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Educación

Por qué España pierde a sus mejores científicos y qué pasa cuando no vuelven

Mónica Martínez
20/03/2026 07:28:00

Cada año, decenas de investigadores españoles con formación de élite cogen un avión y se van al extranjero. Muchos lo hacen con ilusión, con ganas de aprender, de conocer otros sistemas científicos y otras formas de hacer preguntas. No huyen: eligen. Y esa elección, cuando se hace con la mente abierta, es una de las mejores decisiones que puede tomar un científico joven.

El problema no es que se vayan. El problema es cuando no pueden volver.

Marisol Soengas lo vivió en primera persona. Nació en una aldea de Agolada, estudió en A Coruña, se formó en Madrid con Margarita Salas y cruzó el Atlántico hacia Cold Spring Harbor y la Universidad de Michigan. "Yo quería irme desde antes de terminar la tesis", reconoce en el podcast de Mundiario. No fue una huida: fue una decisión tomada con entusiasmo y con la convicción de que formarse fuera era imprescindible. Hoy dirige el grupo de melanoma del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y es una de las investigadoras más reconocidas de Europa. Pero su historia podría haber terminado de otra manera. Y la de muchos otros termina así.

Irse no es el problema. No volver, sí

Soengas es muy clara en el podcast de Mundiario cuando habla de la fuga de talento: el problema no es que los investigadores se vayan. El problema es que no vuelven. Y hay una diferencia enorme entre las dos cosas.

Irse a formarse fuera es, en muchos casos, la mejor decisión que puede tomar un científico joven. Soengas misma lo recomienda sin dudarlo: "Si quieres irte, vete, pero vete con la mente abierta." La exposición a otros sistemas, otras culturas científicas y otras formas de hacer preguntas es irreemplazable. Lo que aprendió en Estados Unidos —la ambición para hacerse preguntas grandes, el networking, la capacidad de contar la ciencia— no lo habría aprendido en ningún otro sitio.

El problema es cuando ese viaje no tiene vuelta. Cuando el investigador mira hacia España y no encuentra las condiciones mínimas para desarrollar su carrera: financiación estable, infraestructuras competitivas, salarios dignos y una burocracia que no consuma el tiempo que debería dedicarse a investigar.

Lo que España ofrece y lo que no puede ofrecer

Soengas habla sin eufemismos sobre la diferencia económica entre lo que ganaba en Estados Unidos y lo que gana ahora en España. "Mucho más del doble", dice. Y sin embargo volvió. Pero volvió porque el CNIO era uno de los mejores centros del mundo en su área, porque tenía un proyecto científico claro y porque llegó con un laboratorio ya en marcha desde Estados Unidos. "Haber vuelto con un laboratorio en marcha es muy diferente a volver con un laboratorio empezando en España, que es muy complicado", explica.

Ese matiz es fundamental. Soengas pudo volver porque tenía el respaldo suficiente para hacerlo en condiciones. Muchos investigadores no lo tienen. Y cuando el sistema no ofrece las condiciones mínimas para que el talento se instale, el talento se queda donde sí las encuentra.

El resultado es un país que invierte en formar a sus mejores investigadores durante años y luego ve cómo ese conocimiento, esas patentes y esas publicaciones enriquecen a otros países. "Nosotros fuimos a Estados Unidos y allí contribuimos, generamos patentes, generamos publicaciones y conseguimos que ese país funcionara mejor", dice Soengas. "Pues eso mismo podría pasar aquí si tuviéramos las condiciones".

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El otro problema: no sabemos atraer talento de fuera

La fuga de talento tiene una cara que se habla poco: la dificultad de España para atraer investigadores internacionales de alto nivel. No se trata solo de retener a los propios. Se trata también de ser un destino atractivo para los mejores del mundo, como lo es Alemania, el Reino Unido o los Países Bajos.

Soengas lo señala con precisión: "Me da pena que no seamos capaces de atraer talento extranjero, igual que nosotros fuimos a Estados Unidos y contribuimos." El problema, dice, no es la capacidad científica española ni la calidad de sus centros. Es la infraestructura, la burocracia y la falta de competitividad en condiciones laborales. "No somos suficientemente competitivos, no porque no tengamos la capacidad, sino porque no tenemos a veces ni la infraestructura ni la burocracia ágil que necesitamos."

