelo del que dependen económicamente muchas comunidades locales.

Sin embargo, los resultados sugieren que la coexistencia no es automática. Incluso en ausencia de caza furtiva o persecución directa, el uso intensivo del suelo puede crear “paisajes del miedo” para la fauna salvaje.

Un equilibrio cada vez más frágil

La fortaleza del estudio radica en la combinación de un largo periodo de observación, un área extensa y métodos de análisis espacial. Al cruzar la frecuencia de presencia de ganado con la de leones, los investigadores detectaron patrones consistentes de evitación que no podían explicarse por azar.

El hecho de que estos patrones se repitieran en varias áreas protegidas y a lo largo de los años refuerza la conclusión de que no se trata de un fenómeno puntual, sino de una tendencia estructural ligada al aumento del ganado.

Aunque el estudio no prescribe políticas concretas, sí aporta evidencias que alimentan el debate sobre la gestión del pastoreo en áreas de alta biodiversidad. La identificación de zonas especialmente sensibles para los leones —como refugios diurnos y corredores naturales— abre la puerta a una planificación más fina del uso del suelo, basada en datos empíricos.

Al mismo tiempo, la investigación subraya la importancia de seguir monitorizando a largo plazo cómo estos cambios afectan a la estructura social de las manadas, la supervivencia de las crías y la estabilidad de las poblaciones.

El caso de los leones del Maasai Mara ilustra un desafío más amplio en África oriental: cómo gestionar paisajes compartidos donde la presión humana crece sin eliminar por completo los grandes depredadores. El estudio muestra que la ausencia de violencia no equivale necesariamente a una coexistencia equilibrada. A veces, basta con ocupar el espacio para transformar profundamente la vida salvaje. @mundiario

por KaiK.ai