Mozambique se encuentra ante una encrucijada. Por un lado, en su costa norte, proyectos de gas marítimo por valor de miles de millones de dólares tienen el potencial de generar importantes ingresos frescos. Por otro, el país tiene un enorme potencial solar y eólico sin explotar.
Pero la presión mundial para abandonar el desarrollo de nuevos combustibles fósiles pone a muchos países, como Mozambique, ante un dilema: ¿deben los más pobres quemar combustibles fósiles para prosperar o tendrían que dar el salto directamente a las energías limpias?
¿Más ganancias con los combustibles fósiles?
Durante décadas, las naciones industrializadas construyeron su riqueza quemando carbón, petróleo y gas, lo que generó una parte desproporcionadamente grande de las emisiones globales. Históricamente, Estados Unidos, la Unión Europea y China han sido los mayores contaminadores del mundo, según el Presupuesto Global de Carbono.
Muchos líderes energéticos de África y Asia argumentan que es injusto negar a las actuales economías en desarrollo la misma vía de crecimiento. Pero con las emisiones de gases de efecto invernadero en niveles récord y el calentamiento global acelerándose, los científicos climáticos advierten que ya no es posible que todos sigan ese camino.
Hay pocos estudios sobre qué camino sería más rentable para países que se encuentran ante una encrucijada, como Mozambique, Senegal o Mauritania.
Es incierto si el gas de Mozambique seguirá siendo tan competitivo en los mercados mundiales cuando se haya desarrollado dentro de unos años. Después de todo, las principales economías tienen como objetivo reducir drásticamente sus emisiones para 2050, y los analistas afirman que la demanda de gas, carbón y petróleo podría alcanzar su punto máximo en esta década.
"Se está invirtiendo mucho dinero (en esa energía) sin una ventaja competitiva en un mercado que está en declive", observa Philipp Trotter, profesor de gestión de la sostenibilidad en la Universidad de Wuppertal, Alemania. Y agrega que la apuesta "podría funcionar, pero también podría suponer un riesgo extremo".
Kenia: potencia en energías renovables
Sobre el papel, la economía de las energías renovables ha cambiado de forma decisiva. Según la Agencia Internacional de Energías Renovables, más del 90 por ciento de los nuevos proyectos de energía limpia en todo el mundo producen electricidad a un costo menor que las nuevas centrales de combustibles fósiles.
Pero los bajos costos operativos no lo dicen todo. La construcción de sistemas de energía verde sigue requiriendo una fuerte inversión inicial, ya sea en parques eólicos, parques solares, redes eléctricas, almacenamiento o capacidad de respaldo. Estos costos suelen ser más difíciles de asumir para los países en desarrollo.
En Kenia, esta apuesta ha dado frutos. El país genera casi el 90 por ciento de su electricidad a partir de energías renovables. Pero el Gobierno keniano también comenzó a invertir en este tipo de energía en la década de 1990 y principios de la de 2000.
Además, determinados aspectos de este modelo podrían ser difíciles de replicar para países como Mozambique o Senegal, que están altamente endeudados y tienen calificaciones crediticias más bajas que Kenia.
Diferentes enfoques para diferentes países
No existe una solución única para todos los países en lo que respecta a la transición energética. Investigadores han descubierto que el camino que puede seguir un país depende de varios factores: cómo se integran actualmente los combustibles fósiles en su economía, si se utilizan principalmente en el país o se exportan, y cuán diversificada está ya el resto de la economía.
De ahí que no tenga mucho sentido comparar un país como Etiopía, que se ha electrificado en gran medida gracias a la energía hidroeléctrica barata que le proporcionan sus recursos fluviales, con la India, que depende del carbón para la mayor parte de su electricidad y da empleo a millones de personas en toda la cadena de suministro.
Más dinero de los países más ricos
Los países más ricos podrían ayudar a los emergentes a acelerar la transición hacia las energías renovables. Y es que uno de los mayores obstáculos es el elevado costo inicial.
"Los países desarrollados y los grandes emisores deben seguir pisando el acelerador, ya que su implementación de nuevas tecnologías es lo que reduce los costos de la curva de aprendizaje para los países más pobres", señala Rahul Tongia, miembro sénior del CSEP, un centro de estudios sobre políticas públicas con sede en Nueva Delhi. "Que sean ellos quienes paguen la prima por las nuevas tecnologías", agrega.
Asimismo, los países más pobres y los expertos en clima también llevan mucho tiempo defendiendo que se necesita mucha más financiación pública para el clima, a fin de desbloquear la inversión privada. Sin garantías y sin reparto de riesgos, muchos proyectos de energía limpia siguen siendo demasiado arriesgados para los bancos.
(vt/ms)