Es ya conocido que en las últimas décadas ha aumentado la frecuencia y la intensidad de fenómenos como las olas de calor, las sequías o las inundaciones. Estos sucesos afectan a todas las infraestructuras sin discriminación: viviendas, transporte, telecomunicaciones… incluso a las dedicadas al agua.
En lo que se refiere a las infraestructuras del ciclo integral del agua, no solo el abastecimiento de agua potable sufre las consecuencias. También las instalaciones de aguas residuales urbanas padecen los cambios en los patrones de precipitaciones y de la mayor frecuencia de episodios de lluvias intensas. En el transporte de agua de lluvia, las redes de saneamiento unitarias desempeñan un papel importante, pues a través de sistemas de tuberías recogen y transportan de forma conjunta las aguas residuales domésticas, industriales y pluviales (de lluvia) hacia las estaciones depuradoras.
La escorrentía de la lluvia recogida y transportada por estas redes ingresa cada vez más rápidamente y en mayores volúmenes a las infraestructuras de saneamiento, que, en ocasiones, no pueden tratar esos crecientes caudales, lo que supone aliviar estas aguas sin completar su tratamiento. Estos alivios pueden tener un impacto medioambiental importante y suponen una proporción significativa de la carga contaminante (como el nitrógeno o el fósforo) vertida al medio. Además, la tipología de contaminantes puede variar con las lluvias intensas debido al arrastre de contaminantes urbanos (aceites, metales pesados, basura, otros contaminantes generados por el tráfico, etc.).
El municipio de Moaña, en el sur de Pontevedra, es una de esas zonas con fuertes precipitaciones. Aunque las proyecciones del cambio climático indican que las precipitaciones anuales en la zona de Moaña pueden reducirse en las próximas décadas, los eventos de precipitaciones intensas se incrementarán en otoño-invierno. En los días de temporal, la ingente cantidad de agua que llega obliga a aliviarla sin posibilidad de depurarla correctamente. “Los episodios de lluvia se están concentrando en menos tiempo con grandes temporales en Galicia. Esto hace que en muchos casos la mayor parte del agua que circula por la red de saneamiento no sea residual, con meses en los que hasta el 76% del agua tratada en la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) proviene de la lluvia”, subraya Nicolás Morales, jefe de proyectos del departamento de I+D de Aqualia. Para afrontar estos retos, se puso en marcha hace unos años el proyecto de innovación Life Reseau con el objetivo de aumentar la capacidad del tratamiento de las instalaciones existentes.
Reactores AquaGranular en la EDAR de Moaña / Aqualia
Sensores e inteligencia para anticiparse a los vertidos
Como primer paso, el proyecto ha implementado inteligencia en la red de saneamiento, con la instalación de 29 sensores (medidores de nivel, caudalímetros de alta precisión y sondas de calidad de agua) que analizan las aguas residuales que circulan por la red. Gracias a ellos es posible saber en qué puntos se producen las mayores infiltraciones de agua de lluvia, y conocer cuándo los bombeos trabajan con aguas residuales de las viviendas o con el aporte adicional de aguas limpias debido a la filtración de lluvias, evitando así los alivios más contaminantes. Además, también miden la calidad de las aguas, de forma que, si en algún momento es necesario aliviar agua a la ría, se puede tener la certeza de que se evacuan aguas limpias, minimizando así los agentes contaminantes vertidos al medio.
Gracias a la recogida exhaustiva y continua de datos en la red de saneamiento, incluyendo pozos de registro, bombeos, arquetas, y considerando también consignas de operación, se elabora un modelo hidráulico de todo el sistema de saneamiento de Moaña que replica su comportamiento tanto en tiempo seco como durante temporada de precipitaciones. Tener digitalizada toda la red de saneamiento y dotarla de inteligencia posibilita “saber en todo momento el comportamiento, qué cantidad de agua circula, en qué momento se generan desbordamientos o alivios al superar la capacidad de transporte de la red, detectar comportamientos anómalos como descargas, episodios de contaminación por vertidos e incluso, plantear acciones que posibiliten la mejora de la gestión de la red”, aclara Camila Forero, investigadora del departamento de Innovación y Tecnología de Aqualia.
El Concello de Moaña demuestra su firme compromiso con la sostenibilidad y el respeto por el entorno natural al impulsar este proyecto pionero. La iniciativa Life Reseau se alinea con el interés del municipio por la protección de su valioso paisaje costero y el desarrollo de buenas prácticas en la gestión de sus recursos hídricos.
