La lucha contra el cáncer entra en una fase decisiva en Cataluña. Lo que durante años fue una promesa en laboratorios —enseñar al propio sistema inmunitario a reconocer y destruir tumores— empieza ahora a probarse en personas con tumores sólidos, uno de los grandes retos aún no resueltos de la oncología moderna. El ensayo clínico que arranca en Barcelona no solo mide la eficacia de una nueva terapia, sino también la capacidad de la ciencia para reescribir las reglas del combate contra la enfermedad.
En el Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO), un equipo liderado por el investigador Joaquín Arribas ha iniciado el ensayo de fase 1 de una terapia CAR-T de última generación dirigida contra tumores que expresan la proteína HER2. Se trata de una estrategia radical: extraer células inmunitarias del propio paciente, modificarlas genéticamente en el laboratorio para convertirlas en “cazadoras” de cáncer y reintroducirlas en el organismo con una misión precisa.
Hasta ahora, este tipo de terapias ha demostrado resultados notables en cánceres hematológicos, como ciertas leucemias. Sin embargo, su aplicación en tumores sólidos —como el de mama, colon o algunos gástricos— ha sido limitada y compleja. La dificultad radica en que estos tumores desarrollan mecanismos para esconderse o resistir el ataque inmunitario, convirtiéndose en auténticas fortalezas biológicas.
El avance catalán intenta romper ese blindaje. La clave está en identificar una característica exclusiva de las células tumorales, en este caso la variante p95HER2, que no está presente en las células sanas. Esto permite dirigir el ataque con precisión quirúrgica, reduciendo el riesgo de dañar tejidos normales, uno de los principales temores en terapias de este tipo. El ensayo, bautizado como CATHERINE, se inicia con una quincena de pacientes que ya han agotado las opciones terapéuticas convencionales. Para ellos, esta investigación no es solo ciencia: es una última puerta abierta.
Un cambio de paradigma en oncología
La terapia CAR-T representa una transformación profunda en la forma de entender el tratamiento del cáncer. Ya no se trata únicamente de destruir células malignas con fármacos o radiación, sino de convertir al propio cuerpo en el agente activo de la curación. Es, en esencia, una reprogramación del sistema inmunitario.
Este enfoque plantea una pregunta incómoda pero inevitable: ¿estamos ante el principio del fin de algunos cánceres tal y como los conocemos? Aunque la prudencia domina el discurso científico, los resultados preclínicos invitan al optimismo. En modelos animales, los tumores desaparecieron por completo sin efectos secundarios significativos.
La esperanza frente a la incertidumbre
Sin embargo, el paso del laboratorio al paciente siempre implica riesgos. La investigadora Irene Braña advierte a RTVE de que esta terapia está reservada, por ahora, a pacientes con una alta capacidad de tolerancia, ya que requiere una fase previa de quimioterapia para preparar el organismo.
Además, el ensayo se encuentra en una fase temprana, centrada en evaluar la seguridad y las dosis adecuadas. Los resultados definitivos tardarán al menos dos años en llegar. En ese tiempo, la comunidad científica observará con atención cada avance, cada respuesta, cada posible efecto adverso.
Una terapia para múltiples tumores
Uno de los aspectos más prometedores de esta estrategia es su potencial aplicación en distintos tipos de cáncer. La proteína HER2 está presente en aproximadamente el 20% de los tumores de mama, pero también en una proporción significativa de cánceres gastrohepáticos y, en menor medida, de colon.
Esto convierte a la terapia en una posible herramienta transversal, capaz de beneficiar a pacientes con diferentes diagnósticos, pero una misma diana molecular. En un contexto donde la medicina personalizada gana terreno, este tipo de tratamientos refuerza la idea de que el futuro no se basará tanto en el órgano afectado como en las características biológicas del tumor.
Ciencia, inversión y futuro
El desarrollo de esta terapia ha sido posible gracias a la financiación de la Asociación Española Contra el Cáncer, junto con el apoyo de entidades como Ausonia y la Breast Cancer Research Foundation. Detrás del avance hay años de investigación, inversión sostenida y una apuesta clara por la innovación biomédica.
Pero también hay una dimensión más profunda: la de los pacientes que participan en el ensayo. En ellos se concentra la tensión entre la esperanza y la incertidumbre, entre el riesgo y la posibilidad de abrir un camino que beneficie a miles de personas en el futuro.
La historia de la oncología está llena de avances que comenzaron como ensayos pequeños, casi experimentales. Algunos fracasaron. Otros cambiaron el curso de la medicina. Este nuevo paso de la terapia CAR-T hacia los tumores sólidos podría pertenecer a esta segunda categoría. O al menos, eso es lo que hoy, en silencio, empieza a escribirse en los laboratorios de Barcelona. @mundiario