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Educación

Geometría evolutiva: el asombroso patrón cerebral que comparten los niños y monos

Diego Tudares
21/07/2026 15:31:00

Durante siglos, la geometría ha sido considerada una de las manifestaciones más sofisticadas del pensamiento humano. Desde los postulados de Euclides hasta las aplicaciones modernas en ingeniería, arquitectura o física, la capacidad para comprender relaciones espaciales parecía depender de la cultura, la educación y el lenguaje matemático. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) cuestiona esa idea desde sus cimientos.

La investigación sostiene que niños en edad preescolar, adultos pertenecientes a culturas muy diferentes y primates no humanos muestran patrones prácticamente equivalentes al identificar relaciones geométricas abstractas. El resultado no significa que los monos "sepan geometría" en el sentido académico del término, sino que poseen una intuición espacial que comparte principios fundamentales con la humana.

Se trata de un hallazgo relevante porque desplaza el debate desde la enseñanza de las matemáticas hacia una cuestión mucho más profunda: ¿hasta qué punto la capacidad para comprender el espacio forma parte de la propia evolución del cerebro de los primates?

El trabajo fue dirigido por la neurocientífica Jessica Cantlon, de la Universidad Carnegie Mellon, junto con un equipo internacional de investigadores, cuyo objetivo consistía en comprobar si diferentes especies eran capaces de reconocer similitudes geométricas sin apoyarse en elementos visuales evidentes como el color, el tamaño o la forma concreta de los objetos. Para ello, el equipo diseñó una prueba aparentemente sencilla, aunque cognitivamente muy exigente.

Los participantes observaban figuras bidimensionales en una pantalla táctil y debían seleccionar cuál compartía la misma relación geométrica que otra figura presentada previamente. La clave es que las respuestas correctas no podían deducirse por simples semejanzas visuales, sino únicamente comprendiendo relaciones espaciales abstractas.

Los monos recibían pequeñas recompensas alimenticias cuando acertaban, mientras que los participantes humanos realizaban exactamente la misma tarea adaptada al experimento.

Cuatro poblaciones muy distintas llegaron a conclusiones parecidas

Uno de los aspectos más sólidos del estudio es la enorme diversidad de participantes, ya que los investigadores compararon los resultados obtenidos por babuinos oliva, macacos rhesus, niños estadounidenses de entre tres y seis años, adultos de ese mismo país y 79 adultos pertenecientes al pueblo indígena tsimané de Bolivia.

La inclusión de la población tsimané resulta especialmente importante. Se trata de una comunidad agricultora y recolectora cuya educación formal es muy diferente de la existente en países occidentales. Esto permitió separar mejor el posible efecto de la escolarización del desarrollo cognitivo innato.

Si únicamente las personas con formación matemática tradicional hubieran obtenido buenos resultados, podría argumentarse que la geometría depende casi exclusivamente del tipo de aprendizaje escolar. Sin embargo, el estudio encontró una continuidad notable entre todos los grupos.

Uno de los mensajes centrales de la investigación es que existe una diferencia importante entre conocer matemáticas y poseer intuiciones geométricas. Mientras que las matemáticas constituyen un sistema formal lleno de símbolos, reglas y demostraciones, la intuición geométrica, en cambio, consiste en reconocer automáticamente relaciones espaciales, simetrías, proporciones o estructuras compartidas entre distintos objetos. Precisamente, esa capacidad parece aparecer mucho antes de que un niño aprenda geometría en la escuela, lo que demuestra, según los investigadores, que la educación no crea esa habilidad desde cero, sino que desarrolla una predisposición cognitiva que ya existe.

En otras palabras, el cerebro humano llegaría al aula con una base evolutiva preparada para comprender el espacio. Quizá el aspecto más llamativo del estudio sea precisamente el que destacó su autora principal, Jessica Cantlon, al explicar que la sorpresa no fue comprobar que los monos podían completar la tarea, sino que lo verdaderamente inesperado fue que niños, adultos y primates parecían utilizar patrones de razonamiento extraordinariamente similares para resolver los problemas. Ese detalle cambia por completo el significado del descubrimiento, ya que no se trata únicamente de demostrar que algunos animales poseen determinadas capacidades cognitivas.

La conclusión apunta a que humanos y otros primates podrían compartir una arquitectura mental común para procesar relaciones espaciales.

Una capacidad con millones de años de evolución

La investigación conecta, además, con numerosos descubrimientos arqueológicos. Los científicos recuerdan que existen objetos fabricados por seres humanos hace decenas de miles de años que muestran patrones geométricos cuidadosamente organizados, entre los que aparecen piedras grabadas con líneas paralelas o colmillos de mamut decorados mediante secuencias regulares de incisiones. Estos objetos indican que la sensibilidad hacia las formas y las relaciones espaciales acompaña a nuestra especie desde mucho antes de la aparición de la escritura.

Ahora, el nuevo estudio plantea que algunas de esas capacidades podrían incluso ser anteriores al propio Homo sapiens y formar parte de una herencia compartida con otros primates. Asimismo, el trabajo ofrece una perspectiva interesante para el aprendizaje infantil: si los niños ya poseen intuiciones geométricas antes de comenzar la enseñanza reglada, la escuela podría aprovechar mejor esas capacidades naturales en lugar de presentar la geometría como un conocimiento completamente nuevo.

La investigación no cuestiona la importancia de la educación matemática, sino que propone que los procesos educativos pueden construirse sobre mecanismos cognitivos profundamente arraigados en la evolución. En este sentido, comprender cómo piensan los niños antes de recibir formación podría ayudar a diseñar métodos pedagógicos más eficaces y adaptados al funcionamiento natural del cerebro.

El estudio forma parte del proyecto Primate Portal, desarrollado en colaboración entre la Universidad Carnegie Mellon y el Instituto Tecnológico de Rochester. Como parte de esta iniciativa, en el zoológico Seneca Park de Nueva York, varios babuinos interactúan voluntariamente con pantallas táctiles instaladas en su recinto, donde los animales pueden participar libremente mientras realizan sus actividades habituales, resolviendo diferentes desafíos cognitivos a cambio de pequeñas recompensas.

Los investigadores destacan incluso el caso de un babuino llamado Kalamata, que llegó a pasar varias horas consecutivas resolviendo tareas relacionadas con cantidades, patrones y geometría.

El proyecto mantiene, además, una base de datos abierta para que estudiantes y científicos puedan analizar el comportamiento cognitivo de los primates y desarrollar nuevas investigaciones. Cabe destacar que el alcance de este trabajo debe interpretarse con precisión: aunque el estudio no afirma que los monos hagan matemáticas, los autores tampoco sostienen que estos comprendan la geometría euclidiana, elaboren demostraciones o desarrollen razonamientos matemáticos comparables a los humanos.

Lo que demuestra la investigación es algo diferente: existe una capacidad compartida para detectar relaciones espaciales abstractas que probablemente precede, desde el punto de vista evolutivo, a la aparición de las matemáticas como disciplina formal. @mundiario

por KaiK.ai