Para 2039, la previsión es que el 33,5 % de los hogares de la Comunitat Valenciana sean unipersonales y, según los datos de la Encuesta Continua de Hogares del INE de 2020, en 2020, 542.300 personas vivían solas y 202.100 eran hogares monoparentales. En muchos casos, vivir en soledad no tiene nada que ver con una elección propia, como les sucede a muchos mayores que, por circunstancias de la vida, deben desarrollar su vida en soledad. Sin embargo, cada vez hay más gente que decide emprender su proyecto vital en solitario o, después de experiencias personales de diversa índole, decide seguir su recorrido sin necesidad de convivir con nadie. Las tipologías de estos solitarios son cada vez más amplias y variadas. Más allá de madres y padres independientes, encontramos solteros por elección, singles que priorizan su autonomía, parejas que deciden vivir separadas, los solo vivers que prefieren no compartir casa con nadie o los llamados ermitaños urbanos, aquellos que se pueden definir como urbanitas que buscan refugio, silencio, autosuficiencia doméstica, menos exposición social y más vida interior.
Estos son solo algunos ejemplos de una tendencia cada vez más extendida y de la que se encuentra cada vez más casos en las ciudades. Uno de ellos es el castellonense Sergio Sánchez. Como comenta, “supongo que una de las principales diferencias es que hay personas que necesitan más afecto o más cariño en la convivencia diaria y se les hace más difícil vivir solo, pero ese no es mi caso”. Entre lo que más destaca de su convivencia consigo mismo está que “puedes hacer lo que quieres, no tienes que tomar las decisiones con nadie. Si ahora quiero irme a dar una vuelta, salgo sin problema y no tengo que dar explicaciones a nadie”. También las labores domésticas se ven de otra manera. “Por ejemplo, si no quieres fregar los platos después de cenar, puedes esperar al día siguiente. Cuando estás cansado, puede dejar cosas para otro momento y sabes que nadie se molestará, ni tendrás problemas de convivencia”, destaca Sergio.
Por su parte, reconoce que “cuando convives con alguien puedes compartir gastos y, dependiendo de los sueldos, llegas más desahogado a final de mes”. También señala que “comprar para una persona sola es bastante complicado. Debes tenerlo bien organizado. Tienes que ir a tiendas de barrio, porque los supermercados no están preparados para las compras de una sola persona. Si no controlas lo que te llevas, tiras mucha comida a la basura”.
En el aspecto de no tener que dar explicaciones coincide el psicólogo Carlos Hidalgo. “Cada vez es más habitual encontrar un estilo de vida unipersonal. Son personas que quieren fluir más, independientes y que no quieren tener hijos. Buscan la comodidad, no tener responsabilidades y no dar explicaciones a nadie”. Hidalgo apunta que “en ocasiones, esta situación llega después de un divorcio o una ruptura sentimental, pero también puede ser una búsqueda propia, sin necesidad de que existan factores externos”.
Sin embargo, Carlos Hidalgo avisa de que hay que tener precaución para evitar que esta soledad no afecte a la salud mental. “Hay que procurar que la vida en soledad esté acompañada por un buen estado emocional. No hay que perder los vínculos con familiares y amigos, contar con esa red social y emocional porque, en caso contrario, puede ser una experiencia muy dura”, afirma el psicólogo. Por eso, concluye que “vivir sin compañía es una decisión completamente válida, pero hay que estar conectados con otros y no tener miedo a la soledad para que sea positiva en el aspecto mental”.