Biomasa granular: más tratamiento en menos espacio
Además de los medidores y analizadores instalados en los últimos años se acometió una mejora en la depuradora de O Latón para aumentar su capacidad de tratamiento. El objetivo fue convertir una parte de los reactores biológicos convencionales en un sistema avanzado de biomasa granular (AquaGranular), con capacidad para tratar hasta 2000 m3/d de agua residual. Un reactor biológico es el corazón del tratamiento en una depuradora, donde microorganismos consumen y degradan la materia orgánica y nutrientes del agua residual, transformándolos en compuestos más simples, lodos y gases, limpiando así el agua.
El nuevo sistema de biomasa granular buscaba que, en el mismo espacio, sin necesidad de obras, se pudiera aumentar hasta un 400 % el agua tratada. “Con un tercio de reactor se trata la misma cantidad de agua que con todo el espacio disponible con el sistema convencional”, puntualizan desde Aqualia. El resultado permite reducir el número de alivios en los momentos de lluvias intensas, ya que además de incrementar la capacidad de tratamiento de la EDAR, parte de la infraestructura que queda liberada podría ser utilizada como tanque de tormenta (infraestructura que almacena temporalmente el agua de lluvia, especialmente durante episodios de fuertes precipitaciones).
El sistema de biomasa granular se basa en la formación natural de gránulos aerobios, conjuntos de microorganismos que presentan una capacidad de sedimentación bastante más alta que los sistemas de lodos activos, que es el tratamiento convencional de las depuradoras. Además del aprovechamiento espacial, esta tecnología ofrece más ventajas, como permitir que se produzcan varios procesos biológicos de forma simultánea (eliminación de materia orgánica, nitrificación, desnitrificación y asimilación de fósforo), algo que en los sistemas convencionales se realiza en distintas zonas o a distintos tiempos. El ahorro energético es mayor, al tratar más caudal de agua en menos tiempo y, además, la buena capacidad de sedimentación de los gránulos evita el uso de sedimentadores, ahorrando otro paso del proceso de depuración y los consiguientes bombeos internos.
Biomasa granular formada en la EDAR de Moaña / Aqualia
Una solución europea para un reto global
Se estima que una planta basada en biomasa granular requiere un 75 % menos de superficie y tiene un 30 % menos de requerimientos de energía frente a un proceso convencional, alcanzando una calidad de vertido igual o superior. Por ello, esta tecnología es atractiva para la construcción de depuradoras que deban ajustarse a un espacio más pequeño o a un menor coste de obra civil. También lo es para plantas ya en funcionamiento que requieran aumentar su capacidad de tratamiento, ya sea por mayores volúmenes de agua recibidos o por requerimientos más estrictos de eliminación de materia orgánica o nutrientes, como ha ocurrido con el caso de la nueva Directiva europea sobre el tratamiento de las aguas residuales urbanas (TARU), que entró en vigor el pasado enero de 2025.
La tecnología granular ha sido de interés para el departamento de Innovación y Tecnología de Aqualia desde sus inicios. Su desarrollo a escala piloto se inició en 2010 en la EDAR de Lagares (Vigo) y se aplica a escala real en la EDAR de Guillarei (Tui, Pontevedra) desde 2015. El sistema AquaGranular se testó a escala piloto en Mos (Pontevedra) en 2017; y más adelante, en las EDAR de Ranilla (Sevilla), Cobeja (Toledo), Valdebebas (Madrid), y El Bobar (Almería). Dentro del marco del proyecto Life Reseau, se han diseñado, construido y arrancado dos reactores AquaGranular en la EDAR O Latón. Desde entonces, se han observado rápidas mejoras en las propiedades del lodo.
Esta tecnología avanzada permite cumplir el objetivo del proyecto Life Reseau: mejorar la resiliencia del sistema de saneamiento frente al cambio climático. La inversión en el proyecto asciende a 2,9 millones de euros, con una financiación del 55% por parte de la Unión Europea. Además de en Moaña, se implanta conjuntamente con Odense, la tercera ciudad más grande de Dinamarca. Los intercambios de información con la operadora danesa buscan, entre otras cosas, conocer cómo gestionan en el país nórdico la entrada de pluviales en la red general. El proyecto se inició en septiembre de 2021 y se extenderá hasta noviembre de 2026, pero las mejoras serán permanentes en Moaña, ya que los reactores seguirán operando y permitiendo incrementar la capacidad de tratamiento de la EDAR.