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Animales

De los chimpancés a los insectos: la cognición animal amplía sus límites

Víctor García Marrero
05/06/2026 00:33:00

A comienzos del siglo XX, los experimentos del psicólogo Wolfgang Köhler con chimpancés marcaron un antes y un después en la forma de entender la mente animal. El caso de Sultán, un chimpancé que logró apilar cajas para alcanzar unos plátanos colgados, cuestionó la idea dominante de que los animales solo aprendían por ensayo y error. Aquella escena, casi improvisada, abrió una grieta en la ciencia de la época, dominada por el condicionamiento clásico de Pavlov.

Hoy, más de un siglo después, la investigación en cognición animal ha avanzado hasta lugares inesperados. No solo los primates o algunas aves muestran capacidades complejas, sino también especies mucho más pequeñas, como los abejorros. Este cambio de mirada no es menor, porque obliga a replantear qué entendemos por inteligencia cuando el cerebro es diminuto pero la conducta resulta sorprendentemente flexible.

Experimentos que revelan una estrategia inesperada en insectos

Un estudio reciente desarrollado por investigadores de la University of Oulu ha demostrado que los abejorros de la especie Bombus terrestris son capaces de resolver problemas utilizando objetos como herramientas.

En los experimentos, los insectos debían mover pequeñas bolas hasta situarlas bajo flores artificiales con una recompensa de agua azucarada inaccesible desde el aire.

El resultado fue llamativo. Los individuos con cierta experiencia previa lograron resolver la tarea en un 73 por ciento de los casos, mientras que aquellos sin ese entrenamiento apenas tuvieron éxito. Sin embargo, lo importante no es solo la cifra, sino la conducta observada. Los abejorros no actuaban por simple repetición, sino que parecían comprender la relación entre el objeto, la posición de la recompensa y la necesidad de modificar el entorno para alcanzarla.

En fases más complejas, incluso cuando la recompensa no era visible, los insectos seguían moviendo las bolas hasta colocarlas en la posición adecuada. Es decir, actuaban como si mantuvieran en mente un objetivo, algo que tradicionalmente se consideraba propio de cerebros mucho más grandes.

Una inteligencia más distribuida de lo que imaginamos

Estos hallazgos, apoyados por especialistas de la Queen Mary University of London, sugieren que la cognición no depende exclusivamente del tamaño del cerebro, sino de cómo se organiza la información y se resuelven problemas concretos. La idea de que solo los grandes mamíferos pueden planificar o usar herramientas se resquebraja cuando un insecto de pocos milímetros muestra conductas comparables en términos funcionales.

Desde esta perspectiva, la inteligencia aparece menos como una escala jerárquica y más como un conjunto de soluciones adaptativas. Los abejorros no “imitan” a los humanos ni compiten con ellos en complejidad mental, pero sí demuestran que la evolución puede llegar a resultados similares por caminos distintos. Incluso desde instituciones como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas se insiste en que estos comportamientos responden a una alta flexibilidad ecológica, fruto de su necesidad de orientarse en entornos cambiantes y extensos.

El debate que abre este estudio va más allá de la curiosidad científica. Si aceptamos que un insecto puede resolver problemas mediante estrategias que implican anticipación y uso de objetos, entonces el mapa de la inteligencia animal se expande como una red subterránea mucho más compleja de lo que se creía. La naturaleza, en este sentido, no parece escribir con una sola pluma, sino con múltiples herramientas adaptadas a cada escala de vida.

Quizá la lección más profunda sea que seguimos midiendo la inteligencia con criterios demasiado humanos. Y en ese espejo, los abejorros no solo sobrevuelan flores, sino también nuestras certezas más rígidas. @mundiario

por KaiK.ai