La idea de que los animales puedan recurrir a sustancias de su entorno para combatir enfermedades no es nueva. Lo novedoso es comprobar hasta qué punto ese comportamiento puede estar condicionado por el tipo de infección y, sobre todo, si detrás de una aparente preferencia alimentaria existe realmente una estrategia de defensa. Un nuevo estudio publicado en Royal Society Open Science aporta indicios interesantes en esa dirección al analizar el comportamiento de los abejorros de cola roja (Bombus terrestris) frente a diferentes patógenos.
La investigación, realizada por científicos de KU Leuven, en Bélgica, y de la Universidad de Valladolid, examinó si las colonias modificaban sus hábitos de alimentación después de entrar en contacto con determinados microorganismos. El resultado fue significativo: los abejorros expuestos a un hongo asociado a enfermedades de las crías incrementaron progresivamente su preferencia por un néctar enriquecido con quercetina, un compuesto natural presente en el néctar y el polen de numerosas plantas.
La conclusión, sin embargo, exige precisión. Los investigadores hablan de indicios de automedicación, no de una demostración definitiva.
Para llevar a cabo el estudio, el equipo científico trabajó con 18 colonias comerciales de abejorros (Bombus terrestris) instaladas en tiendas de vuelo, unas estructuras que permitieron controlar con precisión todas las condiciones del experimento. En cada uno de estos espacios se colocaron ocho flores robóticas (cuatro azules y cuatro amarillas) que ofrecían pequeñas dosis de néctar artificial compuesto por agua azucarada; sin embargo, mientras algunas flores contenían únicamente esta solución básica, otras incorporaban quercetina.
La quercetina es un flavonoide que aparece de forma natural en diferentes plantas y productos vegetales y que presenta propiedades antimicrobianas conocidas. La pregunta era si los abejorros expuestos a una enfermedad modificarían espontáneamente su comportamiento para consumir más cantidad de este compuesto.
Antes de comenzar la fase de observación, las colonias fueron divididas en tres grupos. Un grupo estuvo expuesto a Ascosphaera apis, un hongo que afecta fundamentalmente a las larvas de las abejas; otro entró en contacto con Serratia marcescens, una bacteria oportunista relacionada con infecciones intestinales en abejas adultas; y un tercer grupo sirvió como control.
Durante cinco días de alimentación libre, los sensores instalados en las flores registraron cada visita y el tiempo que los insectos permanecían consumiendo el néctar.
La clave está en el tipo de infección
El resultado más llamativo del estudio fue que no todos los abejorros reaccionaron de la misma manera. Con el paso de los días, las colonias expuestas a Ascosphaera apis mostraron una tendencia creciente a visitar las flores que contenían quercetina, permaneciendo además más tiempo alimentándose de ellas. En cambio, aquellas expuestas a Serratia marcescens no presentaron una modificación significativa en su preferencia por este tipo de néctar, un comportamiento plano que también se observó dentro del grupo de control.
Esta diferencia constituye uno de los aspectos científicamente más interesantes del trabajo. Si los abejorros simplemente buscaran indiscriminadamente sustancias con propiedades antimicrobianas después de cualquier exposición a un patógeno, cabría esperar una respuesta similar en los dos grupos infectados. No ocurrió así.
Los autores concluyen que la identidad del patógeno parece influir directamente en la plasticidad de su comportamiento de búsqueda de alimento. Dicho de otra manera, el abejorro no responde únicamente a la presencia genérica de una infección, sino que el tipo específico de amenaza es el que determina qué conducta alimentaria adopta la colonia.
Ante estos hallazgos, surge una interrogante inevitable: ¿realmente se están automedicando? El hecho de que un animal consuma voluntariamente una sustancia con propiedades potencialmente medicinales tras sufrir una infección no demuestra, por sí mismo, que exista una intención de curarse. Para poder hablar de automedicación en un sentido biológico más sólido, sería estrictamente necesario demostrar que la ingestión de quercetina produce un beneficio evolutivo o fisiológico concreto, tal como reducir la carga del patógeno, mejorar la tasa de supervivencia de las larvas, disminuir los síntomas asociados o aumentar la capacidad de recuperación global de la colonia.
Dado que el experimento no midió directamente estos efectos, los propios investigadores advierten de que sus resultados "no demuestran de forma definitiva la automedicación formal o social". Si bien el comportamiento observado es totalmente compatible con dicha hipótesis, todavía no la confirma de manera concluyente; esta prudente distinción evita convertir un resultado prometedor en una conclusión apresurada que los datos actuales aún no permiten sostener.
Una posible farmacia natural para los insectos
El interés del estudio aumenta cuando se coloca dentro de un fenómeno más amplio. La búsqueda de sustancias potencialmente beneficiosas no es exclusiva de los humanos.
Algunos chimpancés consumen determinadas plantas que contienen compuestos con propiedades farmacológicas. Algunas aves utilizan materiales vegetales o sustancias químicas en sus nidos que pueden dificultar la presencia de parásitos. Y en las abejas melíferas ya se había observado que determinadas infecciones pueden estar asociadas con un incremento en la recolección de resinas vegetales, que poseen propiedades defensivas frente a microorganismos.
Los abejorros podrían formar parte de ese mismo fenómeno, aunque todavía quedan muchas preguntas abiertas.
La cuestión central es determinar cómo se desencadena el comportamiento. No es necesario asumir que los insectos poseen una concepción consciente de la enfermedad equivalente a la humana. Una respuesta de automedicación puede surgir de mecanismos evolutivos y conductuales mucho más simples: cambios fisiológicos provocados por la infección, alteraciones en el gusto o el olfato, señales emitidas por otros individuos de la colonia o asociaciones aprendidas entre determinados alimentos y estados fisiológicos.
El hecho de que la respuesta aparezca ante un patógeno concreto resulta especialmente relevante para investigar esos mecanismos.
La investigación abre además una cuestión relacionada con la ecología de estos insectos. Si determinados compuestos presentes en las plantas pueden ofrecer beneficios frente a enfermedades, la disponibilidad de esas sustancias en el entorno podría tener consecuencias sobre la salud de las colonias.
Pero todavía sería prematuro extrapolar el resultado del laboratorio directamente a las poblaciones silvestres. En la naturaleza, los abejorros encuentran cientos de especies vegetales, concentraciones variables de compuestos químicos y múltiples patógenos simultáneamente. Además, el comportamiento de una colonia comercial mantenida en condiciones experimentales no necesariamente reproduce todas las decisiones de alimentación de una colonia salvaje. @mundiario