Un país que no puede retener a los suyos ni atraer a los de fuera está jugando con una desventaja estructural que se paga en décadas, no en años.

Qué hay que cambiar: tres propuestas concretas

Soengas no se limita al diagnóstico. En el podcast detalla con claridad qué habría que hacer para revertir esta situación.

Primero, financiación a medio y largo plazo. España nunca ha alcanzado la media europea en inversión en I+D. La Asociación Española de Investigación sobre Cáncer, que Soengas preside, pide duplicar los presupuestos para investigación y alcanzar al menos el 2,5% del PIB, con el 3% como objetivo real. Pero no basta con el dinero: tiene que ser una financiación estable, planificada a varios años vista, no sujeta a los ciclos electorales. "Hay que pensar a medio plazo", insiste. "No a dos o tres años en función del partido político y el periodo de elecciones."

Segundo, colaboración público-privada real. La ley de mecenazgo, que facilita que empresas y particulares donen a la investigación con beneficios fiscales, es una herramienta que está infrautilizada en España. Soengas defiende que hay que simplificarla y potenciarla para que el tejido empresarial español se implique en financiar la ciencia que luego va a necesitar.

Tercero, apoyo al talento joven y al talento extranjero. No solo facilitar que los investigadores españoles vuelvan después de su etapa en el exterior, sino crear las condiciones para que investigadores de cualquier país quieran venir. Eso implica salarios competitivos, procesos de contratación ágiles y una burocracia que no consuma años de trámites antes de que un científico pueda ponerse a trabajar.

El ejemplo del COVID: cuando se quiere, se puede

Soengas tiene un argumento que desarma cualquier excusa. Cuando el mundo necesitó una vacuna contra el COVID con urgencia, la ciencia respondió en tiempo récord. En dos meses se secuenció el virus. En tres se empezaron a desarrollar vacunas. Ese mismo año se probaron en millones de personas. ¿Cómo fue posible? Porque se dedicaron recursos, se eliminaron trabas burocráticas y se entendió que la ciencia era una prioridad nacional, no un lujo.

"El COVID es el ejemplo más bueno de cómo países y entidades que habían invertido en ciencia avanzaron muy rápido", dice. "Porque ya había un trabajo de campo detrás." La lección es clara: la ciencia no da frutos de un día para otro. Pero cuando los da, los da para todos. Y los países que habían invertido antes estaban en condiciones de responder antes.

España tardó más. No porque sus científicos fueran peores. Sino porque el sistema estaba menos preparado.

Lo que se pierde cuando se pierde un investigador

Hay una dimensión de la fuga de talento que las estadísticas no capturan. Cuando un investigador de alto nivel se va y no vuelve, no se pierde solo su trabajo. Se pierde el laboratorio que habría montado, los estudiantes que habría formado, las empresas que habrían nacido de sus descubrimientos y el conocimiento que habría generado durante décadas.

Soengas lo sabe porque ella misma es el ejemplo del camino contrario. Su grupo en el CNIO ha formado a investigadores que hoy tienen sus propios laboratorios, ha generado patentes que han dado lugar a una biotecnológica con ensayos clínicos activos y ha contribuido a cambiar el pronóstico del melanoma para pacientes de todo el mundo. Todo eso habría ocurrido en otro país si las condiciones no hubieran sido las adecuadas para que volviera.

"Me da pena la gente que es muy buena, que tiene talento, que tiene ganas, pero que no encuentra", dice en el podcast. Y añade algo que debería resonar en cualquier despacho donde se tomen decisiones sobre política científica: "Hay que apoyar a esta gente joven. El talento joven está ahí. La pregunta es si vamos a saber retenerlo".

Marisol Soengas profundiza en este tema y en muchos otros —desde los últimos avances contra el melanoma hasta su experiencia personal como paciente de cáncer— en el podcast de Mundiario, disponible ahora en todas las plataformas. Escucha aquí el episodio completo con Marisol Soengas. @mundiario

por KaiK.ai