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Deportes

El United vive de la épica y se alimenta de nostalgia

Taheni Barreto Zambrano
11/02/2026 00:36:00

Hubo un tiempo en que el Manchester United medía su grandeza con el frío metal de la Premier y el brillo europeo de la Champions. Hoy, enlazar cinco victorias consecutivas se siente como una rareza, casi como un premio de consolación. Desde que Sir Alex Ferguson se marchó, el club no solo perdió un entrenador: perdió una identidad, una forma de estar en el mundo, una certeza.

Michael Carrick, con su 1-4-2-3-1, ha logrado algo que en Old Trafford ya se celebra como si fuera una revolución: coherencia. El plan tiene lógica, el equipo tiene orden y, lo más llamativo, el United ha sido capaz de ganar a rivales de peso como City y Arsenal. Pero el empate ante el West Ham en Londres revela la grieta que nunca desaparece: este United sigue viviendo más del relato que del dominio.

Porque el gol agónico de Zirkzee en el 96’ no fue una declaración de poder. Fue un salvavidas. Un alivio. La típica escena que antes alimentaba leyendas… pero que ahora tapa carencias. Y ahí está el matiz que duele: el United ya no llega al descuento para rematar a los rivales, llega para salvarse a sí mismo.

El problema no es el punto, ni siquiera el resultado. El problema es el espejo. El contraste con el pasado es tan brutal que casi parece injusto compararlo. Antes, el United era un rodillo emocional y futbolístico, capaz de imponerse incluso jugando mal. Ahora, cuando el rival se cierra y obliga a pensar, el equipo se vuelve frágil, lento, previsible. Y cuando toca defender una ventaja, siempre parece que la pelota quema.

Old Trafford vive atrapado entre dos tiempos. El de la nostalgia, que no se quiere ir, y el de la reconstrucción, que avanza con pasos cortos. La afición quiere volver a sentirse parte de un gigante, pero la realidad es que el club se ha convertido en un aspirante más, un equipo que lucha por la Champions como si fuese un destino y no una obligación.

Carrick ha dado un paso en la dirección correcta, sí. Pero mientras este United siga dependiendo de goles milagrosos y de épicas de última hora, seguirá siendo un reflejo de lo que fue. El verdadero reto no es sumar puntos: es recuperar la convicción. Que ganar vuelva a ser norma. Que el miedo vuelva a estar en el rival, no en la grada.  El United ya no mide su grandeza en títulos… sino en sobrevivir en el 96’. Carrick ordena, sí, pero el empate ante el West Ham deja un mensaje: Old Trafford vive de nostalgia. @mundiario

por KaiK.ai