La izquierda de Colombia enfrenta una campaña presidencial cuesta arriba, por lo que ha comenzado a deslastrarse de sus máximas para llegar en una posición más competitiva de cara a la segunda vuelta. El senador de izquierda radical, Iván Cepeda, ha decidido marcar distancias de forma inequívoca con la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, una de las propuestas más controvertidas del mandato del presidente Gustavo Petro. La decisión del candidato supone el mayor giro de guion dentro del bloque progresista en esta campaña, en un intento por despejar uno de los principales obstáculos que dificultaban la construcción de alianzas con sectores moderados y centristas del electorado colombiano.
A menos de tres semanas de la votación definitiva, el candidato del Pacto Histórico ha optado por enviar una señal de tranquilidad institucional en un momento de máxima polarización política. Al reivindicar la Constitución de 1991 como “uno de los logros más valiosos” de la democracia en el país y descartar cualquier iniciativa orientada a sustituirla, Cepeda intenta proyectar una imagen de estabilidad, diálogo y moderación frente a las acusaciones de quienes identificaban su candidatura con la agenda más rupturista impulsada por Petro.
La propuesta de una Asamblea Constituyente ha acompañado buena parte del mandato de Petro. Presentada inicialmente como un mecanismo para profundizar reformas sociales y desbloquear transformaciones que encontraban resistencia en el Congreso, la iniciativa terminó convirtiéndose en una fuente constante de controversia.
Para amplios sectores políticos, empresariales y académicos, la posibilidad de reabrir el debate constitucional generaba una profunda incertidumbre institucional. La experiencia latinoamericana ha demostrado que los procesos constituyentes suelen convertirse en escenarios de confrontación política intensa y, en muchos casos, en mecanismos de concentración de poder. Por ello, la propuesta despertó resistencias incluso entre actores que compartían algunas de las reformas sociales defendidas por el Gobierno.
La decisión del comité promotor de desistir de la recolección de firmas para impulsar la Constituyente y el posterior pronunciamiento de Cepeda representan, por tanto, reconocimiento implícito de que la iniciativa se había convertido en un lastre electoral para la izquierda en un momento especialmente delicado. La primera vuelta presidencial dejó una realidad incontestable, que el candidato progresista no logró alcanzar el resultado que anticipaban muchos sondeos y terminó por detrás de Abelardo de la Espriella. Esa diferencia ha obligado a la campaña de Cepeda a replantear prioridades y a ampliar su capacidad de atracción más allá del núcleo duro del petrismo.
La búsqueda del centro como prioridad electoral
El mensaje pronunciado por Cepeda tras el abandono de la Constituyente estuvo cuidadosamente diseñado para tender puentes hacia sectores que hasta ahora observaban su candidatura con reservas. “Es el momento de la unión y la concertación. El momento del encuentro con el centro político, el liberalismo democrático y los sectores reformistas. En general, con todos aquellos y aquellas que defendemos la vida”, ha dicho el candidato al proponer un gran acuerdo nacional para atraer a los votantes de Claudia López, Sergio Fajardo y Juan Daniel Oviedo.
La maniobra responde a una lógica electoral evidente. El resultado de la primera ronda confirmó que el voto de centro puede convertirse en el factor decisivo del próximo 21 de junio. Los apoyos obtenidos por candidaturas moderadas, especialmente el millón de votos de Fajardo, representan una bolsa electoral cuyo comportamiento podría inclinar la balanza en cualquiera de las dos direcciones.
Hasta ahora, la cuestión constituyente funcionaba como una línea roja para muchos de esos votantes. Diversos dirigentes centristas habían expresado públicamente su rechazo a cualquier intento de modificar la arquitectura institucional establecida en 1991. Al eliminar ese elemento de la ecuación, Cepeda reduce uno de los principales puntos de fricción que dificultaban posibles acercamientos.
No significa necesariamente que esos apoyos vayan a trasladarse automáticamente hacia la candidatura progresista. Sin embargo, sí elimina un argumento que alimentaba la desconfianza de sectores moderados que valoran la estabilidad institucional como un elemento central de su decisión electoral.
La necesidad de diferenciarse sin romper con Petro
La operación política también revela la compleja relación entre continuidad y autonomía que enfrenta cualquier candidato oficialista. Cepeda necesita preservar el respaldo de la base electoral que llevó a Petro al poder, pero al mismo tiempo debe demostrar que posee una identidad política propia capaz de responder a los desafíos de una nueva etapa.
Durante la campaña, el senador había evitado confrontar directamente con el presidente sobre la Constituyente. Su discurso giraba en torno a la idea de un gran acuerdo nacional, aunque sin cerrar completamente la puerta a la propuesta impulsada desde algunos sectores del petrismo.
Ahora, la coyuntura electoral parece haber acelerado una definición más clara. La derrota en la primera vuelta y la necesidad de ampliar apoyos han convertido la moderación institucional en una herramienta política imprescindible. “Hoy debemos reconocer con serenidad, pero también con firmeza, que nuestra democracia, nuestras instituciones y nuestro Estado social de derecho enfrentan un grave peligro que no podemos ignorar”, advirtió Cepeda sobre el proyecto político que propone De la Espriella.
Sin embargo, en la noche de la primera vuelta el propio candidato apoyó abiertamente las sospechas de Petro, quien desconoció los resultados del preconteo por supuestas irregularidades. A lo largo de la semana, Cepeda ha matizado sus acusaciones y se limitó a decir que no tenía pruebas en su haber para cuestionar el proceso.
Para el senador del Polo Democrático Alternativo, la candidatura del abogado penalista “constituye una amenaza para los fundamentos democráticos de nuestra nación, es una propuesta autoritaria en lo político y regresiva en lo social y económico”. “Todos debemos ser conscientes del peligro que se cierne”, avisó a sus votantes potenciales. @mundiario