La campaña electoral andaluza entra en su recta final con un escenario político cada vez más polarizado en torno a la posibilidad de que Juanma Moreno revalide la mayoría absoluta del PP en la Junta. Mientras las encuestas sitúan a los populares al borde de los 55 escaños necesarios para gobernar en solitario, Génova intenta contener la euforia y evitar un exceso de confianza. En paralelo, Vox endurece su posición negociadora y deja claro que no facilitará una investidura gratuita si sus votos resultan imprescindibles. El desenlace del 17 de mayo no solo definirá el futuro político de Andalucía, sino también el equilibrio estratégico de la derecha española de cara a las próximas elecciones generales.
La campaña de las elecciones andaluzas ha entrado en una fase donde el principal debate ya no gira tanto sobre quién ganará los comicios, sino sobre cómo lo hará. Las distintas encuestas publicadas durante los últimos días coinciden en que el Partido Popular de Moreno mantiene intactas sus opciones de conservar el Gobierno andaluz y se mueve en la frontera exacta de la mayoría absoluta. Sin embargo, la experiencia política reciente ha llevado tanto al presidente andaluz como a Alberto Núñez Feijóo a optar por un mensaje de cautela calculada.
El PP sabe que una campaña aparentemente cómoda puede transformarse en un problema si parte de su electorado considera que la victoria está asegurada y decide relajarse en la movilización. De ahí que los dirigentes populares insistan públicamente en que “no hay nada hecho”, pese a que los sondeos dibujan un escenario extraordinariamente favorable para el presidente andaluz.
La estrategia de Moreno continúa apoyándose en una disyuntiva de estabilidad o incertidumbre. El presidente andaluz ha convertido la idea de gobernar en solitario en el eje vertebrador de toda la campaña. El mensaje es transparente: una mayoría absoluta permitiría evitar pactos incómodos y garantizar un Ejecutivo sin tensiones internas, frente a la posibilidad de gobernar con Vox o verse obligado a negociar permanentemente.
Ese planteamiento conecta además con la hoja de ruta que Feijóo intenta consolidar a nivel nacional. El líder del PP observa Andalucía como un laboratorio político de cara a unas futuras elecciones generales. El modelo Moreno —moderado en las formas, centrado en la gestión y menos abrasivo en el discurso— es el espejo en el que Génova desea mirarse para ampliar su base electoral en el centro político.
Vox descarta una abstención
Precisamente por eso, el PP ha rebajado notablemente el tono de confrontación en las últimas semanas. Incluso asuntos que podrían haber servido para intensificar el choque con el Gobierno central, como la crisis sanitaria del hantavirus o la polémica sobre la coordinación institucional en Canarias, han sido tratados finalmente con mucha más contención de la habitual. Génova parece haber concluido que el votante andaluz premia la moderación y castiga el exceso de crispación.
La prudencia popular contrasta, sin embargo, con el discurso mucho más contundente de Vox. La formación de Santiago Abascal ha decidido marcar territorio antes incluso de conocer los resultados definitivos. El mensaje lanzado por su portavoz nacional, José Antonio Fúster, ha sido inequívoco: si el PP necesita sus votos para investir a Moreno, no habrá abstención automática.
“En ningún caso”, ha dicho el portavoz de los ultras al ser preguntado este lunes si Bambú daría luz verde para que sus diputados se abstengan y permitan la investidura de Moreno, en caso de necesitarlo. “Vamos a negociar. Ojalá no sea por uno o dos, sino por cinco o diez” escaños, avanzó Fúster, y ha remachado con que “el tiempo de la abstención no existe”.
Vox quiere dejar claro que no repetirá estrategias pasadas en las que facilitó gobiernos conservadores sin obtener cuotas de poder equivalentes. La experiencia en comunidades como Extremadura o Aragón ha reforzado la convicción del partido de que la presión negociadora funciona y de que el PP termina aceptando parte de su agenda cuando depende de sus escaños. Por ello, los ultras quieren rematar el ciclo electoral en el que consiguieron arrinconar a María Guardiola y a Jorge Azcón para implementar su “prioridad nacional”, pero desde Castilla y León las previsiones de los candidatos de Abascal se han moderado considerablemente.
El PSOE no levanta cabeza
En Andalucía, Vox aspira a reeditar ese mismo esquema, aunque las encuestas limitan considerablemente sus expectativas. Los sondeos coinciden en que la formación de Manuel Gavira se mantiene estancada, lejos del crecimiento experimentado en otros territorios durante el último ciclo electoral. Esa pérdida de impulso explica también el endurecimiento del discurso, ya que cuanto menor sea su peso parlamentario, mayor será la necesidad de demostrar utilidad política ante sus votantes.
La paradoja de la campaña es que Vox podría terminar siendo decisivo incluso sin crecer. Si el PP se queda en 53 o 54 escaños, Moreno necesitaría necesariamente el respaldo de la formación de Abascal para seguir gobernando. Y ahí comenzaría una negociación compleja en la que Vox intentaría imponer parte de sus prioridades programáticas, desde políticas migratorias hasta medidas de seguridad o reformas administrativas.
El PSOE, mientras tanto, observa esta disputa desde una posición incómoda. La candidatura encabezada por María Jesús Montero no logra alterar la dinámica demoscópica negativa y las encuestas sitúan a los socialistas cerca de su peor resultado histórico en Andalucía. La dirección socialista intenta movilizar al electorado progresista apelando al deterioro de los servicios públicos, especialmente la sanidad, pero por ahora el mensaje no parece suficiente para alterar el predominio del PP.
A la izquierda del PSOE, tanto la confluencia Por Andalucía como Adelante Andalucía parecen resistir mejor de lo previsto. Ambas formaciones muestran cierta capacidad de crecimiento, aunque la fragmentación continúa penalizando sus posibilidades reales de convertirse en una alternativa competitiva. El espacio progresista aparece así dividido, mientras la derecha concentra la mayor parte del impulso electoral. @mundiario