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Educación

Tu hijo no es perezoso, la UV demuestra que la jornada escolar no se ajusta a su "reloj biológico"

17/11/2025 12:00:00

Los horarios escolares actuales no están sincronizados con el reloj biológico de los niños y niñas, y esto afecta a la salud de la infancia. Es una de las conclusiones del protocolo Kairos, un estudio publicado por varios investigadores de la UV y presentado en Finlandia, cuyo objetivo es comprender cómo la jornada escolar actual afecta a la salud, el bienestar y el rendimiento académico de niños y adolestentes.

El estudio explica que cada persona tiene un ritmo interno (conocido como cronotipo) diferente. Este cronotipo, especialmente en la adolescencia, tiende a ser más tardío, lo que significa que los jóvenes tienden a acostarse y levantarse más tarde. Aún así hay jóvenes con un cronotipo más temprano o más tardío.

Sin embargo, las jornada escolar actual va a contrapié de esto y concentra sus horas durante la mañana, donde precisamente los adolescentes no pueden mantener tanta concentración, haciendo que las primeras horas de clase a las 8AM sean muy poco productivas.

Esto provoca lo que los investigadores califican como 'jet-lag social' : cuando un estudiante con un cronotipo tardío se ve forzado a levantarse temprano para ir a la escuela, se produce un desajuste constante entre su hora social y su hora biológica. Las consecuencias de esto, sobre todo a largo plazo, son "peores calificaciones, menor atención, mayor absentismo, y un mayor riesgo de problemas de salud como la obesidad y hábitos alimenticios inadecuados (como saltarse el desayuno)".

Salida de clases de los barracones del Ceip Orba de Alfafar.

Salida de clases de los barracones del Ceip Orba de Alfafar. / G.Sánchez

En resumen, el protocolo Kairos es un esfuerzo riguroso para generar la evidencia necesaria y así guiar a los responsables de las políticas educativas a crear horarios escolares que promuevan un mejor descanso, una mejor salud y un aprendizaje más efectivo para los estudiantes.

Identificar el desajuste

Los objetivos principales de este protocolo son, precisamente, medir ese desajuste biológico-social en el estudiantado y caracterizar qué cronotipo tiene cada estudiante para saber el jet-lag que experimentan.

Una vez hecho esto, los investigadores plantean cuantificar los efectos en la salud, es decir, medir cómo afecta el desajuste a los patrones de sueño (la calidad y la duración), su dieta o la actividad física y el tiempo al aire libre que pasan.

Por otro lado, se prevén medir qué efectos en el aprendizaje tienen los actuales horarios escolares para medir su impacto en el estado cognitivo (capacidad de atención y de estar alerta) y también en habilidades específicas como el cálculo o la memoria.

Una vez recogidos todos estos datos, los investigadores podrían usarlos para proponer horarios escolares centrados en el bienestar del estudiante y que sean más respetuosos con las necesidades biológicas de los niños y los jóvenes.

Medicina, psicología, pedagogía y sociología

Uno de los puntos fuertes del estudio y que le ha llevado a ganar relevancia es que implica a profesionales de muchas disciplinas como la medicina, la psicología, la pedagogía o la sociología y la combinación de todos estos métodos para obtener resultados lo más completos posibles.

La metodología que proponen recoge todo tipo de pruebas, desde el análisis de saliva para medir hormonas como el cortisol y la melatonina que sirve para determinar el cronotipo, hasta un monitoreo continuo con un dispositivo de muñeca que pueda medir el patrón de actividad, sueño y exposición a la luz solar.

Además de esto, se plantean pruebas subjetivas como cuestionarios y diarios que los estudiantes deberían realizar respondiendo sobre sus horarios de sueño, tiempo de uso de pantallas y para qué, y niveles de bienestar emocional. Incluso pruebas para medir la memoria o las capacidades de cálculo y cómo pueden verse afectadas por esos horarios.

El debate sobre la jornada continua

Este proyecto puede tener el potencial de influir en el debate más instaurado en estos momentos en la educación: la jornada continua en las escuelas. El investigador principal del proyecto, Daniel Gabaldón Estevan, ha subrayado en distintas intervenciones que la jornada continua es uno de los modelos menos beneficiosos para el bienestar del estudiantado.

Pese a esto, el modelo se extiende imparable en la Comunitat Valenciana. Desde que se permitió el cambio en el año 2016 el crecimiento ha sido exponencial, y más de la mitad de los centros del territorio ya la tienen. El porcentaje es muchísimo más alto en la pública que en la concertada, y de hecho hay estudios que sugieren que esto puede estar provocando un trasvase de alumnado de la primera a la segunda.

Sea como sea, el estudio proporciona una intervención científica a un debate abierto desde hace casi 10 años, y la conclusión potencial (al menos la que Gabaldón defiende en muchos artículos) es que los horarios de Educación Secundaria y Bachillerato deberían empezar más tarde, posiblemente cercanos a las 10 AM.

El estudio Kairos despolitizaría en parte el debate, proporcionando una base empírica para afirmar que cualquier jornada escolar que comience demasiado temprano, ya sea continua o partida, es biológicamente inadecuada para el desarrollo saludable y el rendimiento óptimo de los estudiantes.

por El Periódico