Hace seis años, una empresa farmacéutica alemana casi desconocida desarrolló la primera vacuna de ARNm contra el COVID-19 aprobada y cambió el curso de una pandemia mundial.
BioNTech, que había dedicado más de una década a desarrollar ARNm para el cáncer con escaso interés comercial, se asoció con Pfizer para lanzar su vacuna contra el coronavirus, Comirnaty, en un tiempo récord, lo que catapultó a la empresa y a sus fundadores a la fama.
Hoy, sin embargo, la empresa biotecnológica con sede en Maguncia se enfrenta a un duro ajuste de cuentas. El martes (5.05.2026) anunció que cerraría sus plantas de producción en Alemania y Singapur, recortando gastos tras registrar unas pérdidas netas trimestrales de 532 millones de euros (627 millones de dólares), y preparándose para la salida de sus visionarios fundadores, Ugur Sahin y Özlem Türeci. En total, se prevé que estén en peligro unos 1.860 puestos de trabajo.
La empresa que en su día distribuyó miles de millones de dosis de vacunas, a la que se le atribuye haber evitado millones de muertes por la enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2 y haber permitido la reapertura de economías confinadas, corre ahora el riesgo de ser recordada como una compañía que solo logró un único éxito pasajero.
¿Por qué está en apuros BioNTech?
Los analistas financieros afirman que los problemas de BioNTech se deben al previsible fin de una bonanza temporal relacionada con el COVID-19, que le ha reportado decenas de miles de millones de euros en ingresos desde finales de 2020.
Esto, junto con el alto riesgo que entraña la investigación y el desarrollo en el sector biotecnológico y los actuales problemas económicos de Alemania los elevados costes laborales y energéticos, —además de la burocracia—, ha puesto de manifiesto lo arriesgado que es depender de un único producto estrella.
La demanda de la vacuna contra el COVID-19 de BioNTech se esfumó más rápido de lo esperado, y los ingresos del primer trimestre de 2026 cayeron a 118 millones de euros, un 35 % menos que en el mismo trimestre del año pasado.
Los analistas afirman que la empresa creó demasiada capacidad de producción durante el auge y ahora se enfrenta a plantas inactivas. Como resultado, BioNTech afirma que trasladará toda la fabricación de la vacuna contra el COVID a Pfizer.
Persiste el resentimiento tras adquisición de CureVac
La empresa también fue objeto de polémica por la adquisición, por 1.250 millones de dólares, de su rival CureVac en diciembre de 2025.
CureVac había desarrollado su propia vacuna candidata contra el COVID-19, que demostró tener una eficacia baja y fue descartada. Sin embargo, eso no le impidió demandar a BioNTech y Pfizer en 2022, alegando que la vacuna Comirnaty infringía varias de sus patentes de ARNm.
Al adquirir a su rival —y sus patentes—, BioNTech logró poner fin a todos los litigios y evitar una posible indemnización por daños y perjuicios de miles de millones de euros.
Pero, para colmo de males, cuando BioNTech anunció esta semana una reestructuración y una serie de cierres, la antigua planta de CureVac en Tubinga, cerca de Stuttgart, fue una de las que se vieron afectadas.
¿Puede BioNTech prosperar sin sus fundadores?
Sahin y Türeci, que en marzo anunciaron su salida para finales de este año con el fin de lanzar una nueva y ambiciosa empresa biotecnológica, no solo eran los fundadores de BioNTech, sino también la fuerza motriz del éxito de la empresa.
Como muestra de su papel fundamental, las acciones de BioNTech se desplomaron alrededor de un 18 % tras el anuncio, y Leerink Partners, un banco de inversión con sede en Boston especializado en el sector sanitario, se preguntó si la empresa podrá mantener su ventaja innovadora sin ellos.
BioNTech está centrando ahora sus esfuerzos en tratamientos con ARNm en fase avanzada para el cáncer, incluidas nuevas terapias que se están desarrollando junto con Bristol Myers Squibb para el cáncer de mama, de pulmón y otros tipos de cáncer. En su último informe trimestral, la empresa ha indicado que prevé tener en marcha 15 ensayos clínicos de fase III decisivos contra el cáncer para finales de año.
El director ejecutivo saliente, Sahin, afirmó o que BioNTech "seguirá centrándose en acelerar nuestros programas estratégicos clave, ya que nos mantenemos firmes en nuestra visión de traducir nuestra ciencia en supervivencia para los pacientes que viven con cáncer".
Al ceder la producción de la vacuna contra el COVID-19 a Pfizer y cerrar algunas plantas, BioNTech pretende ahorrar alrededor de 500 millones de euros al año para 2029. Además la empresa afirma que mantendrá una pequeña participación en la nueva startup que están lanzando sus fundadores, la cual trabajará en tecnología de ARNm de última generación.
(mn/cp)