La expansión de la inteligencia artificial generativa ha abierto uno de los debates jurídicos más complejos de la era digital: quién es el autor de una obra creada por una máquina.
El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha dado ahora una respuesta contundente al negarse a revisar la apelación presentada por el informático Stephen Thaler, quien pretendía registrar una imagen creada por su sistema de inteligencia artificial como obra protegida por copyright.
Con esta decisión, el máximo tribunal estadounidense reafirma un criterio que ya habían establecido instancias inferiores: solo las creaciones con autoría humana pueden recibir protección legal de derechos de autor.
El caso se remonta a 2018, cuando Thaler intentó registrar una imagen titulada A Recent Entrance to Paradise. La particularidad de la solicitud era que el autor declarado no era una persona, sino un sistema de inteligencia artificial denominado DABUS, desarrollado por el propio Thaler.
El científico argumentaba que la obra había sido generada de forma autónoma por el algoritmo, sin intervención creativa humana directa, y que por tanto el sistema debía ser reconocido como autor. Su intención era abrir un precedente legal que reconociera la capacidad creativa de las máquinas.
La Oficina de Derechos de Autor de Estados Unidos rechazó la solicitud desde el inicio. El organismo consideró que la legislación vigente exige la existencia de un autor humano para conceder protección legal a una obra. Thaler presentó varias solicitudes de reconsideración entre 2019 y 2022, todas ellas rechazadas por el mismo motivo.
Posteriormente llevó el caso ante un tribunal federal en Washington, que en 2023 confirmó la decisión administrativa y subrayó que la autoría humana es un requisito fundamental del sistema de copyright estadounidense.
El litigio continuó en instancias superiores. En 2025, el Tribunal de Apelaciones del Circuito del Distrito de Columbia ratificó el fallo y sostuvo que la ley de derechos de autor fue concebida para proteger la creatividad humana, no la producción automática de sistemas tecnológicos.
Ante esta nueva derrota, Thaler recurrió al Tribunal Supremo con la esperanza de que el alto tribunal revisara el caso y reinterpretara la legislación a la luz de las nuevas tecnologías. Sin embargo, el 3 de marzo de 2026, la Corte Suprema decidió no admitir el recurso, lo que cierra de facto el camino judicial para esta reclamación.
El razonamiento que sustenta esta postura se basa en la interpretación del propio concepto de autor dentro de la ley estadounidense. Aunque el término no aparece definido explícitamente en el texto legal, diversas disposiciones del Copyright Act hacen referencia a características que solo pueden atribuirse a personas físicas.
Los tribunales han concluido que estas referencias implican que el legislador pensaba exclusivamente en creadores humanos cuando diseñó el sistema de protección.
La Oficina de Derechos de Autor también ha desarrollado directrices específicas sobre el uso de inteligencia artificial en la creación artística. En una guía publicada en 2023, el organismo explicó que las obras generadas exclusivamente por sistemas de IA no cumplen los requisitos para recibir protección legal. Incluso cuando un usuario introduce instrucciones complejas o refinadas, el resultado final depende en gran medida del funcionamiento interno del algoritmo y de la interpretación que este haga de las órdenes.
Por ello, la expresión creativa se atribuye al sistema automatizado, no a la persona que introduce los comandos.
La decisión del Supremo se produce en un momento en que la inteligencia artificial está transformando el panorama creativo y cultural. Herramientas capaces de generar textos, música o imágenes se han extendido rápidamente, lo que ha provocado conflictos legales con artistas, empresas culturales y plataformas tecnológicas.
Disputas como la de estudios de animación o ilustradores que denuncian el uso de sus estilos para entrenar modelos generativos han intensificado la discusión sobre la propiedad intelectual en la era de la IA.
Para los defensores de la postura de Thaler, negar derechos de autor a obras creadas por inteligencia artificial podría tener consecuencias económicas y tecnológicas. Sus abogados sostienen que, si los resultados producidos por sistemas autónomos no pueden protegerse legalmente, las empresas y desarrolladores podrían tener menos incentivos para invertir en este tipo de herramientas creativas. @mundiario