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Universo

El corazón del planeta esconde decenas de océanos de hidrógeno

María P. Martínez
11/02/2026 00:27:00

Durante siglos, el hidrógeno ha sido una paradoja planetaria. Es el elemento más abundante del universo, el combustible de las estrellas y la materia prima de galaxias enteras. Sin embargo, en la Tierra apenas aparece libre: unas trazas en la atmósfera que escapan al espacio y el resto, aprisionado en el agua de los océanos o en los hidrocarburos fósiles. Demasiado poco para un planeta que nació del mismo material que el resto del cosmos.

Esa contradicción —un planeta pobre en el elemento más abundante del universo— ha inquietado durante décadas a geólogos y físicos. ¿Se perdió el hidrógeno en los primeros compases de la formación terrestre? ¿Nunca llegó en grandes cantidades? ¿O simplemente está donde no podemos verlo?

Un trabajo publicado en Nature Geoscience apunta con fuerza a esta última posibilidad. Según sus cálculos, el núcleo de la Tierra podría albergar cantidades colosales de hidrógeno: decenas de veces más de las que existen en todos los océanos del planeta. No como gas ni como agua líquida, sino disuelto en el hierro fundido que late bajo nuestros pies.

La idea es tan perturbadora como fascinante. Mientras la humanidad observa el cielo en busca de agua y vida en otros mundos, podría estar viviendo sobre un reservorio gigantesco de hidrógeno oculto en las profundidades, completamente inaccesible, pero clave para entender por qué la Tierra es como es.

El núcleo terrestre, más ligero de lo que debería ser

Desde hace tiempo se sabe que el núcleo de la Tierra no encaja del todo con los modelos clásicos. Está compuesto principalmente por hierro y níquel, pero su densidad es menor de la esperada. Algo lo aligera. Durante años se barajaron candidatos: carbono, oxígeno, azufre. El hidrógeno, pese a ser omnipresente en el universo, parecía un invitado improbable.

Sin embargo, precisamente por su abundancia cósmica, su ausencia resultaba sospechosa. Si la Tierra se formó a partir del mismo material que los meteoritos primitivos, ¿cómo explicar que el hidrógeno no dejara rastro en su interior?

Un experimento extremo para un lugar inaccesible

Para responder a esa pregunta, un equipo de investigadores de la Universidad de Pekín y la Escuela Politécnica Federal de Zúrich decidió recrear el infierno terrestre en el laboratorio. Presiones de más de 100 gigapascales —millones de veces superiores a las de la superficie— y temperaturas cercanas a los 5.500 grados.

Utilizaron celdas de yunque de diamante, capaces de aplastar muestras microscópicas de hierro mientras un láser las llevaba al límite térmico. En esas condiciones, observaron cómo el hidrógeno migraba desde el silicato fundido —una analogía del magma del manto— hacia el metal, integrándose en su estructura.

La tecnología que permitió “ver” el hidrógeno

Detectar hidrógeno en una muestra de apenas micras es un desafío monumental. Para lograrlo, recurrieron a la tomografía de sonda atómica, una técnica capaz de mapear átomos individuales. Gracias a ella, pudieron cuantificar algo casi invisible: la presencia del elemento más ligero de la tabla periódica en el hierro sometido a condiciones del núcleo terrestre.

El resultado fue contundente: si esos procesos se repiten a escala planetaria, el núcleo de la Tierra contendría entre un 0,07% y un 0,36% de hidrógeno en peso. Traducido a una escala comprensible, eso equivale a entre 9 y 45 océanos de agua.

Un planeta distinto gracias a su interior

La implicación va más allá de una cifra espectacular. Si el hidrógeno y el agua pueden almacenarse en el interior profundo y comunicarse —aunque sea lentamente— con la superficie, eso podría explicar por qué la Tierra mantuvo océanos durante miles de millones de años, mientras Marte los perdió.

El interior del planeta dejaría de ser un simple motor térmico para convertirse en un regulador químico a largo plazo, capaz de alimentar volcanes, atmósferas y océanos. Un sistema oculto que habría marcado la diferencia entre un mundo vivo y uno muerto. @mundiario

por KaiK.ai