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Animales

Las olas de calor llevan a las aves al límite: la temperatura puede provocar mortandades masivas

Diego Tudares
13/05/2026 06:23:00

Durante décadas, las aves han sido consideradas uno de los grandes indicadores del estado ambiental del planeta. Sus migraciones, patrones de reproducción y cambios poblacionales suelen reflejar transformaciones profundas en los ecosistemas. Ahora, una nueva investigación liderada por científicos de la Universidad de Lund, en Suecia, pone el foco sobre una amenaza que crece silenciosamente: el impacto devastador de las olas de calor extremas sobre las aves.

El estudio, publicado en la revista científica Trends in Ecology & Evolution, sostiene que el calor extremo puede causar desde deterioros físicos prolongados hasta eventos de mortandad masiva en numerosas especies. Pero quizás el dato más preocupante es otro: los científicos reconocen que todavía se sabe muy poco sobre cómo reaccionan las aves a estas condiciones climáticas extremas, especialmente en Europa y en regiones templadas del hemisferio norte.

La investigación no sólo revisa los efectos fisiológicos del calor sobre las aves. También expone enormes vacíos de conocimiento científico y plantea nuevas herramientas para medir el riesgo climático que enfrentan distintas especies.

A diferencia de muchos mamíferos, las aves poseen pocas estrategias físicas para escapar de las temperaturas extremas. Su biología las hace particularmente dependientes de las condiciones ambientales.

La mayoría de las especies son diurnas, lo que significa que permanecen activas precisamente durante las horas más cálidas del día. Además, no pueden refugiarse bajo tierra ni utilizar madrigueras para evitar el calor, como hacen muchos mamíferos pequeños en ambientes áridos.

Eso limita enormemente su capacidad para regular la temperatura corporal cuando se producen olas de calor intensas y prolongadas. El investigador Andreas Nord, autor principal del estudio, explica que las aves están mal adaptadas para afrontar las nuevas condiciones climáticas que comienzan a aparecer con mayor frecuencia en distintas partes del mundo.

Cuando las temperaturas superan ciertos límites fisiológicos, las aves deben destinar gran parte de su energía simplemente a evitar el sobrecalentamiento. Esto altera procesos esenciales como la alimentación, la reproducción o el cuidado de las crías. En casos extremos, el organismo colapsa.

Qué ocurre en el cuerpo de un ave durante una ola de calor

Las aves mantienen una temperatura corporal elevada y relativamente estable. Para disipar calor utilizan mecanismos como el jadeo, el aumento de la evaporación respiratoria y ciertos cambios en la circulación sanguínea. Sin embargo, estos sistemas tienen límites.

Cuando el ambiente se vuelve demasiado cálido, especialmente durante varios días consecutivos, el ave comienza a perder grandes cantidades de agua para intentar enfriarse. Eso puede derivar rápidamente en deshidratación severa.

El problema se agrava en regiones donde el calor coincide con sequías prolongadas, algo cada vez más habitual bajo patrones climáticos extremos. Además, el esfuerzo fisiológico constante deteriora la condición física general del animal. Aunque muchas aves sobreviven inicialmente al episodio de calor, pueden quedar debilitadas durante semanas o meses.

La investigación señala que las olas de calor no siempre matan de forma inmediata. En muchos casos generan daños acumulativos que afectan la supervivencia posterior, la capacidad reproductiva y la resistencia frente a enfermedades.

El estudio recuerda que en distintos lugares del mundo ya se han registrado eventos de mortandad masiva de aves asociados directamente al calor extremo.

En algunas regiones áridas y tropicales, miles de ejemplares han muerto en pocos días durante olas de calor excepcionales. Las imágenes de aves cayendo del cielo o muriendo cerca de fuentes de agua comenzaron a multiplicarse en los últimos años, especialmente durante fenómenos climáticos intensificados.

Sin embargo, los investigadores consideran que muchos de estos episodios probablemente estén subestimados o insuficientemente documentados.

Parte del problema es que resulta difícil monitorear poblaciones enteras de aves durante eventos extremos, especialmente en zonas remotas. Además, no siempre es sencillo determinar si la causa exacta de la muerte fue el calor, la deshidratación, la falta de alimento o una combinación de factores.

Un nuevo modelo para medir el riesgo climático en aves

Más allá de describir el problema, la investigación propone nuevas herramientas teóricas para analizar y predecir el impacto del clima extremo sobre las aves. Los científicos desarrollaron un marco conceptual que permite identificar cuándo y por qué determinadas especies corren mayor riesgo de sufrir estrés térmico severo o morir por sobrecalentamiento.

Además, plantean el uso de “indicadores de sensibilidad”, una serie de parámetros fisiológicos y ecológicos que podrían ayudar a anticipar qué poblaciones son más vulnerables en distintos ambientes. La intención es mejorar la capacidad de monitoreo antes de que se produzcan colapsos poblacionales más graves.

Uno de los mensajes centrales del estudio es que las olas de calor no deben analizarse como fenómenos aislados.

En la naturaleza, el calor extremo suele coincidir con otros factores de estrés: sequías, escasez de agua, pérdida de hábitat, incendios forestales o disminución de insectos, que son la principal fuente de alimento para muchas aves.

La combinación de todos esos elementos multiplica el impacto fisiológico sobre las poblaciones.

En el sur del continente (como España, Francia e Italia), el calor extremo y la sequía provocan la muerte de polluelos de vencejos, aviones comunes, cernícalos primillas y gorriones, los cuales caen de sus nidos sobrecalentados en entornos urbanos o agrícolas ante la escasez de insectos. Simultáneamente, en el Reino Unido y el norte de Europa, las olas de calor marinas y los incendios forestales destruyen el hábitat de aves nidificantes de suelo como el charrán, mientras que la falta de alimento en el mar provoca varamientos masivos e inanición en aves marinas icónicas como frailecillos, araos y alcas

Por eso, los investigadores consideran que el verdadero riesgo no proviene únicamente del aumento gradual de las temperaturas promedio globales, sino de la creciente frecuencia de episodios extremos capaces de sobrepasar rápidamente los límites biológicos de muchas especies.

El estudio de la Universidad de Lund plantea así una advertencia importante para la ciencia ecológica: comprender cómo responden las aves al calor extremo se ha convertido en una prioridad urgente, especialmente en un mundo donde los eventos climáticos severos comienzan a redefinir el funcionamiento de numerosos ecosistemas.

por KaiK.ai